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viernes, 24 de junio de 2022

La mala leche

Kooch lloró 

amargamente su soledad, 

sus lágrimas crearon 

a Arrok, el primer mar, 

sus suspiros, 

a Xoshem, el viento.


Mitología Selknam, 

Tierra del Fuego


(Con mil demonios, otra vez rechazaron el plan de conquista. Ya va el cuarto. Pero… ¿qué carajo quieren estos tipos? Se está por acabar el tiempo estipulado por el presupuesto. Si tenemos que abortar la campaña tardaremos varias generaciones hasta tener la chance de volver a este planeta. Con lo difícil que nos fue encontrar uno tan prolífico en recursos.) 

…un paraíso único en este vasto rincón del universo. El tiempo apremia como todes sabemos, pero todavía debe vaciarse siete veces y volverse a llenar siete veces esta luna pálida y seca antes de que pasemos el punto de retorno. Debemos encontrar una forma de colonizar este planeta y asegurarle un flujo continuo de recursos a nuestra especie dentro de esta generación. Una fuente de riquezas que dure milenios, inagotable, inextinguible. 

(Debo cumplir la misión.)

Por eso convocamos de nuevo a los equipos técnicos. Aprovechamos que están llegando los nuevos informes de les antropólogues de avanzada. Fueron al extenso continente que cruza todo el planeta por su mitad más panzona. Un material fundamental para completar nuestros conocimientos sobre el total de la vida emergida. Fundamental para comenzar a definir el diseño de conquista y colonización.

(Que los burócratas de la Madre Patria se cuezan un poco más en sus laberintos. Encontraremos la bendita forma de lograr el objetivo usando los pocos recursos a disposición. Lo más urticante del asunto es que éstos mierdas son los responsables del desastre, en primer lugar.  ¿No se acuerdan acaso que calcularon varias veces por debajo la cantidad de población inteligente? Sus malditos presupuestos súper exactos nos pusieron en este brete. Con la tripulación y la tecnología asignada a estas tres miserables naves tempo-espaciales no nos alcanza para exterminar a toda la especie pensante en el tiempo suficiente para empezar la extracción de recursos, ni para poner a trabajar de inmediato bajo nuestro control al menos alguno de los cuadrantes más ricos. Un desastre. Un verdadero desastre.)

(No importa. Razonemos. Cada propuesta rechazada por los sabios cagatintas nos enseñó qué caminos son improbables.)

A ver, hagamos un repaso de nuestras conversaciones con el Alto Mando Estratégico en la Madre Patria. 

Rechazaron el genocidio total porque nos llevaría demasiado tiempo, ya que ésta especie ya está diseminada por todo el planeta. Alcanzar a cada une con nuestros recursos actuales tardaría demasiado. Aunque no lo descartaremos de plano. Llegados al punto de no retorno podríamos desatar un virus que limpie toda vida emergida y proceder a extraer la energía bruta del núcleo. Nos duraría menos de lo que necesitamos, pero peor es nada.

Los expertos en equilibrios de sistemas plantearon provocar una crisis ambiental, algo como aumentar la temperatura planetaria diez grados en veinte años, o en menos. Provocaríamos inundaciones y exterminio de más de la mitad de la diversidad biológica, lo que nos dejaría sin sujetos para esclavizar, además de una chance de perder valiosos recursos, incluso el planeta entero o dejarlo inútil, yermo. Y no contamos con veinte años. Carajo, no contamos ni con siete meses.

Veamos. 

Los intentos de colonizar porciones de territorio se enfrentaron con una feroz resistencia de seres mucho menos civilizados. Porque aunque inferiores, estos parásitos son muy difíciles de esclavizar. No podemos perseguirlos una vez que escapan y si les matamos a uno de los suyos, se enfurecen y comienzan a llegar en oleadas. Una especie muy orgullosa y hostil, sobre todo las que paren y las hechiceras mitad y mitad, esas meten miedo a simple vista.

Ergo, comprobamos que la energía requerida para mantenerles en un grado de control máximo y reprimir sus constantes rebeldías no justificaría los pocos recursos a extraer en ese lapso.

(De nada sirve haber concentrado la sabiduría tecnológica de tantos mundos durante estos últimos tres millones de años, hemos traído muy poco para tamaño desafío. Para colmo, la mayoría de la tripulación consiste en especialistas en extracción y transporte, y los malditos antropólogos. Insoportables. El personal especializado en genocidios y dominación física de trabajadores ha sido el mínimo indispensable. Estos burócratas de culo chato pecaron de pedantes y amarretearon. Porque en el fondo, ese es el meollo de la cosa: el emperador vuelve a encubrir la escasez de recursos del Estado desfinanciando las campañas de exploración; insisten a los técnicos para que escojan los reportes parciales que mejor encajen en presupuestos muy bajos. Y así nos va. Un círculo entrópico de nunca acabar. Las campañas fracasan o consiguen magros resultados y el corazón del Imperio se seca. 

Y empiezan los paros cardíacos. Nadie quiere vaticinar el fin de una civilización de tres millones de eras en su mandato.

Por lo demás, el resto de civilizaciones dentro de la Alianza, aunque inferiores, nos devoraría rápido, concentrando para ellos todos nuestros logros.) 

Algún plan perfecto debemos encontrar. Encarar la realidad, de eso se trata todo. Esa es la Gran Enseñanza. 

Por eso esta reunión es clave. Hemos convocado a todos los responsables de los equipos. 

(No me acostumbro todavía a estas nuevas tecnologías remotas. Resulta que atienden tantas campañas de colonización que han enviado estos viejos trastos con miles de extremidades multivalentes con sus conciencias incorporadas. Pero no pasan de ser transmisores, su propia inteligencia es solamente binaria, no son capaces de asumir contradicciones móviles. Soy el único ser capaz de establecer relaciones contradictorias y hacer síntesis complejas. Eso explica por qué el mío es el único sueldo que pagan, en realidad.) 

Pasemos entonces al último informe de les antropólogues. 

(El robot que traduce al responsable de les antropólogues no ha puesto más que obstáculos. Están fascinados en la Madre Patria con la posibilidad de tener a la vista las fases más tempranas en la evolución de una especie que ni siquiera es parecida a nosotres. Museólogos, meros clasificadores. Aunque han encontrado la clave que explica la resistencia de esta especie parlante.)

Ha resultado que les hemos cogido en un momento en el que las que son capaces de parir gobiernan cada familia del planeta. Como todavía dependen de su sexualidad para reproducirse, parece que la gran adaptación ha sido el desarrollo del clítoris -comparto infografía- haciendo que las que pueden parir sean la única especie viva de este planeta que goza cuando fornica. Así que gozan seguido, en lugar de sufrir el llamado de la calentura una o dos veces por ciclo solar, como sus parientes de especies que gestan los huevos en sus propios cuerpos, aumentando de esa forma sus posibilidades de fecundación. 

(Pero eso lo descubrieron les biólogues. Les antropólogues descubrieron que las uterinas son las únicas de la especie que pueden controlar su descendencia, pues son las únicas que saben cuáles son sus crías. Esto las ha ido empujando a asumir el rol gobernante en las decisiones, dirigiendo comunidades que comparten todo.

¿Cuál fue la frase que usaron? Ah, sí, claro, comparten hasta los abrigos. Así el motor de la existencia no pasa por apropiarse de cada vez más cosas, no tienen hambre de conquista. No tienen noción de la riqueza, de la propiedad privada. El suelo que pisan y pueblan no vale nada para elles, no se lo disputan. Simplemente pueblan los territorios hasta que el equilibrio entre las familias y los recursos naturales llega a un extremo y antes de quebrarlo se largan a caminar o navegar para otros ecosistemas.) 

Los expertos de probabilidades han determinado un modelo en el que les llevaríamos a una crisis por los recursos y obligarles a cambiar sus patrones de poblamiento y distribución de recursos, haciendo nacer en algún momento la necesidad de otras formas de gobierno y quizás la ansiedad de la acumulación y el poder, la dinámica de la conquista y colonización. Pero, otra vez, no estaremos aquí para verlo. 

Este gobierno planetario de madres es el que nos ha hecho imposible reducirlos a una esclavitud permanente y fructífera. Debe haber una forma de generar una división entre ellas que nos ayude a su destrucción.

Sí, bien, escuchamos a los especialistas en genética.

(...ya han completado el estudio del genoma de esta especie. No tienen grandes variaciones de fuerza o capacidad intelectual que podamos explotar para distanciarles. Tampoco fueron eficaces los intentos de inducirlos. Los grupos de talla alta han fracasado en abarcar grandes distancias, los veloces fracasaron ante las astucias y armas de los lentos y así con todo. La especie superior que quisimos implementar sacó la conclusión de que amaba a su propia estirpe y eligió exiliarse a vivir de su propia iniciativa.

(Si hasta hemos tenido que refugiarnos en tres picos solitarios de las principales cordilleras para evitar las rebeliones. Pasa el tiempo y me consume la presión de la responsabilidad. El futuro de nuestra civilización depende sólo de la decisión que tome aquí y ahora. Tengo esta sensación permanente de tener ante mis sentidos cada pequeña parte de la solución final pero no logro sintetizarla.)

(Más informes antropológicos, diantres en vinagre. Están exultantes porque han descifrado algunos de los idiomas más extendidos. Blabla, blablá… esto parece interesante. Están diciendo que sería la única especie que imagina en todo el planeta. Han comenzado a condensar en algunas regiones millones de años de paciente observación. Parece que basan todo su desarrollo tecnológico en la imitación. Primero, de los otros seres vivos que sobreviven mejor que elles. Desde lo más rudimentario, quitarles sus pieles para protegerse del clima hasta lo más sutil, imitan los movimientos de los depredadores para luchar, imitan los movimientos de las aves para decidir emboscadas. 

Ajá, esto puede ser muy útil: han descubierto los movimientos cíclicos más evidentes de planetas y estrellas, algunes construyen precarios relojes con piedras enormes y pequeñas para detectar los cambios en las estaciones y decidir sus movimientos. Pero sus hechiceras y poetas han imaginado que planetas y estrellas son en verdad las imágenes que proyectan sus cerebros cuando consumen alucinógenos.

Parece que han desarrollado delirantes teorías sobre planetas y estrellas, a las que asignan intenciones y sentimientos como los de elles. Esto puede ser un signo de debilidad, una ingenuidad fatal, si tan sólo supiera en qué plan perfecto incluirlo…)

(Es increíble que esta especie tan inferior se haya convertido en tamaño bloqueo para nuestro desarrollo. ¿Nos iremos de aquí sin nada? Nunca sabrán que han vencido a la especie dominante de varios cuadrantes del universo. ¿Es posible esta burla del destino, esta ironía de la providencia? Tres millones de años de civilización, el progreso detenido por un enjambre de parásitos montados en un planeta que es de una riqueza única.)

Excelente informe, como costumbre, muchas gracias. Si me permiten, creo que al fin he dado con la solución. Ni ironía, ni providencia ni nada, aquí triunfa la razón de nuevo.

¿Estáis todes? Creo que mi plan les parecerá perfecto para nuestros intereses y necesidades. La clave nos la han dado les antropólogues recién, es menester quebrar este sistema de desarrollo horizontal e igualitario de las madres y favorecer el desarrollo de un grupo pequeño y controlable de sujetos que nos garanticen una colonización eterna sin mayor participación o exposición de nuestra parte.

¿Recordáis los informes de los genetistas? De acuerdo, pues. Me he detenido en las comparaciones de les biólogues entre las distintas formas de vida con millones de células, órganos internos y demases, correcto. Hemos encontrado que en algunos casos los sujetos aportantes de semilla se tornan muy violentos, llegando a destrozar sin piedad a otros miembros de su comunidad he incluso devorarse sus propias crías. He pedido que aíslen los componentes genéticos y biológicos que podrían explicar estos estallidos. Les antropólogues han sugerido que precisamente para controlar esos estallidos es que hace unos tres millones de años de este mundo, aproximadamente para cuando nuestra especie lograba la planificación de su reproducción liberándose de la sexualidad, esas madres han organizado este sistema tan eficaz de desarrollo sin destrucción del ambiente ni competencia interna. 

Hemos aislado el que puede ser el componente clave. En realidad se trata de una sustancia que tienen todos sus cuerpos y determina la vida de distintos órganos, sus huesos, el pelo, las tonalidades de las voces. Se trata de un esteroide cristalino que combina diecinueve partes de Carbono, veintiocho de Hidrógeno y dos de Oxígeno.

Los genetistas me han convencido que cuando se encuentra en una proporción muy por encima de los parámetros habituales es capaz de inundarles el sistema nervioso de la obsesión por comer, por fornicar y por combatir contra otros sujetos por el control de algo tan absurdo como un palo. A diferencia de las que pueden parir, estos sujetos no tienen ninguna función en sus sociedades más que aportar la carga genética necesaria para la fecundación y luego toman posiciones de asistencia o bien se destacan en alguna actividad. Son el eslabón más débil del entramado político de estas comunidades.

¿Qué tal si les inyectamos una concentración tal de esta sustancia que les permita desarrollar su ansiedad de competencia y conquista de forma permanente? Por cierto que en algunas regiones donde el gobierno uterino de las madres es muy sólido serán vencidos una y otra vez. Pero si potenciamos esta sustancia en todas las regiones al mismo tiempo, seguramente en algunas regiones las condiciones de recursos y población les otorgarán victorias pequeñas pero decisivas. Esto les hará envalentonarse para ir hacia la conquista de otros sitios en el intento de construir enormes imperios. Claro que deberemos instruirles cada tanto para que no cometan errores mortales que lleven el diseño general al fracaso.

Estos seres aportan su semilla para la reproducción por medio de una protuberancia en su órgano excretador de toxinas líquidas. Esa protuberancia y la exterioridad de sus órganos productores de material genético parcial para la reproducción son sus únicas diferencias corporales a la vista con las que son capaces de parir. Además de la ausencia de mamas lactosas. 

Ideal para convertirlos en un símbolo sencillo que pueda servirles como bandera. Primero les aconsejaremos la similitud de esta protuberancia con algunos de los fenómenos físicos que admiran más, las explosiones volcánicas, las descargas eléctricas, las lluvias y tormentas del cielo. Identificaremos la capacidad destructiva y a la vez creadora de estas fuerzas -las llamaremos fálicas- con un destino manifiesto que les induzca a convencerse de su poder mágico. 

Diremos que nosotres mismes, no, mejor, asumiremos la forma superficial de estos individuos, exacerbados de musculatura y bello facial, y les diremos que los planetas son como ellos, a su imagen y semejanza creados. Ah, también con algunos árboles especialmente grandes, como esas pindoví hovy; podrían confeccionar imitaciones, cetros, varas mágicas, bastones de mando y poder. (Sí, sí, los equipos de manipulación sicológica han coincidido que se trata de una imagen sencilla y contundente fácil de asimilar para los sujetos que proponemos apadrinar. Esto va a caminar.)

Dejaremos volar su copiosa imaginación pero siempre alrededor de los mismos problemas y angustias sobre el origen de la vida. Llenaremos de brumas sus mentes para que no puedan ver el doblez de la trama. Deberán contarse creíbles epopeyas de sudorosos y musculosos invencibles seres barbados sometiendo sexualmente y mágicamente a las antiguas divinidades femeninas o mitad y mitad. Que no sobrevivan más que como meras ilusiones de un pasado indemostrable o una utopía que sólo sirva para seguirse moviendo en la noria de nuestro beneficio.

Crearemos narraciones que serán creíbles durante un tiempo considerable, por ejemplo induciendo castigos negativos y terroríficos contra el conocimiento científico, pero usando parábolas sencillas. Inventaremos toda una serie diversa de falsas teorías sobre la creación del universo que hará tortuoso el camino de quien intente comprender la verdad.

Deberemos crear, (eso sí, idea de les antropólogues) un grupo profesional que viva exclusivamente de narrar la Historia Oficial, eliminando todo este período o reduciéndolo a una etapa primitiva de la especie.

Iremos promoviendo cultos que compitan con el poder simbólico del gobierno de las madres, promoveremos así verdaderas guerras por todo el planeta que las destronen. Deberemos inventar algún mecanismo ingenioso para que estos tipos puedan controlar su propia descendencia, arrancándoles las crías al gobierno de sus madres y nodrizas, hiriéndolas de muerte. Debemos enseñarles métodos eficaces de control de la sexualidad y el placer. Quizás debamos sugerirles que el placer de ellas es nefasto para la especie mientras que el placer de ellos es necesario y justo.

Debemos inutilizar su imaginación al punto de la paranoia eterna.

(...esto marcha muy bien, la tormenta de ideas a puesto a todos los responsables de equipos en la misma sinergia, esto va a funcionar...)

Sí, de acuerdo, es menester que pongamos fin a toda la variedad de personalidades sexuales que proliferan en la especie. Limitaremos la sexualidad a la reproducción hasta que consideremos posible la planificación no sexual de la reproducción de sus esclavos.  Esos sujetes que disfrutan de distintos roles sexuales y les que poseen una estructuración neuronal distinta deben ser anulades socialmente, aislades y exiliades en todas las formas posibles. Van a ser las únicas mentes y corporalidades dispuestas para entrever esta trama que planeamos. Cada vez que por sus orientaciones fuera del binarismo sexual lleguen a descubrirnos, es menester que sean considerades alienades, extravagantes, delirantes sin credibilidad, monstruos ajenos y enemigos de la especie, desviades, degenerades.

Hemos discutido ese asunto con los equipos especializados en producción química y suministros. Creen que son capaces de producir bastante de esta sustancia, (¿cómo la llamaremos?) en el poco tiempo que nos queda y dejarla almacenada en pequeñas dosis a lo largo y ancho del planeta. Escogeremos organismos existentes capaces de inyectar líquidos en cuerpos ajenos. Tarántulas, serpientes, una cierta variedad de avispas que llaman kaviju, escorpiones negros (o dorados), murciélagos y alguna variedad específica de mosquitos. Codificaremos su genética para que inoculen dosis de esta sustancia con sistematicidad y generaremos narrativas mitológicas para que no les exterminen nunca, quizás un terror inexplicable sería útil, una fobia.

Eso también lo estudiamos, responsable. Hemos concluido que en el diseño general  es preferible nuestra más absoluta invisibilidad. Sólo dialogaremos directamente con estos especímenes una vez que hayan alcanzado un poder estable y permanente, que puedan asegurarse en varias generaciones. Allí estableceremos los pactos necesarios, la cantidad de recursos que deben entregar y los periodos. Deberemos enseñarles tecnologías para memorizar cantidades y tiempos, desde las más elementales hasta las más sutiles, a medida que vayan requiriéndolo, y también construir todo tipo de mecanismos arquitectónicos que les dejen al menos el recuerdo de nuestra existencia y superioridad. Los ingenieros han aprovechado a sugerir construcciones monumentales que podamos ver desde nuestras más sofisticadas tecnologías de visualización remota.

Luego nuestres ingenieres cibertrónicos han considerado que incluso las versiones ya desechadas por obsoletas de nuestras tecnologías de generación holográfica pueden servir para influenciar las frecuencias oníricas de los especímenes que designemos, de manera tal que podamos corregir y guiar sus voluntades de manera remota, como estamos desarrollando esta charla. De ser necesario para convencerles, podemos generar alucinaciones fuera de sus sueños y pesadillas, que impresionen a varias generaciones.

Deberán sentir, si somos eficaces, que estamos en todos lados pero invisibles y que conocemos todos los detalles del Gran Diseño.

He sido muy específico en este detalle: debemos inyectar el mismo plan en las distintas regiones del planeta y establecer acuerdos tributarios de forma separada y secreta, de manera de generar una reversión completa de la realidad actual y promover la mayor escalada de competencia posible. Los modelos de cálculos probabilísticos sugieren que incluso en la remota chance que una expansión de la especie y un desarrollo evolutivo en su conciencia llegase al punto tal de poder sintetizar todas las trayectorias de los grupos enriquecidos en toda su historia, incluso en descubriendo las coincidencias de mandatos en las distintas imaginaciones mágicas, etcétera, llegaría en un momento demasiado tardío para revertir la explotación de recursos ideal para nuestros intereses. 

Llegados a ese punto catastrófico podremos decidir si pasar al genocidio directo y explotar la energía de núcleo o simplemente abandonar el planeta a su autodestrucción.

(Pero ese dilema lo dejaremos a las generaciones futuras. O a sus contadores.)

Gracias a todes. Creo que al fin lo hemos resuelto. Y justo a tiempo. Enhorabuena.

Entiendo, entiendo, claro, procederemos a las evaluaciones de detalles y probabilidades, pero verán que en líneas generales el Gran Diseño es fuerte. 

Faltaba más, sólo cumplo con la misión encomendada. 

Espero pronto la asignación de nuevos destinos. 

(Ya comenzaba a aburrirme en este maldito planeta) 


domingo, 19 de junio de 2022

La mala sangre (tragedia escocesa-rioplatense)



Eduardo Mac Eachen, se llama. No. No te estoy bolaceando, ni un poquito. Así como oís: la “c” suena fuerte, como una “ka” bien cerrada y contundente. Y, después de un cortísimo silencio, “ícjen”, como si una jota se te quedara atragantada en la garganta y la querés sacar con la lengua toda encorvada sobre el paladar blando. El de arriba es el paladar blando.

Claro que es escocés, boluda, no iba a ser tano. Más te digo, es gaélico. Me contó que su apellido viene de la antigua lengua ancestral derivada del sánscrito, tal como se habló durante milenios en las montañas y fiordos de Asturias, Galiza, la verde Erin y las Highlands del Oeste. Viene de maceachainn, que suena a hebreo bíblico, o arameo ponele y significa “dueño de caballos” o, con más empatía, adiestrador, encantador de caballos.

Eso hizo. Me encantó. Me hechizó de toque.

Uff, re sí, una imagen poderosa. El pelo rapadito a los costados pero con algún rulo rebelde en la parte que deja crecer, de un colorado con tonalidades trigueñas, tirando a rubio como si el rubio fuese un reflejo, a glimpse my dear; y unos ojazos celestes verdosos que si los mirás fijo te tajean el aliento. 

Enamorador de yeguas alzadas, lo resignifiqué para mí misma. Y el porte… amiga tenés que ver esos hombros redondos y robustos, el porte bien plantado… no es alto.  Alto…  alto. Lo justo para una presencia segura, anclada. Un pony, un caballito harmoso pa mi galope.

Para nada. Esta vez mi afamada mirada de rayos equis no pudo atravesar el mameluco rojo por todas partes tiznado y manchado de cal y pintura. Yo le flasheo unos músculos de hierro pero de esos fabricados cargando bolsas de cemento y sacudiendo paredes con hachazos de maza. Las manos hoscas y ásperas, como buen albañil, pero de dedos cortos y delicados, todavía no hinchados. 

Sí, sí, espero que mi suerte gitana para las pijas enormes no me haya fallado tampoco con este. Que use el overol tan flojito en el tiro es una buena señal.

Pero no. No, boluda, no. No seas gila, todos estos días le hizo honor al apellido, un verdadero caballero, no le anoté una sola palabra con doble sentido ni picante. Para nada se le nota ningún tipo de machismo, ni el rancio de “otra época” ni el disfrazado de aliade. Y entre eso, que no existe en su oficio y esos ojos y ese pelo, me derritió desde que le abrí la puerta por primera vez.

Tenés razón. Sí, sí, ya sé que me voy a la mierda, ya sé que me estoy inventando otra vez una fantasía histérica imposible de concretar. Como una porno berreta de los ochenta o una mala telenovela de Migré. La Dama y el Albañil, ponele. Pero por eso te llamo a vo' y no a mi terapeuta, amicha. No necesito rescatarme de mi enfermedad congénita con la sabiduría froidiana, no, no. Necesito contarte este metejón con el albañil escocés que me viene quemando la imaginación desde el viernes pasado.

Dale. 

Viste que se me pudrieron los cimientos de las piezas. Primero porque la micro torre que metieron con el boom inmobiliario del ´17 nos movió todas las cañerías del edificio y el bidet metió un goteo de tortura china hasta que le aflojó a la vecina del segundo y tuvimos que romper; después con la saturación de presión de agua, porque el barrio colapsó de megatorres hasta que los caños de plomo del piso del baño dijeron “chau, al carajo, nos vimos, perdiste”. Con la cuarentena del ojete los forros del consorcio no mandaron a nadie y… bueno, bueno, eso, la cantinela de siempre. Cuestión que ahora que el Covid no le importa a nadie aunque tengamos trescientas muertes, por día me mandaron a este churrazo increíble.

Y es re buen charlador. Me le puse al lado a cebarle mates mientras picaba las paredes y rasqueteaba las buburjas de humedad. Obvio, cada uno con su mate. Y me empezó a contar del apellido, que viene de un tátara tío abuelo que llegó a ser candidato a presidente de Uruguay en la época de Battlle. Sí, del primero, del más famoso. Eduardo Mac Eachen (makíchn se pronuncia, sí, como un estornudo dijo fuerte, makíchn!), un economista liberal que llegó a ser presidente del Banco Central de ellos, onda Carlos Pellegrini de acá, pero que venía de hacer la guita con las tierras y vacas propias que su viejo había acumulado en Paysandú. 

¿Viste qué loco? 

Si hasta me mostró en el google maps la calle que le hicieron en Montevideo, en el corazón de Pocitos, que es como Olivos o Vicente López de acá: bien cajetilla.

Eso mismo le pregunté yo, flashera del orto: ¿cómo mierda termina laburando de albañil para consorcios de medio pelo porteño el tátara sobrino nieto de un millonario uruguayo-escocés? Y ahí apoyó ese culo de campeonato en el borde redondo del tacho con la mezcla, metió mirada nostálgica al vacío, y empezó a largarme una historia re trágica.  

Primera parada acá: el estereotipo del gaucho gringo. Capítulo uno de la novela porno mainstream. El tipo hablándome en pose Larralde en su Huanguelen natal en el corazón sagrado del Puelmapu -ahora llamada Provincia de La Pampa- un gringo colorado hermoso haciendo poesía filosófica existencialista. ¿Vos sabías que hubo un gaucho irlandés entre rubio y colorado, un Brad Pitt que fue el gaucho más guapo y temido por criollos, españoles, guaraníes, guaykurues, qom, pilagá y abipones del Paraná, justo para la Revolución de Mayo de 1810? Campbell.  “Pedro” Campbell. Uno de los clanes de las Highlands del este, cerca de Argyll, la pensínsula rodeada de fiordos ocupada por el pequeño clan Mac Eachan original, ponele del siglo 14 o 15, subordinados en vasallaje o reciprocidad de jefes de clanes, de los MacDonalds, los reyes de las Islas.

Cuestión que el chabón flashea que la familia tiene escrito un destino terrible en la sangre. 

Posta, no te la agrando ni un poquito. Arrancó así, explicándome que es RH-Negativo, del tipo de sangre residual que se especula viene de les descendientes de les neanderthales de Europa, les homínidos que perdieron hace 50 mil años, cuando se expandieron les sapiens-sapiens por todo el planeta. ¿Esa no la tenías? Pero si yo te la conté mil veces, boluda, yo también tengo ese tipo de sangre. 

Somos el cinco por ciento de la población mundial. 

A mí ya no me asombra, siempre me pasa que me encuentro con gente de mi tipo y factor, no sé, como un imán. Cuestión que mi encantador de historias, mi Sherezado del conurbano me explica que en su árbol familiar las grandes fortunas se perdieron siempre por decisiones terribles de mujeres mal enamoradas. Ovejas negras o heroínas épicas, según el lado de la familia que opine.

Su vieja, de donde saca el apellido y la estirpe escocesa, eligió mandar la fortuna familiar a la mierda para fugarse con un atorrante que garchaba como los dioses pero que no aportaba ni una mierda de dote y después de que la abandonara en la clínica en medio de las labores de parto, terminó encallando en una villa miseria de Ituzáingo. 

Lo dije muy bien, no me corrijas al pedo. Con el acento al final se llama la ciudad del norte correntino, porque es en guaraní, con el acento en la “a” es como le decimos en el conurba a esa ciudad de ligustrinas y nísperos que forma parte de otras tantas cuentas en el rosario impío del Sarmiento. 

Cómo no me voy a poner en pueta si estoy que me babea el punto G, hermana. También, de donde es el puto anarquista inmortal de Ioshua y la trapera más lúcida y ácida, la Sasha Satya. 

Es un amoroso. Tiene treinta y un añitos y me cuenta que desde los quince que se metió de aprendiz en las cuadrillas de paraguayos que armaban los bolivianos del barrio para matarse laburando en Puerto Madero o Palermo para ayudar a su hermanita, que no puede salir de la casa.

Pero sí, un dulce de caramelo, sacado de un tanguito meloso de Gardel, qué no. 

No sé, muy bien, viste… no me quiso contar el detalle. Y está bien que sea rescatado con la intimidad de la hermana. Parece que sufrió algo muy traumático a los diecisiete. A mí me late que debe ser una de esas enfermedades de mierda que te dejan postrada o algo así. ¿Por qué? No hay por qué, son mis conclusiones. Él literalmente dijo “encerrada como su ancestra Fionna MacDonnald en la Torre de Londres”. No te jodo, habla así. ¡Es lo que te vengo diciendo! Por qué creés que te tenía que llamar.

Resulta que la tradición del clan familiar repite los mismos nombres de pila para cada hijo e hija según el orden. Todos los primogénitos se llaman Eduardo desde el siglo dieciocho por lo menos y todas las hijas mayores se llaman Flora, que es la romanización del gaélico Fionna. Claro, de ahí lo toman los guionistas de Shrek. No es un bolazo, fijate que en la tres y la cuatro Fionna salva las cagadas del forro del marido mandándose como princesa guerrera y además es colorada como la ancestra de mi albañil. 

En la historia escocesa es un clásico, porque Sir Walter Scott la convirtió en la gran heroína del nacionalismo romántico de fines del siglo diecinueve. Fionna MacDonnald pertenecía a un clan de las islas de las tierras altas escocesas que no había colaborado con la insurrección del Príncipe Estuardo, el último jacobita escocés católico que disputó el trono de Inglaterra en 1745.

Esa misma, la que evoca Luca en Cruachan. Sí, en After chabón. Del 87 si mal no estoy. 87 u 88. Cómo no me voy a acordar, si tenía once añitos…

Cuestión que la Fionna esta se juega la ropa contra viento y marea, literalmente, porque al Bonnie Prince Charlie lo habían hecho verga en la Batalla de Collullan y se tuvo que rajar con lo puesto. Parece que se enamoraron, o eso chamuyan los escritores de leyendas, y la mina se la jugó para sacarlo de Escocia saltando de isla en isla hasta que otro pariente del albañil, un Edward Mac Eachen, como él, lo llevó hasta Francia, donde al sorete del príncipe lo mantuvieron como figura decorativa en la corte pero al ancestro de mi albañil lo largaron a laburar y murió en la pobreza y el destierro.

¿Vos sabías que masón significa albañil, arquitecto, creador en francés?

¡Ese es el flash del chabón, amiga! Que la tragedia por amor es el sino de su estirpe. Que su vieja y él y cualquier Mac Eachen que se plante por amor va a perder cualquier fortuna material cercana. Porque no es que pierden una oportunidad, el destino les despoja de todo lo que ya tienen o que van a heredar, ¿entendés?

Así me dejó el viernes, el primer día. Mojada como una almeja en la creciente.

Perate que no termina, no. Vino todavía tres mañanas más. Y cada una me subió la fantasía cada vez más. De una, de una, para el estallido. No, ahora no me corrás, ¿viste que era para contarte? ¿Viste?

Sí, el sábado. El sábado le conté que enseño historia en secus y se puso a guitarrear con su conocimiento del drama gaélico. No creo que milite orgánicamente, pero tiene el discurso del nacionalismo escocés de los 70 bien grabadito. Los ingleses son la peor peste de la humanidad, viste. No debe saber que es un pensamiento original de Carlitos y Federico, pero tiró eso de que las comunidades agrícolas pastoriles de Irlanda y las Tierras Altas Escocesas fueron la primer parada en la construcción del Imperio Inglés que conquistó el mundo durante los 200 años siguientes. Me relató en tono épico estilo Dickens las clearences, el proceso de expulsión masiva de población campesina pobre de cultura gaélica y católica de las Highlands, un verdadero genocidio que empezó al otro día de la represión sangrienta de la batalla famosa del 1745. Fijate el nombre que le pusieron, las “limpiezas”. Su familia fue expulsada del departamento de Argyll, al sudoeste de las Tierras Altas, la parte más celta de Escocia con las islas del Atlántico.  Ah, sí, ¿ya te conté? Perdonáme, mi cerebro. Rizomático y envejecido de dolor.

Bueno. Mirá cómo sigue la historieta. 

El primer Mac Eachen que pisó por acá vino en 1825. Con su esposa, Fionna MacNeill y dos o tres hijos en el famoso barco mercante Symmetry, con otres doscientos escoceses que vinieron al primer intento de fundar una colonia escocesa de los hermanos Robertson, unos comerciantes que andaban dando vueltas  por las Provincias Unidas desde las Invasiones Inglesas de 1806. 

La anécdota es famosa porque intentaron colonizar los terrenos de Monte Grande donde está la sede de la Universidad de Lomas y ahí por Ezpeleta hay muchas calles y cosas con el nombre de los tipos o “Nueva Caledonia” y ese tipo de cosas.

Que es lo único que quedó de los primeros escoceses, porque cuando se pudrió todo en el ´28 contra Lavalle, el rosismo se llevó puestas las tierras de los escoceses. Algunos, como el Edward éste, se refugiaron del otro lado del charco y prosperaron. 

Y ahí vuelve con el tema de la tragedia. El chabón me manda, mientras le disfruto las espaldas y los brazos colgado de la brocha con la que me impermeabiliza el techo del baño, que también estaba echo mierda de hongos y filtraciones… sí amiga, pasa que los tanques de agua los tengo encima de mi techo y son de la era del primer peronismo… jajaja, sí, Eras Utópicas extinguidas ya,… en qué estaba, ah, sí, que eso, mirá lo que tira, que de todas las tragedias familiares de la vieja Escocia celta, la de las familias que expulsaron al Río de la Plata es la más trágica, porque las que cayeron en Canadá o Nueva Zelandia encontraron la forma de rearmar sus tradiciones campesinas comunitarias y rescatar la cultura no sólo en lo simbólico y formal, el tartán, las gaitas, la lengua, sino en lo más profundo y esencial, la comunidad igualitaria. 

Pero acá, en el Río de la Plata, les fue para el orto. Y terminaron asimilándose a la colectividad inglesa, el comercio, las tierras, la banca y perdiendo todas las tradiciones ancestrales.

De una. Imaginate. No daba más. Me lo quería comer todo y ponerlo en un florero en la mesita de luz para toda la vida.

No sé, te digo que yo no agarré ninguna seña de que el chabón entendiera lo que me estaba pasando. Será que le gusta charlar, que está igual de sólo que yo, no sé. Siempre fui buena escuchadora, pero más cuando estoy tan caliente. No, no por manipuladora, boluda, porque posta que me metejoneo, me enamoro así de una yo. Ya sé que así me mando cagadas, a mí me lo vas a contar.

El domingo me la pasé flashando. Investigando toda la data que me tiró y toda la que pude encontrar sobre Escocia y Argentina. Escuchando Lorenna MacKennit de nuevo como en los noventa, mal, boluda, nivel repasando escenas de Corazón ValienteRob Roy o… claaa, el potrazo derechoso de Seann Connery que me calentaba la bragueta incluso antes que me diera cuenta todo lo que me gustaba la pija… sí, ¿te acordás? William Wilberforce en Amazing Grace...

Sí. Eso es. En un momento después del segundo día de laburo, me pasé todo el fin de semana de bajón. Yo no puedo permitirme estas aventuras delirantes. No más. No puedo ser la solterona clasemediera de Caba-shit’o que se garcha al sodero. Basta de mí misma un poquito, che. Así que lo agarré del cogote al amigo José Cuervo y me puse a revisar mis libros.

Resulta que la del Río de la Plata no se aleja tanto de la verdad. Los clanes de las Tierras Altas estaban tan anglicanizados para el siglo 18 como los descendientes de los scots de las Tierras Bajas, donde avanzaron el feudalismo y el capitalismo desterrando a la comunidad igualitaria celta al fondo de la prehistoria escocesa. Yo tenía ya re superada esa etapa de mi vida. Mi viejo era un fachista modelo nacionalista galego, una contradicción aberrante entre el antiguo romanticismo celta del entresiglos del 900, progresivo y radicalizado, republicano y anticlerical mezclado sin asco ni vergüenza con la basura mussoliniana revoltijada con Pío Baroja y el monarquismo castellano. Una escabechina desagradable. Olvidate.

Más, me dije. Esa idealización tan misógina de la heroína que se enamora del Príncipe desterrado. Pero los clanes luchaban junto a los aristócratas, por tierras y siervos, o por esclavos incluso, malditos escoceses, arruinaron Escocia. Un Príncipe reaccionario, que quería volver a imponer el catolicismo feudal, que terminó matando de hambre a sus últimos campesinos “libres” y los eyectó a América del Norte como una mala peste, fundando la clase de rednecks asesinos de afrodescendientes y llenando de ratas pestilentes los uniformes de las policías bravas de la costa este, cuando no de mafiosos contrabandistas, adictos a las esclavas sexuales, el opio y la merca en cantidades equivalentes. Escoria de la sociedad aunque hayan tenido unos pocos héroes y heroínas igual de valientes, luchaderes clasistas militando revoluciones en el protestantismo, el anarquismo, el socialismo y el trotskysmo, de uno y otro lado del Atlántico. 

Pero para toda la familia celta, en el viejo continente o la diáspora, ya sea en el Río de la Plata o la Gran Manzana, en Avellaneda o en el sur de Boston, en Chicago como en Nueva Pompeya o Villa Soldati, en política sufre de mal de amores también. Su tragedia es que esos pocos seres utópicos son la excepción, nunca la norma. El cinco por ciento, como su sangre maldita. Destinada a dejar de existir de la faz de la Tierra, como las culturas desaparecidas por los españoles y los romanos, sus ancestros directos, sus maestros.

Yo ya estaba en la resaca, claro. Reprochándome la mala conducta, la mala leche. Pero claro, no dejaba de darme vueltas el paralelismo entre su vida, su forma de revisarla, y la mía propia. Los desgarros y abusos de la infancia en una familia de mierda, llena de muertos oprimiendo el cerebro de los vivos, en una pobla pequeña, como gringa injertada de fuera, sapo de otro pozo, margen. Todo muy espejado. 

Yo alimentando la narrativa del amor escrito en el Libro del Destino. Ora vez. Como una pelotuda, otra vez.

No, vos estás mal, me dije al espejo. Los soretes de los hermanos Robertson, financiaron las aventuras benthamianas de Bernardino Rivadavia y la camarilla pestilente de herederos del anglófilo Carlos María de Alvear. Vos fijate, Carlos María, masculino y femenino. Contradicciones de la matrix, amiga. Estos tipos fueron los autores materiales de la sangría del préstamo fundador de nuestra deuda externa, ¿entendés? El de la Bahring Brothers que denunciaban Scalabrini Ortíz antes de ser peronista y Osvaldo Bayer, devenido anarquista contra el peronismo de sus amigos estalinistas. Los rajaron del país por malditos unitarios y agentes del imperialismo inglés. Rentados del Foreing Office, carajo. Mis sentimientos no pueden irse tan a la derecha con tal de coger, no señora.

El otro lunes llovió sudestada y no nos vimos. El frío demasiado frío para el primer otoño porteño y esa lluvia furiosa que castigaba el cemento y el macadam como vengándose, me hicieron retorcer en la melanco. Yo no me puedo permitir la melanco, vos sabés. Claro, como el Alcohólico Anónimo el vasito de tinto en la cena. Ni muerta. En guaraní dicen nahániri, “ni nunca”.

El jueves, cuando al fin vino, con la sudestada todavía en el aire y la humedad en los boquetes de mis paredes, resquebrajadas, abiertas y huecas, casi no cruzamos palabra. No sé si el chabón intuía algo de lo que me pasaba. Estaba retraído, hosco. Esas cosas que a mí me dan reflujo gástrico de la masculinidad, viste. Y ahí entré a recordarme el mantra transfemininja: con chongos no. Mucho menos así de metejoneada y de identificada místicamente. Basta de romanticismo machirulo patriarcal, nena. No es por acá que sembraron camino las Comandantas Mariposas Lohanna Berkins y Diana Sacayán. No era por acá que iban las palabras molotov de la Gran Reina Sylvia Rivera ni de Masha P. Thompson en Stonewall.

Así que yo estaba toda tensa y alerta, vagando como una gata en celo pero lastimada de la última vez, amor felino, amor gitano. Yendo y viniendo por el tresambientes como marcando territorio, como la brea de la marea de Serrat. 

El flash del tercer capítulo, el nudo. Como en los cuentos de Borges, un duelo de cuchillos. Pero en vez del filo del acero, cursi y ramplón, las miradas buscándose como en una zamba danzada norteña. Yo flashando Le Pera en eso de volvió una noche, no la esperaba, había en su rostro tanta ansiedad… sí, así de yo misma estaba.

Creo que lo eché de mi vida, amiga.

No estoy exagerando, no. Dejame que te termine de contar y vas a ver.

Sí, te espero que hagas pis. Aprovecho para terminar de hacer el mate.

¿Ya está? Bueno. Paréntesis aparte. Borges amaba a Stevenson, escocés anglicanizado de Edimburgh. El de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, sí, el de La Isla del Tesoro, ese. Una especie de eslabón perdido entre Dickens, Edgar Allan Poe y Jack London. Bueno, Borges lo flashaba de adolescente, leyendo en el idioma de su abuelo, o de su abuela, no me acuerdo. Y la nostalgia de viejo que recuerda ciego ya el placer de la lectura juvenil, verdaderamente hedónica, inocente, naif que tanto amaba. Con el cinismo de la vejez y la borra amarga de la nostalgia, el sorete de Borges te explica en alguno de sus ensayos que el chiste de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde se le escapa a quienes lo leyeron conociendo la historia de antemano, debido a la popularidad que tuvo el autor durante cien años.

Según el viejo Borges, el jóven Borges se masturbaba literariamente hablando cuando descubrió al final del libro que el civilizado doctor victoriano y casi tory era al mismo tiempo, como en la Santísima Trinidad, el oscuro y abominable demonio del inframundo católico, heredero de un barbarismo que el novísimo y pujante Reino Unido de la Gran Bretaña debía sepultar. Como diría después Oscar Wilde, el realismo fantástico venía a mostrarle su verdadero rostro al imperialismo capitalista con capital en London.

Cierro paréntesis. ¿Ya estás cómoda?

Pues eso, el viernes ya no vino a laburar. Dejó un hueco en la base de una de las vigas de la casa y el baño sin terminar. Una imagen perfecta de cómo me sentía. Pasé otro fin de semana enloquecida rumiando en la amargura de las canciones una salida de este malamor que me había inventado en la cabeza. 

Me tengo que querer más. Me la tengo que creer un poquito. Tengo que dejar de creer en las visiones oníricas, en estos dramas de telenovela berreta que me armo para escaparme de mi desesperación de heladera vacía y cama seca. 

Si hasta llegué a pensar que el tipo se había “dado cuenta” de quién soy y eso no le entraba en su cabeza de macho reaccionario, romántico y facho. Sí, facho. Seguro que la volví a cagar exactamente como siempre y debajo de ese tipo idílico que me había inventado en medio de la fiebre poética y la calentura, me encontraba con la cruda verdad de un prototipo de facho white trash del conurbano. Luca tenía razón, acá también, en Buenos Aires Town.

Date cuenta, pensé. Idealizás a un tipo que añora un pasado que nunca ocurrió en su vida. Un tipo que llora nostalgias de otres. Y encima no tiene los huevos para enamorarse de una travesti de honra y porte como quienleshabla.  

Basta, me dije. Y encima me deja plantada para que no se lo pueda escupir a la cara, el muy cagón. Pero no. De esta furia trava este pelotudo, no zafa, me daba manija yo.

Se lo escribí todo así como te lo cuento. Casi como si te estuviera leyendo nuestra charla, mirá lo que te digo.

Y el lunes a primera hora, fresca como una lechuga pero pintada como una loba de Monster High, encaré taconeando para la oficina del consorcio, en Almagro. Necesitaba algún chamuyo para que el administrador me diera el nombre y la dirección del albañil. La hice re bien, pero cuando vi la ficha me quise matar, me sentí la más pelotuda del universo. Y a mí realmente todavía me cuelga perfecto ese insulto. A él, no le cuelga nada. 

En su ficha original me dí cuenta por qué nos identificábamos tanto. Fui una boluda, amicha del cora, una boluda fatal. Está obsesionado con su identidad originaria, igual que yo, por las mismas razones. Sufre por la misma herida que yo pero del otro lado del espejo. 

En la ficha laboral oficial Eduardo MacEachan todavía no había hecho el cambio registral, y en su dni figuraban su identidad y su “sexo” de nacimiento, muertos ya en el presente.

Pero lo que más me dolió, amiga, no fue lo que figuraba en la ficha, sino lo que no figuraba. No había ninguna dirección reciente.

Y no lo ví más. 

sábado, 18 de junio de 2022

El calendario de Dalái-Nor

 


Estoy convencida que existió una persona que entendió por primera vez la totalidad del universo, o sea, el mecanismo de su devenir caos permanente, de quien no ha quedado prueba. En realidad, tan solamente una. La tarea de la literatura, como yo la comprendo, es documentar con rigor científico su existencia.

Vivió y murió veinte  mil años antes de hoy entre los árboles inmortales de la ribera de un oblongo lago glacial que hace relativamente poco empezamos a llamar Baikal (mar de riquezas, o mar generoso dicen que le llamaron los conquistadores tártaros hace mil quinientos años aunque una traducción más exacta sería Aguas Infinitas que Regalan Vida) y que mucho antes se llamó Dalái-Nor o Mar Sagrado por les buraties, que fueron les primeres en habitarlo.

Karl Jung –ese gran hipócrita- convenció a toda la intelectualidad de la probable existencia de una estructura psicológica y emocional común a todo homo sapiens que explicaría por qué guaraníes y hebreos flasharon mitologías similares a pesar de llevar máximo treinta mil años separades. Su discípulo, Jospeh Campbell, le vendió la estructura universal del mito a millares de novelistas y guionistas de cine desde los años cuarenta del siglo 20 y acá estamos, rumiando las mismas tramas para recrearnos los últimos ochenta años.

Como todo hipócrita, el error fatal de su juicio fue una significativa carencia de imaginación poética. 

Si hubiera tenido un mínimo de ella sabría, como saben les antropólogues, que la humanidad antes de inventar la narrativa ficcional del siglo 19, muchísimo antes de la escritura, imaginada por escribanos de Templo hace cinco mil años, narró en versos rítmicos. 

Poesía y música fueron nuestros primeros suspiros. 

¿Es tan difícil creer que la misma especie que fue capaz de poblar un planeta gigantesco como el nuestro en apenas el dos por ciento de su existencia caminando sobre sus dos patas traseras, haya sido capaz de mantener vivas las mismas arcaicas sabidurías sobre el funcionamiento del cosmos, aunque reformuladas incesantemente a través del molino del tiempo y el espacio, en nuevas lenguas y formas diversas e infinitas?

La filosofía cartesiana del milenio europeo marcado por el desarrollo vertiginoso de las capacidades del trabajo humano es incapaz de otorgarle a la humanidad originaria de la faz terrestre la chance de haber sido inteligente y tenaz. Pero es porque estos científicos nunca conocieron un piquete en San Martín o La Matanza, en San Miguel o Jocepa. 

No saben (no pueden saber) de lo que somos capaces quienes dejamos la piel en la lucha contra la necesidad más dolorosa, la piel reseca del hambre de nuestras crías. Yo creo que debe estar en nuestra codificación genética más atávica, (como creyó también Carl Sagan el año en que nací) esa comadrona capaz de inventar comidas imposibles y multiplicarlas por milagro mientras de alguna forma resistimos los palos y las balas de la bonaerense, la federal, gendarmería o prefectura; algunas de esas encargadas de conservar la sabiduría de las abuelas y abueles en el extenso clan primitivo tendrían la tenacidad suficiente para instruir a su descendencia en la repetición de versos rítmicos, rituales de cocina y laboratorio, de agricultura y adivinación, suficientes para perpetuar, sí, valga el énfasis, perpetuar la misma mitología.

Cada nueva línea que algune piensa por primera vez en el mundo, es una reversión de aquélla primera.

La humanidad es la única máquina de la naturaleza capaz de crear dioses y diosas. Las moldea sacando afuera sus miedos y emociones, los dioses son, por lo tanto, la catarsis de la humanidad, la extroversión de sus peores potencias. Y también, claro, el espejo deformado de una era social, económica y política particular. El registro poético de un momento del universo (esto es del mejor Karl, Carlitos Marx).

Volvamos a esa primera persona que comprendió al cosmos. Su clan se había establecido hace varias primaveras en esta ribera, al abrigo maternal de la ladera sudeste de las sierras vecinas del gran lago proveedor de vida. Aquí en las llanuras y valles, en las cuevas y bosques que rodean al Dalái-Nor, se apearon estos pocos clanes de la extensa peregrinación permanente hacia la Casa Donde Nace la Gran Esfera de Fuego del Cielo, que en nuestro idioma llamamos Oriente. 

Una extensa herida en la corteza planetaria, abierta por el desplazamiento de las placas tectónicas, que recibe en su seno las aguas de centenares de ríos y riachuelos de deshielo y sólo se desgarra en un pequeño y meandroso río de montaña que baja corriendo y despeñándose contra la roca en sentido sudeste-noroeste. No es el lago más grande, ni el más largo, o el de mayor altitud del planeta, pero es el único que parece y funciona como una gigantesca vulva. 

Esta colosal herida entre las placas de piedra de la corteza del planeta es fabulosa. De cara a la atmósfera donde respiramos, recoge un enorme espejo de agua que irradia calor y humedad hacia sus costas, atemperando los 50 grados bajo cero que suelen conquistar sus ocho meses de invierno polar; el anverso de la grieta, bajo las aguas dulces, permite la salida constante del magma del subsuelo planetario, calentando algunas partes del lago con aguas termales. Si les habitantes más antigües hubiesen podido sobre-volarlo como sus ancestras las aves, la sola imagen dibujada por el espejo de agua, sumada a este conocimiento de la dinámica de las placas tectónicas, hubiese justificado nombrarle con el equivalente en buriato para Vulva Sagrada. Una gran vulva abierta entre las montañas púbicas de China y Mongolia y los vastos muslos de la tundra siberiana.

Nuestres modernes científiques, herederes de la Rusia zarista que arrebató la región de las manos de Mongolia y Manchuria en el siglo 17 de la era cristiana, no podrían haberle puesto ese nombre por más que lo hubiesen pensado, debido a la censura puritana de la cristiandad ortodoxa, o del estalinismo.

Las orillas del lago, bendecidas con la mayor concentración y diversidad posible de especies animales y vegetales en este rincón del planeta, funcionaron durante todo el Paleolítico Superior como parada obligada en la peregrinación de nuestra especie hacia el este. Todas las familias que lograron acceder a la que muy luego llamaríamos Alaska, en la última glaciación hace treinta mil años, tuvieron que pasar por Dalái-Nor para abastecerse y abrigarse antes de encarar la peor parte del camino, el Eterno Puente de Hielo que luego de derretido  llamamos Behring.

Alimentados sobre todo con carne de renos y corzos, de quienes utilizaban todo, huesos, astas y pezuñas, sangre, grasa y cuero, aprendieron a cazarles imitando a les mejores, la gran comunidad de la lobería ártica. Se mimetizaron con les lobos de la estepa al punto que estructuraron su sociedad en el mismo sentido. Sus dioses y diosas, por lo tanto, de alguna forma fueron inventades por animales distintos a nosotres. Todavía más primitives. Hubieron clanes que imitaron a les oses polares, otros a los búhos árticos. Todes tuvieron sus tótems, sus diseños sagrados en vestidos y peinados, sus divinidades.

Esta persona de la que ignoramos todo, llegó a sus cuarenta y dos años sin consciencia de tenerlos, pero cuando reconoció las primeras señales del deterioro definitivo de su cuerpo –la vista nublada al besar a las crías, los pinchazos en las caderas cuando meaba-, propuso a la asamblea del clan apartarse de la sociedad y vivir sus últimos años vagando en soledad por los bosques. 

El sedentarismo fue, antes que nada, nuestra forma de apearnos de la vida. 

Su clan accedió con suma pena, premiando su compromiso con el futuro de sus semejantes dotándole de herramientas, alimentos y vestimenta para que logre asentarse en paz y calma, garantizando un placentero inicio para su inevitable final. Y le despidieron en una gran celebración, compartiendo la comida, las danzas, la música de tambores y flautas y la energía induplicable de la alegría colectiva. Así forjaron su último recuerdo juntes.

Había sido hasta entonces une de les privilegiades en acceder al aquelarre de madres y abuelas en carácter honorífico, lo que generó una base muy sólida para su propia autoestima y le forjó un carácter alegre e indómito que durante treinta y seis años le permitieron agraciar al clan entero con el resultado de sus proezas en la caza y la defensa de las tribus. En su juventud, la astucia y agilidad de sus movimientos, la percepción aguda de las señales del ambiente, le valieron el agradecimiento de las suyas y hasta cierto renombre que duraría mucho más que elle en el recuerdo de sus descendientes. A sus doce años, en el ritual de pasaje a la adultez, la tribu consensuó con elle su nombre: Loba Oso de Corazón Rojo. En su idioma era una sola palabra que sonaba como un relámpago.

Decidió instalarse en un refugio en la ceja de las sierras en la punta más al noreste del extenso lago, donde las sierras nevadas ofrecen un arco, una muralla semicircular que protege de los gélidos vientos del norte y disfruta de unas hermosas y plácidas playas. Las llamaban con una  sola palabra que en su idioma identificaba maternidad antigua, como Abuelas-Madres. Sabemos que se trataba de un idioma que duplicaba las vocales, usando abiertas y nasales, como en el guaraní, pero que también duplicaba las consonantes -algunas de ellas con hasta tres acentuaciones distintas en sonoridad y significado- como en algunos idiomas eslavos.

Allí pasaría las primaveras y veranos, esos cuatro meses entre marzo y junio en los que se podía disfrutar del sol en la piel desnuda y de las lluvias regadoras de verdes pastos y flores, cazando venados y conejos por medio de sencillas trampas o emboscadas de arco y flecha certeros y soportando el invierno eterno de setiembre a febrero en una profunda caverna bien pertrechada de alimentos y defendida con todo tipo de trampas mortales.

Aprovechó entonces el sustento provisto por el las jefas del clan, sus más viejas amigas, todas madres, como ella, aunque no de la misma forma, para indagar el territorio donde defendería su derecho a seguir respirando, en una lucha solitaria contra el ambiente natural, hasta el final. Durante sus primeros ciento veintidós días de temperaturas por encima de los diez grados centígrados viviendo en soledad, desistió de perseguir presas y dedicó el tiempo a buscar la morada perfecta para morir. De las centenares de cuevas, rescollos, agarimos, cejas y cavernas que rastrilló en este recodo de las sierras madres y abuelas, halló al fin una con el tamaño, la forma y la orientación que la experiencia le habían señalado serían las mejores para atemperar al máximo la crueldad invernal.

Tenía ramificaciones que terminaban en cápsulas perfectas con espacio suficiente y buena circulación de aire para utilizar una como reserva permanente de fuego, que alimentaría religiosamente de leña y carbón durante los 243 días, y la única salida al exterior miraba hacia el este, permitiendo que cada gota de calor solar entrase y bañase el clima interior del refugio. Bastaba dejar sus propios excrementos en la boca de la caverna para que les osos no se atrevieran a intentar domesticarla como propia y el tamaño de la entrada no permitía el paso de los últimos mamuts lanudos.

Cuando terminó de organizar su último hogar, se descubrió imitando a las hormigas, y dedicó el último aliento estival para recolectar frutos de árboles y pastos, para almacenarles en los recovecos más helados del recinto, ubicado en un extremo tan entreverado del sistema de túneles que debió usar un viejo cordón de tripas secas para ayudarse a encontrarle una y otra vez.

Aunque estaba satisfeche con su astucia, cuando el invierno se puso más cruel y la diosa de hielo parecía haber dejado su Campamento de Primavera, en el Primer Norte, para salir a hostigar al mundo con todo el odio de su amor despechado de traiciones ajenas, un extraño sentimiento que nunca antes había sufrido comenzó a apoderarse de su sensibilidad. 

No era tristeza, aunque así comenzaba. Esos últimos amaneceres antes de que se congelasen las aguas de la Dalái-Nor –la señal indicada para taponar de barro y madera la entrada de la cueva y resistir hasta la próxima primavera- comenzaba a notar los efectos de la nueva vida fijada en un solo punto cardinal. A medida que el invierno gobernaba la tierra y la vida se retiraba lo más cerca del corazón del planeta, las tareas necesarias para sobrevivir se hacían menores y los momentos de quietud se prolongaban, conquistando cada vez más los segundos y minutos.

Esta nueva sensación le agobiaba. Por primera vez imaginó su muerte. Después de toda una vida cazando, sobrevivió a la muerte preferida de su estirpe, en las garras y fauces de las cazadoras que más admiraba, y ahora se asombraba pensando en que podrían existir otras formas de terminar el camino. ¿Era posible que esta quietud y tristeza de no hacer nada le agrietara el corazón y los pulmones al punto de asfixiarle? Esa era una muerte horrible, sin honra alguna. Y lo peor, podía durar demasiado.

Decidió con firmeza, entonces, encontrar una ocupación que le mantuviera active hasta que la gran esfera en llamas del cielo volviera a su máxima vitalidad e imperio. Pasaba esos amaneceres ante la puerta de la cueva meditando en las posibles tareas. Sólo esto ya lograba poner freno al sentimiento recién nacido. 

Pero la respuesta no aparecía por ningún rincón conocido de su experiencia de vida. No sabemos si la nostalgia llegó a mutar en melancolía o fue reemplazada por la desesperación y el insomnio, pero algún día muy a tiempo, notó con curiosidad que la Esfera de Fuego del Cielo, que todas las mañanas parían las montañas abuelas del este, emergía cada nuevo día de un pico ubicado más hacia la derecha, y su camino por el cielo se inclinaba más y más hacia el sur a medida que el lago se congelaba y el resentimiento de la diosa se intensificaba.

Recordó las enseñanzas de su madre y de su abuela, que le fueron transmitidas cuando decidieron criarla como una más de ellas, a pesar de no tener la entrepierna abierta como el lago, ni sangrar por allí cada luna o hincharse los pechos y el vientre antes de parir.

Entre esos recuerdos que se colaban de nuevo en su conciencia volvió a ver, como entre sueños, las varillas de huesos de distintos animales marcadas con punzones de la piedra que no se partía, en las que las viejas de cada tribu marcaban las diversas formas que la Esfera de Hielo en el Cielo tomaba durante cada noche, que las ancestras usaban durante las incontables generaciones para anticiparse a los sangrados, propiciar embarazos o evitarlos, y anotar el momento exacto en que cabía esperar el deshielo de la Mar Sagrada, la Vulva Divina y el florecer de la nueva vida.

La esperanza volvió a brillarle en la mirada rasgada que recibía al horizonte  sobre sus pómulos salientes y anchos, acodada en su largo balcón sobre una nariz casi sin puente

Así se imaginó su última tarea. Marcaría con esos punzones el exacto lugar de salida de cada nuevo sol por las mañanas hasta que la espera infinita se terminase y la Diosa Invernal volviera a encerrarse, calmada, en sus fríos aposentos del Extremo Norte, de donde nunca llegaban mensajeros humanos, corrida por los cálidos vientos del sureste, desde el Mar Amarillo, que hace cinco mil años comenzamos a llamar Golfo del YangTsé.

Fue fácil al principio marcar el suelo de tierra congelada de la caverna, hasta que descubrió que llegado un punto, la Esfera de Fuego Celestial comenzaba a renacer en sentido contrario, retomando su camino en los cielos hacia la izquierda, como si buscase de nuevo el exacto eje del este, cuando su vuelo eternamente repetido la colocaba exactamente sobre la cruz de nuestras cabezas. Esto le obligó a continuar las anotaciones en una segunda línea, por debajo y en paralelo de la primera.

Ya había olvidado el sentimiento de angustia de las últimas 122 marcas, cuando comenzó su tarea en las páginas donde descansaba, hasta que le asaltó una suma euforia, idéntica a la del nacimiento de una nueva camada de semejantes, o el descubrimiento de les primeres pimpollos en las faldas livianas del piedemonte, o los sonidos de los insectos que ya comenzaban a alegrar la música en los alrededores. Dalái-Nor se diluía de nuevo poco a poco cuando la Esfera de Fuego renacía exactamente en el otro extremo y parecía seguir empujando hacia ahora rumbo al norte. 

Dibujaba su camino cada mañana antes de comenzar las múltiples tareas que demandaban la primavera y verano, efímeres, y disfrutaba como una pequeña criatura, de nuevo, en el final de su vida, del juego de perseguir a la Esfera de Fuego en su vuelo cotidiano.

Y otra vez, después de 122 marcas de un avance inclinado hacia el norte a través del aire celestial, la Esfera de Fuego comenzó a retomar hacia la derecha. Celebró la travesura y de nuevo decidió continuar las anotaciones en un renglón por debajo del anterior. Y a las nuevas 61 marcas volvió a pasar por el lugar cuando su vuelo obligaba a forzar el cuello hacia atrás.

Sin planificarlo, había logrado sobrevivirse una nueva temporada de caza y recolección, y sus achaques parecían evaporados.

Durante estos buenos días celebraba las noticias que compartía con su clan a través de las tribus que acampaban en su camino hacia la Casa Cuna del Sol, detrás de las Sierras más Abuelas, donde el verdadero Dalái-Nor, el Agua Original, sabíamos que existía. Las noticias de sus semejantes pasaban de boca en oído de les viajeres como el crepitar de las aves rebotan en las hojitas de los árboles, tintineando cual gotitas de agua cristalina en un cauce de piedra, en un valle estrecho en el corazón del monte. La misma felicidad le producían.

Esto le dio el optimismo para continuar su nueva tarea, y comenzó a anotar otro tipo de cosas cerca de cada muesca. Por ejemplo, el día que las primeras hembras de corzo comenzaron a hincharse, o los nacimientos de las camadas de lobeznos. El desove de les peces en las orillas, la aparición fugaz de las mariposas, el momento que las hormigas negras comenzaban a construir sus caravanas de reservas, la caída de las primeras hojas muertas de los árboles, la desaparición paulatina del trino de les pajarillos y todo tipo de eventos que le llamaban la atención y recordaban su entrenamiento con las hechiceras de la tribu.  

Esa euforia infantil resurgía una y otra vez cada que descubría con placer que los renglones se acumulaban y los eventos remarcados se repetían con relativa cercanía de las muescas superiores en la tierra. Hasta el séptimo renglón, en que se le ocurrió que había perfeccionado casi todo el conocimiento necesario para sobrevivir en las condiciones que experimentaba su clan y se convenció de la necesidad de trasmitirles todo lo que su exilio voluntario le había enseñado. 

El deterioro de sus capacidades físicas, sin embargo, a pesar de no molestarle bajo la alegría del descubrimiento, le hacían imposible pensar en volver a encontrarse con sus semejantes. Había elegido un refugio perfecto pero demasiado lejano para garantizar que su mensaje pudiera ser oído. Utilizar a les viajeres tampoco era una opción, pues se movían como una flecha, en una sola dirección, contraria a la de los lugares elegidos por las suyas para habitar.

Pasó varios días y noches meditando sobre esta nueva necesidad y ese funesto sentimiento de asfixia volvía a presentarse. 

Hasta que, merodeando por los infinitos laberintos de su morada final, encontró la vértebra enorme de un extinto mamut lanudo, de un marfil al mismo tiempo fácil de tallar y sólido lo suficiente para no quebrarse. Recordó los adornos que homenajeaban las victorias personales de las matriarcas del clan, fabricados de huesos como ése, aunque con tamaño ajustado a los cuellos, orejas y narices que adornaban y se le ocurrió la idea de meter en ese hueso circular todos los renglones del papiro de tierra fría que alfombraba la entrada de su hogar, y empezó a meditar fuera de la nube de tristeza anterior, buscando ahora un diseño que le permitiese diferenciar con claridad los siete períodos distintos que sumaban las 122 muescas antes de ese eterno invierno de 243 muescas que había repetía por cuarta vez ya desde que comenzó con este juego.

Sería su último legado para sus hermanas menores. Muchas de esas restantes noches y días, detrás de los pensamientos y acciones de la vida cotidiana, germinaba la inquietud de imaginarse a todas las personas que antes habían llegado a apartarse de la comunidad como lo hacía ahora y cuestionarse la posibilidad de que ellas también hubiesen dejado mensajes como éste, o de otros aprendizajes también interesantes y necesarios, y dónde es que estarían ahora y qué pasaría si en lugar de verse encontrados por azar, o perdidos para siempre, pudiesen haberlos juntado todos en un solo lugar para que todas las hechiceras de todos los miles de muescas anteriores pudieran haberse nutrido de esas enseñanzas. ¿Estaría su clan hoy viviendo de la misma manera?

Es imposible imaginar con certeza científica los posibles presentes para su tribu que imaginó esta persona, que soñó más bien, durante los siguientes renglones de su piso de tierra, que tomaron la forma de una espiral central de 243 marcas sore el hueso de marfil, rodeada de seis espirales laterales con catorce marcas cada una y unidas por hileras que agregan las restantes treinta y dos que configuran los 122 días del verano siberiano.

Que es la famosa placa que los arqueólogos rusos encontraron en el yacimiento de Mal’ta, en el óblast Irkutsk de Siberia, y dedujeron de ella solamente el período de duración de las hembras del corzo embarazadas, porque fueron encontradas junto a huesos de corzo adulto serruchados y masticados. El yacimiento queda muy lejos de la caverna donde fue producido, dato relevado por los análisis químicos de residuos encontrados en las microfisuras del marfil. Aunque la locación exacta del sitio de creación no se pudo determinar, se sospecha que se produjo en las cercanías del lago Baikal en la frontera de Siberia con Mongolia. Los científicos especulan con bajo riesgo de equivocarse que la pieza habría sido arrastrada río abajo por el Angará, único efluente del lago de origen tectónico, que baña la ciudad rusa de Mal’ta.

Lo que no han logrado adivinar estos sesudos varones de la ciencia imperialista, es que el saco de cuero donde viajaron juntos estos obsequios, largo tiempo reutilizado y desaparecido, estaba dibujado con las trazas que identificaban al clan de la persona que los fabricó, para que sus semejantes se toparan con él en algún recodo del valle que habitaban y reconocieran a le remitente y celebraran su último aporte a la vida del clan.

Además de las carnes, frutas y flores de la ofrenda amistosa que no hallaron, junto al medallón de marfil circular tallado en espirales comunicadas como serpientes mordiéndose la propia cola los arqueólogos encontraron otras cinco estatuillas de hueso, pero esta vez en fémures de lobas de la zona, talladas en ellas las siluetas danzantes de cinco antropomorfas de amplios pechos y caderas y una más corta, con idénticas marcas a las otras pero con un detalle que les arqueólogues más jóvenes están empezando a cuestionar pueda identificarse como un pene, mientras que los superiores en las cúspides de las academias mundiales se niegan a aceptarlo coexistiendo con pechos y caderas de madre. Proponen la hipótesis más sensata de un símbolo mágico de poder, o un simple error, una muesca tallada por accidente, imposible de corregir con la tecnología de aquélla era. 

Nuestre primer astrónome, filósofe e imaginadere de narrativas fantásticas les había enviado también, su recuerdo de la última vez que danzaron juntes.

La leyenda de OsaLobo de Corazón Rojo se sigue cantando en las reuniones ceremoniales de las etnías de origen mongol y tártaro de las pequeñas ciudades de la República de Baritia, en el sudeste de Siberia, aunque no en la iksba de Irkirin, donde se encontraron los restos arqueológicos, quizá por eso, y porque los arqueólogos provenían de unas Moscú y San Petersburgo que ignoraban las tradiciones de las comunidades originarias de la región conquistada por la fuerza y sostenida militarmente, no hicieron las conexiones suficientes.

Rasgos de la historia se encuentran enmascarados con otros lenguajes y figuras en distintas fuentes. Las estatuillas de mujeres en estado de gravidez son recurrentes en el registro arqueológico europeo, africano y asiático, en distintos soportes de huesos o piedras, algunas escenas se traslucen en los papiros del Nilo y las tablillas de arcilla del Éufrates, con toda claridad en los contornos de la diosa Innana en Uruk, tallada en sobre-relieve a la entrada de un zigurat hace 3800 años atrás; en su Cosmos, Carl Sagan encuentra patrones de registros astronómicos en cúmulos de piedra neolítica de las llanuras del Mississippi, algunas marcas y diseños resuenan en la confección de la Piedra del Sol en la capital Azteca, y se dejan ver con certeza en algunos glifos mayas de Tikal. Llama la atención también la resonancia de algunos toponímicos de la leyenda con palabras del idioma guaraní mbya arcaico registradas por León Cadogan en su opúsculo Ayvu Rapyta publicado por la Universidade de Säo Paulo en 1959.

También sabemos que fue registrada por los monjes budistas después de la conversión de los mongoles y se cree es el origen de las alegorías de Platón y el mito de Zaratustra (indignamente calcado por El Profeta Muhammad y por el General Ignacio de Loyola y mejorado por Nietzsche), derivados de dos poblaciones originarias del Cáucaso como fueron dorios, aqueos y persas. 

El sabio persa (convertido al ishlam) Al Juarismi, habría recopilado la historia en su Kitab surat al-ard o Libro de las formas de la Tierra, del 833. Una versión fundamentada con mayor cantidad de detalles y pruebas, obtenida quizás también de ficciones, de múltiples lenguas según fuese le viajere de la Ruta de la Seda que contactase. Lamentablemente su libro se considera perdido en el incendio provocado por los primeros cristianos en Alejandría hace mil setecientos años, se cree que la científica Hipatia trabajaba en su descifrado cuando fue quemada viva por la turba endemoniada. Un escritor nacido en Buenos Aires, descendiente de españoles, kíchwas e irlandeses sospechaba que habría inspirado algunos pasajes del Corán, el I Ching y, obviamente, al mito del Minotauro de Cronos.

Lo que más obsesiona las angustias de los científicos hasta hoy, es el reverso de la placa de Mal’ta, hoy amontonada en las galerías aristocráticas del Hermitage de San Petersburgo. Allí aparecen talladas con asombrosa calidad tres serpientes. Los académicos se devanan en nuevas tecnologías para determinar a ciencia cierta la existencia de esos animales en las estepas de hace 20 mil años atrás, pero descuidan la certeza sublime de otras tantas figuras idénticas observadas en los glifos náhuatl y quiché, llamadas qutzalcoátl y kukulkán, enrolladas alrededor de calacas, ojos, manos, garras y elotes en la suprema Coatlicue, o en rodeando las placas de bronce arsenical encontradas en la cima del Ambato, en Catamarca. La semblanza es más clara de otras grandes serpientes mitológicas más reconocidas, como la que estructura las mil facetas de les dragones chinos y japoneses, que algunes entrevén también en la epistemología simbólica de los dragones alados de las sagas normandas.

Presentes también en la simbología kabalística de la Torá en el origen del planeta, seduciendo a Eva con su sabiduría y rebeldía, o en las menos conocidas leyendas guaraníes de la mbói jagua, la Serpiente Gigante, son símbolos del tiempo cíclico y fatal, destino, principio y fin del cosmos.   


viernes, 17 de junio de 2022

Una lectura de Matemos a nuestros maridos. Mujeres originarias durante la conquista

Obra colectiva, AYVU Ediciones de la Tierra Roja, Posadas, Misiones, 2022. Con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes. ellibrodejuliana22@gmail.com


Une es bienvenida a este bello objeto artístico con dos campanillas de hakaranda disecadas y recibe un beso en la mejilla al completar la lectura (spoiler alert) en la tinta casi traslúcida de una última página dibujada la flor del mburukuja (murucuyá en castellanizado, como lo es jacarandá).

Rita Segato escribió por ahí algo sobre un deseable futuro emancipado de nuestras sociedades latinoamericanas el día que superemos al Estado Criollo. En la excelente novela de Gabriela Cabezón Cámara La China Iron creí leer una utopía semejante. Me parece una idea muy sugestiva. ¿Hasta dónde llega nuestra autoconsciencia colectiva de que somos, de que vivimos en, o sufrimos al, Estado Criollo?

El Estado Criollo en América del Sud se construyó una identidad autopercibida de conciliación de clases y culturas mucho antes de la campaña del neo-imperialismo español de 1992 en torno al Quinto Centenario. Motivados por el progresismo de la Reforma Universitaria y al calor de un americanismo que renacía entre la intelligentsia de los años 20 y 30, pujando para parirse entre nazionalismos y el romanticismo revolucionario de Rusia, el Estado Criollo inventó esta ficción del crisol de razas

En Brasil se apropiaron del carnaval afro guaraní para construir el símbolo de la unidad nacional surgida de la diversidad en armonía; en Argentina Sarmiento y Ramos Mejía blanquearon de guaraníes, mapuches y afrodescendientes la historia patria y fabricaron la ficción de la patria que recibe con brazos abiertos a todos los habitantes que la quieran poblar. J. B. Alberdi y Ricardo Rojas embellecieron un poco la misma matriz liberal.

Chamuyo.

El chamuyo del Estado Criollo en Paraguay tuvo una particularidad, venía a ser la prueba de la única experiencia histórica de colonización sin conquista, sin guerra de rapiña, por medio de una alianza de sangre entre españoles y guaraníes.

Efectivamente, los casi doscientos vascos que llegaron en el verano de 1536 con el imbécil de Pedro de Mendoza hasta las costas occidentales del Mar de Solís -como primero bautizaron al Río de la Plata- después de un año remontando en barco el cauce brioso del Paraná y fundando fortificaciones precarias en donde hoy están Santa Fé y Corrientes, para 1537 se encuentran en medio de la selva más fabulosa y desesperante, sin pista alguna de la mítica ciudad de oro escondida que vinieron a encontrar, y en estado terminal de hambre y locura. 

Les guaraníes que les vieron por primera vez observaron dos datos claves. El primero, que estos extraños seres venían con armas y herramientas de un metal poderoso, el hierro, ideales para destrabar en propio favor la guerra endémica contra sus vecinos guaykurúes y para aligerar un poco la ardua tarea de talar la selva para sembrar y cosechar.

Del mismo modo, los doscientos vascos desesperados como el Aguirre de Werner Herzog, encontraron en los guaraníes a los primeros pueblos agricultores en dos mil kilómetros, la salvación para una campaña que, todo lo contrario a las epopeyas de Cortes y Pizarro para esos mismos años, no iba a darles victorias inmediatas. 

El segundo dato que observaron los tey’i ru (padres-jefes en guaraní arcaico, equivalente a cacique o curaka), es que estos desesperados y hambrientos vascos viajaban sin mujeres. Las únicas tres mujeres que habían llegado con Mendoza lo hicieron disfrazadas de varones, quién sabe si en acto de lealtad marital, de contrabando o como también solía acontecer en esa época, para forjarse un presente de prosperidad combatiendo en América portando el único género con derecho a la aventura en esos siglos. Como sea, ellas quedaron en el Puerto de Santa María del Buen Ayre y fuerte de la Santísima Trinidad hasta su desaparición poco después. 

Como nos explican las autoras, les padres-jefes de las tribus y clanes guaraníes ofrecieron a estos doscientos vascos una alianza política para guerrear por el territorio a cambio de lealtad y cooperación mutua, y en su cultura eso se firmaba uniendo carnalmente a los varones en una misma familia. Les ofrecieron mujeres guaraníes como esposas y sirvientas para obligarlos a respetar un pacto recíproco como cuñados.

Hasta aquí los hechos que alimentaron el mito del "encuentro de las dos culturas" en el Estado Criollo paraguayo durante dos siglos. Así, el mestizaje guaraní-español que pobló la nación paraguaya era el resultado de una alianza voluntaria de locales y extranjeros –una especie de Thanksguiving day con terere-  y no producto de la más femigenocida de las acciones, la violación sistémica de las mujeres de la población explotada, su secuestro, robo de identidad, imposición de una nueva, tortura, comercio y muerte.


Aranduka’i hrönir

Juliana, serigrafía de Florencia Aguirre


El pequeño libro, aranduka’i, que tengo en mis manos, contiene sólo treinta y cinco hojitas de 14 cm por 14,5 cm, pero cuenta una historia subversiva, corrosiva y explosiva. Igual que una molotov fabricada con ternura artesanal. La historia de una de esas mujeres guaraníes “entregada” para ser tembireko, esposa, de uno de esos españoles, que después de uno o dos años de sometimiento a una esclavitud cruel puso punto final, echó mano de la muy reconocida y documentada sabiduría en herboristería de las mujeres guaraníes y con un brebaje machacado, macerado, reposado y mezclado asesinó a su esposo y recorrió las calles del nuevo fuerte de la Asunción intentando convencer a sus camaradas de sufrimiento de hacer lo mismo. Los cronistas españoles lo dejaron documentado, gritaba por las calles jajuka ñande ménape, o sea, matemos a nuestros maridos (en guaraní todas las palabras son acentuadas en la última letra, sin tilde gráfica, que sólo se usa para señalar una acentuación distinta; no existe la “c” por lo que se utiliza la “k” y la “j” se pronuncia como en inglés la “j” de “just”).

Entonces todo el concepto es de un poder inagotable. Con un pequeño gesto las autoras vienen a recordarnos que la primer revuelta de la población guaraní contra la invasión española la encabezó una mujer explotada y oprimida primero por su pueblo y ahora por extranjeros. Pero el libro deja muy claro que para el momento que la compañera (llamada Juliana por sus nuevos amos) dio su grito de guerra, parió la consigna y el emblema, las poblaciones originarias todavía pensaban que era posible una alianza con estos tipos que respetarían sus descendientes. Leyendo este hermoso librillo (aranduka’i porä) una atisba esta enorme conclusión: gritando jajuka ñande ménape no sólo exteriorizaba la rabia y rebeldía propias del sufrimiento, también señalaba el terrible error que cometían los padres-jefes guaraníes al proponer una alianza a un enemigo disfrazado con piel de cordero que en sólo cien años iba a quebrar la resistencia y asentar un dominio cruel y despiadado que duraría cuatrocientos años más.

Es muy poco común en la historia de la lucha de clases humana la existencia de una voz surgida de la rebeldía que tenga el doble poder de convocar a una acción reparatoria y al mismo tiempo desnudar una verdad desconocida por les oprimides y explotades, señalar una salida definitiva. Porque los maridos eran todos españoles y venían a matar y saquear, y a quedarse matando y saqueando, no a aliarse en beneficio del guaraní.

En tres palabras “Juliana” condensó la verdad, la acción y el programa que hubiera salvado a una entera civilización del drama que sigue sufriendo todavía quinientos años después.

Y el mérito de las autoras, me parece, es haber contado esta historia utilizando el mismo concepto de la protagonista, condensando en un objeto pequeño y frágil como lo son tres palabras (ñe'ë, que también significa espíritu, aire vital y es lo que identifica a cada ser vivo como único y al mismo tiempo parte del todo), toda la riqueza y el poder. Se trata de una obra artesanal, trabajada en dos voces, una narración historiográfica, bien solidificada en fuentes de primera mano y juicios de especialistas, intercalada con la voz ficcional de “Juliana” que cuenta en primera persona lo que hizo y un compendio de serigrafías en dos colores que recupera con una estética de la selva, del monte, ka’aguy, la vida de las mujeres guaraníes (en la lengua guaraní el apóstrofe se llama punsó y se entona como una consonante más mientras que la “y” representa un sonido tan particular que resume la potencia del idioma, una mezcla de “u” cerrada con “y” que sólo se logra con mucha práctica y escucha).

Además, como activistas del feminismo y la cultura guaraní en una sociedad rabiosamente misógina, clerical y criolla como la misionera de hoy día, las compañeras se dan el gran lujo de sembrar entre las hojas de esta hermosa flor una serie de pistas para comprender la etimología de algunas palabras dolorosas, como karai (al mismo tiempo Señor y Español) surgida de una primera fascinasción por el poder de sus armas o kuña, cuyo origen desnuda el contenido patriarcal de la civilización guaraní al momento de la conquista, identificando a la “mujer” como amante y sirvienta, al que las compañeras oponen la voz hai que señala la mujer creadora de vida, poderosa.

Para finalizar, es muy difícil caer en una lectura romántica acrítica de la civilización guaraní leyendo este libro. Aquí el filo de un feminismo que, denunciando al patriarcado, desnuda para quien quiera verlo en toda su dimensión, una estructura de violencia económica, social y simbólica contra las mujeres presente en la organización de dos civilizaciones distintas, el incipiente desarrollo de un proto-estado agrícola-cazador y el feudalismo absolutista europeo. Queda abierto el debate para les compañeres feministas, clasistas e indigenistas por un pequeño libro que no deja espacio para la auto-complaciencia ni la idealización, como las mejores obras de arte y ciencia que más nos gustan. 

Sólo cabe agradecer a sus autoras María Cecilia Rodrígues (relato histórico), Florencia Aguirre (ilustraciones) y Laura Rodrígues Estévez (maquetación y encuadernación) y a su editorial AYVU, ediciones de la Tierra Roja por ofrecer a este mundo que tanto lo necesita, este hermoso hrönir (el objeto de arte único e irrepetible que fabricaban les habitantes del Tlön de Borges) que nos muestra el camino de la libertad iluminando nuestro propio origen, reviviendo en nosotres lo mejor de nuestras raíces, señalando el poder del arte, de la palabra y la imagen, de la curada mano de las artesanas, del poder indestructible de la ternura cuando comprende por dónde es la salida.

Mainumby, serigrafía de Florencia Aguirre


lunes, 7 de marzo de 2022

Kuña ñe'ë

 El grito de las mujeres rebeldes siempre fue mi salvación. Me marcó el horizonte, me fue guiando a la salida del profundo laberinto de angustia y depresión donde estaba mi vida.

Reciencito nomás, en vísperas de un nuevo 8 de marzo, me acabo de enterar por una amiga virtual, de las denuncias de acoso sexual contra alumnas del Colegio San Roque González, privado católico donde se educa la élite de la clase media y alta de la pequeña gran capital misionera, la mal decida ciudad de Posadas (https://misionesonline.net/2021/11/19/ex-alumnas-del-roque-gonzalez/?fbclid=IwAR1B9rgR10ArAXa1EysLBoDL_qne3fTPY-fMfXAVpKV9h0PUvNTGJJ0-hiQ). El terremoto explotó en la primavera del año pasado y desencadenó una catarata furiosa de testimonios que constatan una situación de abuso y maltrato generalizado y naturalizado contra las alumnas del Roque al menos en los últimos veinte años. Denuncian a sus compañeros varones, que contaban con la complicidad explícita de celadores, docentes, autoridades civiles y eclesiásticas. Qué alegría me da que las compañeras hayan encontrado el camino de la denuncia pública. Me abren la posibilidad de agregar mi piedrita, mi propio testimonio. Me llamo Leo Mburucuja Grande Cobián, soy una feminidad travesti y tengo 44 años. Entre 1983 y 1990 vivía bajo la identidad de género que me habían asignado al nacer y tenía el nombre con el que fui bautizade. En esos ocho años fui alumne del Roque, desde primer grado hasta primer año del secundario, incluido. Abanderade en séptimo grado, en el desfile del 9 de Julio hasta la sede de la gobernación, la mayor distinción que recibía une alumne por esos años. Mi apellido paterno deberá resonar conocido en muchas orejas posadeñas hasta el día de hoy, porque supo ser uno de sus comerciantes medianos más conocidos y longevos. Murió hace diez años ya, así que le dejo su nombre a los memoriosos del olvido.
1989

1989


En la primavera de 1983 dí y recibí mi “primer beso de amor verdadero”. Tenía seis añitos recién cumplidos y recuerdo salir del baño debajo de la cancha de fútbol de tierra, en el patio grande del Colegio (nunca volví a entrar, así que desconozco si el lugar sigue igual). Baños tipo vestuarios, con puertas tipo persiana de madera, creo. Recuerdo con mayor claridad la inmensa alegría que sentía cuando salí de la oscuridad compinche que nos ocultó para besarnos en la boca con un compañerito del curso. Alegría para mí todavía se pinta con los colores de una mañana misionera en primavera. Y desde aquel día la alegría tiene su olor furioso de flores estallando el aire.

1985

Pero no bien salimos del baño todo el resto del grado estaba afuera, esperándonos. El muchachito con quien nos habíamos besado, rápidamente se apartó de mi costado y se pasó al pelotón de fusilamiento, que entre risas y burlas comenzó a cantarme: “grande maricón, sopita y a la cama, se pone el camisón, y dice hasta mañana”. Me cantaron esa canción -con sus variantes- todos los restantes siete años. El mismo grupo. Y eso fue el principio. Empujones, patadas, escupidas, tocaditas de bulto, de culo, salivazos en las orejas y todo tipo de maltrato verbal y discriminaciones explícitas. El abuso fue tan brutal que ese primer beso lo recordé recién treinta y cinco años después, a los 41 años, una madrugada de mayo del 2018, después de mi última crisis personal grave. Me tuvo que pasar el mundo por encima varias veces para poder permitirme enfrentar al más fulero de mis demonios internos. Pero no fueron los “golpes de la vida” los que me hicieron entender. Fueron los gritos de las mujeres rebeldes. El movimiento de lucha femenino, que tiene varias corrientes afluentes desde diversas tradiciones políticas y se remonta más de doscientos años en el país y el continente, me pegó devastadoramente el 3 de junio de 2015 para ayudarme a comprender lo que me pasaba. Por eso quiero hacer un humilde aporte con este testimonio. Para devolver algo en agradecimiento a las alumnas posadeñas que me ayudaron a encontrar una forma de decirlo que sea escuchada. Rita Laura Segato demostró científicamente que el machismo de nuestra sociedad es un sistema que funciona sobre ciertas premisas esenciales. Por eso yo he decidido hace muchos años no referirme nunca más a las personas que instrumentaron el abuso sobre mí hace casi cuarenta años atrás durante casi una década como “mis compañeros”. La vida me enseñó que compañero es quien comparte una comida, una lucha común. Se transformó en una palabra sagrada para mí. La mejor expresión para definir a estos sujetos es de “conmilitones”, tipos con los que convivía en el mismo batallón en la escuela. El abuso era explícito y descarado contra mi persona por tres características que eran para todos evidentes: maricón, gordito y traga (nerd se le empezó a decir diez años después). Estoy segura que el Director de la Primaria de esos años se enteró y avisó a mi progenitor, que ya dije, era muy conocido por sus “relaciones” con funcionarios poderosos en todas las instituciones estatales de Posadas (La Congregación del Verbo Divino, segunda marca de la Compañía de Jesús que dirigía el Roque como parte de la curia no debe ser considerada parte de la sociedad civil, porque la Iglesia Católica y las órdenes religiosas que responden al Vaticano están fusionadas con el Estado desde la llegada de los primero invasores españoles y portugueses a la región). El maltrato en el Colegio no era encubierto. No había ninguna razón para encubrirlo. Era parte de las razones por las que nuestras familias elegían anotarnos en el Roque, porque nos hacían “hombrecitos”. Esto que describo como puedo, muy por arriba, se hacía a propósito, se hacía adrede y a conciencia. Lo que hicieron conmigo fue seguir el método histórico del catolicismo para “educar varoncitos”. En mi caso, los mecanismos de “des-homosexualización” que ahora resuenan famosos en todas partes del mundo pero que en esa época colaboraban con el sentido común de la medicina estatal oficial, que nos consideraba “desviados”, “enfermos”, o “degenerados morales” como nos consideraban la justicia y la policía. El director se aseguró que el paterfamilia implementase en la casa el mismo programa, recuerdo como le gritaba a mi madre "vos lo hiciste un mariconcito, siempre debajo de tu falda" y a partir de ahí fui separade por la fuerza de mis juegos con mis hermanas, de mis vestimentas con los tacos y vestidos de mi mamá, de su falda, para ser entrenade como macho en el fútbol violento, en tae kwon do y otros tantos abusos que ese señor dirigió con mano firme. Lo que describen las denuncias de
#nonoscallamosmas y mi propia experiencia son un perfecto ejemplo de lo que la antropóloga denomina la FRATRIA, una corporación o sindicato medieval de machos, que tiene por regla para que un varón sea considerado miembro pleno, la demostración pública de poder sobre las voluntades de las mujeres o disidencias de género y sexualidad; a cambio, la fratria masculina ofrece el éxito social, simbólico y material, privilegios por encima de los límites de clase o etnia y el amparo de un encubrimiento que llega incluso a los tribunales de justicia y las legislaturas, que sostienen un andamiaje legal para garantizar la impunidad a los crímenes machistas. El Roque viene siendo una fábrica de la fratria machista posadeña hace más de medio siglo. Como decía sabiamente Perlongher, los colegios de varones católicos, como el ejército y el fútbol o el box masculinos son fábricas de homosexualidad reprimida, de odio y fobias contra los “traidores” del género. La emboscada que describí después de mi primer beso muestra bien la cobardía de la patota de machos, modus operandi que repiten en las canchas cuando agreden a los hinchas del mismo equipo o cuando atacan a los del rival, lo mismo hacen las patotas sindicales del peronismo cuando atacan toda lucha independiente y clasista, como los cobardes que asesinaron a mi compañero Mariano Ferreyra en 2010. No es que todo tenga que ver con todo, es que vivimos bajo el imperio de estas fratrias de machos como los que violaron en patota a una compañera en Palermo la semana pasada, a plena luz del día, con la misma impunidad que tenemos una mujer asesinada cada 20 horas, centenares de travesticidios y transfemicidios sin resolver y un maltrato permanente y sistemático contra mujeres trans y travestis en la cotidianeidad. Les recomiendo a las compañeras que supieron dar el primer grito contactarse con las sobrevivientes del abuso de colegios católicos “de mujeres” en los años ochenta y noventa, por ejemplo las alumnas de la camada de María Soledad Morales en el católico de señoritas más cheto de San Fernando del Valle de Catamarca. Y que comparen notas y comprueben de nuevo que no se trata de casualidades o eventos aislados. Se trata de un sistema de fabricación de identidades de género de lo peor de la heteronorma. Los machos que violaron, torturaron y asesinaron a María Soledad en 1990 fueron criados igual que en Posadas por instituciones como estas, donde se deja claro qué espera la sociedad de las mujeres y de los varones, y lo que pasa si alguna se corre un poquito de ese lugar. El Roque cría los tristemente famosos “hijos del poder”, que en nuestras pequeñas comunidades tienen todo permitido, desde el acoso en las aulas y patios, calles y plazas, oficinas y reparticiones públicas hasta las violaciones en boliches y pueblos rurales. Es un sistema pérfido que educa violadores, violentos, golpeadores y femigenocidas. En el menor de los casos educa a padres ausentes, abusivos con su esposa y sus hijos, pequeños señores feudales cada uno defendiendo su marquesado de patria como bien les enseñaron, bien machitos. Lamentablemente ni yo ni ninguno de los que fuimos abusades (porque seguro somos muches más) veinte años antes de las denuncias que ustedes gritan tan bien, supimos encontrar los caminos de la denuncia a tiempo para desnudar esa máquina de fabricar machos que era y es el Roque, a tiempo para que ustedes, compañeras, no se tuvieran que haber encontrado con un sistema tan perfeccionado y asqueroso. Les pido disculpas y asumo la pequeña parte de mi responsabilidad, porque aunque en dos libros y publicaciones electrónicas vengo diciendo estas cosas desde el 2015, a partir de alguna etapa de la des-homosexualización yo también volvía a casa para participar del sometimiento de mis hermanas y me esforcé para ser un sano hijo del patriarcado durante mi juventud, arruinando relaciones y buscando imponer mi voluntad sobre las de amigas, novias, compañeras de militancia. La Congregación del Verbo Divino que dirije el Roque me siguió maltratando en Buenos Aires, cuando mi madre intentó poner 1.200 km de distancia de la violencia que imperaba en mi familia pero volvió a inscribirme en un Colegio de la Congregación para obtener algún tipo de continuidad pedagógica. El Colegio Guadalupe del barrio de Palermo donde cursé desde 1991 hasta 1994 incluido, también fue escrachado en su momento por adoctrinar contra la homosexualidad, el lesbianismo y la masturbación como pecados mortales en su propia ESI aceptada por el Ministerio de Educación como válida. Otro purgatorio. Sería interesante que las compañeras rebeldes del Roque supieran contactarse con las alumnas del Guadalupe y ver si sus experiencias fueron tan distintas. La universidad, la militancia, el trabajo, fueron otros tantos lugares donde la fratria exigía esas conductas bajo amenaza de la expulsión de las redes de sociabilidad. Las compañeras de militancia que denunciaron a sus abusadores dentro del Partido donde militaba en 2016 también me ayudaron a quitarme la venda de los ojos y romper definitivamente con esa y todas las fratrias en las que estuve. La lucha de las mujeres y disidencias sexuales y de género me permitió encontrarme, hacerme cargo de esa identidad reprimida, abusada y postergada que llevaba viva dentro mío al punto que pude recuperar memorias anuladas (con la ayuda de 20 años de piscoanálisis) y al fin liberar mi verdadera identidad. Pero no hay ninguna duda que en ese Colegio me robaron la infancia y la pubertad que debería haber disfrutado como marica, como panambi porä
que era. Quiero dar otro argumento para fundamentar mi acusación. Este sistema del Roque para destrozar la conciencia moral de sus estudiantes varones desde las más tiernas edades a fin de des-humanizarles los sentimientos y valores éticos al punto de poder transformarse ellos mismos en soldados de la causa machista contra otros cuerpos, este sistema hunde sus raíces en lo más esencial de la doctrina jesuita. El libro de los EJERCICIOS ESPIRITUALES de San Ignacio de Loyola (primer libro impreso en la reducción de Santa Ana en el siglo 17) es un manual para la represión emocional y sicológica usando la manipulación emocional y por lo tanto es un manual de torturas. Al punto que muchos discípulos lo aplicaban literalmente, autoflagelándose o pidiendo la flagelación pública (como atestiguan las fuentes eran famosas las peregrinaciones de Semana Santa con decenas de individuos siendo torturados por las calles de Corrientes, hasta incluso después de la independencia). Ningún funcionario del colegio puede alegar inocencia o desconocimiento salvo que quiera que nos riamos del chiste de mal gusto. Sería un insulto a nuestra inteligencia. La formación religiosa, cívica, física, ética y moral del Colegio siempre estuvo marcada por las prácticas jesuitas. De ahí el homenaje de su mismo nombre al mártir que con toda justicia eliminaron les guaraníes en el siglo 17 y que venía a traer la palabra de la “reducción” a las víctimas del genocidio hispano-portugués en la región del Alto Paraná y Uruguay, su Provincia Paraquaria, de donde extrajeron suficientes recursos para financiar las operaciones de la Orden Jesuita por todo el planeta gracias al trabajo servil de millones de familias guaraníes, para quienes las otras opciones eran el trabajo servil en las haciendas y casas señoriales de Asunción o Corrientes o el trabajo esclavo para las facendas Paulistas. Se trata de un modus operandi criminal practicado en diversas formas y niveles durante los últimos cuatrocientos y largo de años. Las víctimas de hoy venimos a sumarnos a una lucha muy vieja contra la explotación y opresión inhumana de estas instituciones medievales. No somos las primeras, pero queremos empezar a ser las últimas. En Estados Unidos las conquistas jurídicas, simbólicas y materiales de les sobrevivientes del Holocausto Nazi contra instituciones y empresas que fueron cómplices de su martirio, empujaron a los movimientos de pueblos originarios y afrodescendientes a luchar y conquistar REPARACIONES HISTÓRICAS en iguales términos, jurídicos, simbólicos y materiales. Las travestis y trans reclaman hoy en todo el país una reparación histórica para todas las que fueron forzadas a vivir sin derechos, excluidas, su salud e integridad física y sicológica dañadas por una sociedad construida sobre el odio y la represión a quienes deseamos distinto de la norma heterosexual y binaria. Ojalá alguna vez dentro de 20 años algún agrupamiento de víctimas de la Congregación del Verbo Divino se anime a enfrentar ese poder y lograr una reparación histórica para todas las personas que fuimos abusadas en esa reducción y facenda católica donde nos torturaron la vida. Gracias por su grito, compañeras. Me habilitó la palabra. Y la palabra que encuentra oído, hombro y corazón, escucha y contención, ayuda a sanar la angustia, la depresión, la nula autoestima, la ira, la violencia, el remordimiento, la culpa y toda la cantidad enorme de veneno que nos quisieron imprimir en lo más hondo de nosotras. Estoy aprendiendo ahora, de grande, el idioma que hubiera querido hablar a los seis años, avañe’ë, el guaraní. Que también estaba prohibido porque además de machista el Roque adoctrinaba en el racismo y el odio clasista, que para estos “criollos” era lo mismo ser pobre, mestizo, “indio”, guaraní parlante, gorde o puto. Este es el molde que formó a tantos abusadores, maltratadores, golpeadores, acosadores, violadores y femigenocidas, transfemigenocidas, odiantes de putos, maricas, locas, travestis, transexuales, transgénero e incluso de otros machitos como ellos, sólo porque fuesen de otra “casta” social, o de otra provincia, o de otra ciudad de la provincia o peor, de un país vecino. El macho misionero, como todo macho, es una máquina de odio y violencia pero allá exacerbado por la cercanía de las fronteras, su odio vive bajo presión permanente. No extraña después el carácter moral corrupto y descompuesto de los funcionarios estatales o cargos jerárquicos de empresas de los que Posadas se cansa de cotorroear por pasillos y medios de comunicación hace décadas. Porque este carácter amoral que aprendieron ejerciendo su poder contra nosotres en el Colegio, después lo perfeccionaron en despachos, oficinas, negociados y corruptelas, que son la explicación de que nuestra provincia esté hundida en la miseria popular más abyecta desde toda la vida. No se salva ningún partido político que haya gobernado o gobierne, ninguna de sus agrupaciones estudiantiles o sindicales. Posadas se inundaría de pus si todas las kuñakuéra gritaran su realidad. Y ojalá puedan hacerlo alguna vez. Por eso agradezco de nuevo la kuñañe’ë¸ la palabra de las mujeres y pido permiso para sumarme al coro. Porque lo más lindo que aprendí hasta ahora de les mbyá es que "palabra" y "espíritu" son lo que nos da la vida y nuestra identidad, nuestro pedacito de ñe’ë universal que les mainumby nos trajeron para poder existir. Aguyje a todas ustedes por permitirme participar de esa voz, de ese espíritu de lucha, sanación y libertad. Opáma el patriarcado, ñeike kuñairü!