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sábado, 13 de octubre de 2018

RESURRECTXS- Capítulo 2: El hijo del sepulturero

Xilografía sin título de la artista visual Daniela Di Bari, su obra puede admirarse en su página de facebook Realidad Estampada o en su blog danieladibari.worldpress.com

“La burguesía, ante todo, produce sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.”
Karl Marx y Friederich Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848



El refectorio de la morgue era deprimente, aunque prefería estar allí que sufrir el insomnio de los músculos agarrotados por horas de trabajo en la cápsula de cuatro por cuatro donde sobrevivía. Las paredes con una pintura blanca ya carcomida de grises y hongos, las mesas fijas en hileras, una luz barata que mataba los colores y esos malditos afiches con frases idílicas sobre la bendición de la resiliencia, lejos de festejar la vida parecían invitar a les renacides al suicidio.
Esa primera noche Mariano me contó su vida con el esfuerzo necesario para retener un sueño que contiene un mensaje secreto pero al mismo tiempo sin las reservas que se suelen indicar frente a extraños para mantener la privacidad. Era el quinto heredero de una línea de varones dedicadas al oficio de recolectar cadáveres en los barrios del Subsuelo de la vieja ciudad, conocidos como las Cloacas. En ausencia de cualquier forma de dinero, los deudos ofrecían las pertenencias circunstanciales del fallecido como paga por tan inestimable y temida labor. Su paga preferida eran las bibliotecas. Desde la época de la Gran Derrota de los años 80 del siglo 21 el papel se había extinguido igual que los árboles de donde las antiguas sociedades lo exprimían. Pero quienes habían tenido en sus familias a militantes obreros del antiguo Estado Socialista Pampeano copiaban sus libros preferidos en los materiales de descarte que la Ciudad Estado Celestial y las Comunas Obreras de las Torres Inferiores excretaban en las Cloacas.
Mariano creció leyendo todo tipo de sabiduría escrita a mano en innumerables envoltorios de plástico de diferente textura y forma, que su viejo padre había ido acumulando en los alrededores de su rancho. Paradoja del tiempo, el plástico había sobrevivido para contaminar a fondo el Subsuelo de nuestro mundo pero también preservaba la información necesaria para recuperarlo.
En esas crónicas de leyenda sobre los sesenta años de gobierno obrero y socialista de la cuenca del río Paraná y la Pampa, el viejo sepulturero había encontrado la esperanza encerrada en dos nombres masculinos, el de un rosarino que había recorrido toda la antigua América Latina para recalar en la conquista de la isla de Cuba, Ernesto Guevara, y el de un pibe de Sarandí que había entregado su vida en la lucha por el socialismo hasta un mediodía fatal en que las patotas de la Unión Ferroviaria amparada por el gobierno de Cristina Kirchner se la arrancaron. Solía mostrarle a su hijo las fotos de los cadáveres de estos dos héroes antiguos para explicarle por qué había decidido llamarle así. Lo que más me impactó siempre de Mariano fue su optimismo inquebrantable. No estaba fundamentado en esperanzas utópicas como las que propalaban las redes y medios de información del Consejo Empresarial sino en un profundo y sólido conocimiento de la realidad histórica y de las bases del presente. Cada elemento de nuestra realidad, mientras era evidentemente una prueba del infierno cotidiano que nos oprimía, para la mente de Mariano mostraba los caminos subterráneos que llevaban a su necesaria superación.
Esa primera noche, y todas las hermosas noches junto a él que continuaron, Mariano supo derribar todos mis prejuicios con la gente de las Cloacas. Llevaba cinco años viviendo en la Torre 133 de la Comuna Obrera de Flores, una de las tiras que quedaba cerca delas paredes exteriores de la ciudad, cerca del viejo cauce del Riachuelo, donde había nacido y donde se había criado. Se había ganado la ciudadanía provisional en el interior de Nueva Buenos Aires después de demostrar una condición genética aceptable y el conocimiento de ciertas tecnologías elementales de trabajo intelectual, como leer y escribir, lo que le permitía acceder a las pasantías del escalafón más precario, cuyo coeficiente de aumento y descuento de la cuotaparte de la deuda eran de las más leoninas.
El gobierno de las Comunas Obreras de las Torres Inferiores se mostraba magnánimo con estos proyectos de reinserción de la juventud desclasada de las Cloacas, justificando un esfuerzo noble donde sólo había un desesperado proceso de selección para diluir el peso insoportable de la deuda ampliando la masa de trabajadorxs dentro de la Ciudad. Él logró convencerme con su propio ejemplo de que les desclasadxs de las Cloacas no eran solamente las hordas inhumanas que asolaban las Torres Inferiores cada vez que se repetían los saqueos, verdaderas orgías salvajes de muerte y violaciones en una de las cuales perdí demasiado temprano mi pequeña hermana.
-Mi trabajo en estos malditos túneles es mil veces peor que el de sepulturero en el Subsuelo- me dijo- En mi barrio la vida depende de la capacidad de cada quien para defenderse matando, pero acá se carga el peso de la explotación sin ninguna posibilidad de defenderse ni zafar.
Qué podía refutarle a este hermoso joven lleno de optimismo vital. Balbucié argumentos que me daban pena no bien los escuchaba salir de mi propia boca. Sobre las seguridades de vivir dentro de las paredes de la ciudad, lejos de la barbarie y la lluvia radioactiva.
-En resúmen, lo que vos decís es que como pensás que en las Cloacas no te aguantarías un mano a mano con un traficante, preferís la seguridad de sobrevivir sin ningún tipo de alegría acá dentro. Qué triste, ¿no te parece?
Acababa de salir de un nicho de suspensión frigorífica pero ese pibe estaba más vivo que yo. Me enamoré desde el principio. Era la primera vez en mi vida adulta que escuchaba una esperanza hablar con los pies metidos en el barro y no con las falsas ilusiones que compraba mi familia, o las que inventaba yo mismo para sobrevivir. Esa misma sensación transmitía su cuerpo. Sus músculos estaban marcados por una vida de trabajo rudo, no por los ejercicios que dictamina el Ministerio de Salud para combatir las enfermedades del sedentarismo urbano. Tenía la piel cobriza y un cráneo perfecto, sostenido por un cuello sólido pero sujetando un rostro amable, con unos bellos ojos sabor a miel. Aunque le habían rapado para evitar enfermedades y parásitos muy comunes dentro de las cámaras de enfriamiento, después pude ver florecer una cabellera igual de rústica y optimista, de rulos firmes y copiosos que hicieron deliciosas las caricias y donde los dedos cabalgaban desbocados de alegría.
Tenía miles de hipótesis para explicarse la realidad. Una de ellas era que había consumido lo mejor de la carga genética del padre y todas las reservas de la madre, que donándoselas en el embarazo y el parto, se habían agotado para ella, causándole la muerte prematura. Eso explicaba -según él- que los varones de su familia pudieran dedicarse durante generaciones a un oficio tan suceptible de contagios peligrosos.
-Los muertitos molestan menos que los vivos –solía repetir como un mantra- y mi cuerpo ha sido diseñado por la biología para resistir cualquier muerte.
Luego me diría que mi afecto e ingenuidad lo habían seducido con la ternura de una mascota. Me decía que a pesar de todo mi pesimismo derrotado, en mi mirada había un brillo de dulzura que sólo se podía explicar porque todavía buscaba alguna razón para soñar. Discutimos muchas veces, porque yo me sentía culpable de estar robándole la energía vital cada vez que su carne me penetraba. Sentía lo que debería sentir la tierra hace siglos, recibiendo en mi interior toda la potencia de su sexo, la lluvia de su semen caliente sobre mi piel, dentro mío. No le gustaba mi culpa, ni ninguna culpa.
-Los únicos culpables viven en el Cielo, el resto de nosotros somos víctimas y sobrevivientes.
Cada encuentro de nuestros cuerpos y las charlas acariciando nuestra desnudez me fueron zambullendo en un amor dulce y cálido, reconfortante. Con Mariano –y luego con Julia- sentía la vida por primera vez. Un toro de bronce con la capacidad física para quebrarme en un solo abrazo que, sin embargo, me trataba con dulzura y respeto, haciéndome sentir protegido de todo daño. Él adoraba sentirse devorado por mi boca. Decía que mi lengua soldaba cada centímetro de su musculatura y su alma como un artesano metalúrgico. Que salía más fuerte de cada encuentro. Reconocía también, sin falsas modestias ni recatos moralistas, que la forma en que le comía su potente y enorme palo junto a la ternura de mi carne abriéndose a su paso, lo inflamaban de orgullo y poder, lo hacían sentirse verdaderamente indestructible.
Pero no fue hasta su segunda resurrección, en septiembre de ese mismo año, que terminó de confesarme quién era en realidad. Cuando recibí el mensaje automático del conmutador de la morgue en la pantalla de mi cápsula con la lista de nombres ingresados esa noche un abismo de angustia se abrió de repente bajo mis pies. Hacía muchas décadas que no sentía tanto dolor ante la posibilidad de perder alguien amado.
Descarté rápidamente la idea de subirme a los túneles de transporte colectivo, seguramente atascados y atiborrados, pero corrí a tal velocidad en la bicicleta que generé demasiado oxígeno en la máscara conectada a los pedales y pude haber colapsado por una hiperventilación. Entré a la morgue en medio de los vapores de un desmayo y me acurruqué al lado de su nicho abrazado a mis piernas hundido en un llanto abrumador, desconsolado. Llegué a pensar en quedarme así, ahí, incluso a riesgo de perder el trabajo y las garantías. Nada me importaba ya si Mariano no iba a estar allí. No tenía su templanza ni su voluntad, no iba a sobrevivirlo y aprender del nuevo golpe de la vida. Recuerdo que tuve una especie de alucinación y comencé a arrancar a los gritos los afiches moralizantes de las paredes vomitando entre gritos y mocos atragantados las mil maldiciones contra el sistema social de mierda, el gobierno de las Comunas Obreras y el Supremo Comité Empresario Mundial.
En ese estado me encontró Mariano cuando salió de la cámara de readaptación. Me abrazó fuerte y me devolvió la vida con un beso que logró contener en sí mismo al universo entero, el pasado y el futuro. Él, que renacía por segunda vez, me devolvía la vida a mí, que llevaba muerto cuarenta años.
En el mismo refrectorio de la primera vez me confesó su verdadera pasión, el eje de su vida. Mariano pertenecía a un partido obrero revolucionario que se organizaba en el barro del Subsuelo y que había votado salir y organizar a las clases obreras de las Torres Inferiores para iniciar una segunda fase de reclutamiento que les permitiera el Asalto del Cielo.
-¿Te acordás cuando te decía que tenías una visión muy reduccionista de lo que pasa en las Cloacas? Bueno, desde el mismo día en que el Supremo Comité Empresario Mundial comenzó con la reorganización de la Nueva Buenos Aires les militantes más comprometidos con la República de Asambleas Socialistas del Río de la Plata y la Pampa, les que se negaron a participar del Co-Gobierno de la Nueva Argentina, desaparecieron de la superficie y se fueron a vivir a las Cloacas. Sabían que el Comité Supremo los iba a eliminar a simple vista y que en los Subsuelos había un acuerdo para que gobernasen con sus métodos los Traficantes de Esclavas, con sus ejércitos que les rendían devoción personal y que dominaban las Cloacas. Por eso desde el primer momento se organizaron, armados con lo que había a mano y guapearon cada centímetro de territorio donde se asentaron. Fue una batalla dura que se mantiene hasta el día de hoy, aunque con los años el Poder Obrero Socialista fue consolidándose, la situación de barbarie es tan fuerte en los barrios del Subsuelo que la lucha se libra todos los días cambiando de intensidad.
El Comité Empresario local no difunde esta información, pero nuestras Asambleas Armadas ya controlan el 80% del territorio desde las cuencas vacías del viejo arroyo Salado en el sur hasta el antiguo Arroyo Las Piedras, debajo del Nuevo Montevideo y nuestros avances sobre los Subsuelos de los antiguo Paraná y Uruguay son constantes y sólidos. En pocos años vamos a tener armada y entrenada a la gran mayoría de les desclasadxs en todo el territorio subterráneo de la vieja República Obrera del Plata y la Pampa.
Nuestro Plenario de Delegados de Asambleas, el órgano ejecutivo de la Gran Asamblea de Asambleas, ha caracterizado que la novedad de lxs resurrectxs marca un punto de inflexión que conviene aprovechar para intentar el Asalto del Cielo. Suponemos que las muertes y resurrecciones se corresponden a los elevados niveles de explotación de las clases obreras de las Torres Inferiores es tan elevado que ha provocado mutaciones en la composición genética de sus herederxs y que demuestra que la burguesía imperial va a enfrentar una nueva crisis económica y social agravada esta vez por una crisis biológica de la especie. Creemos que no hay maquillaje comunicacional que pueda impedir una sublevación masiva, sobre todo en las poblaciones herederas de las grandes Republicas Socialistas del siglo pasado.
Por otro lado, nuestros cálculos dicen que el sostenimiento de la refinación de agua marina y de las fábricas recicladoras de tierra y detritos obligan al Supremo Comité Empresario Mundial a concentrar lo mejor de sus Fuerzas Militares en su defensa, lo que nos permitiría arrebatarles los principales recursos de sostenimiento del hábitat en las Ciudades Estado Celestiales con un solo movimiento coordinado de nuestros Ejércitos Obreros Asamblearios sobre las líneas de defensa de la Cordillera Sub Atlántica después de haber ganado para nuestras filas al grueso de les obrerxs de las Plataformas de Reciclado de Tierra del Antiguo Mar Argentino.
Pero son todas suposiciones que hacemos con la información retaceada que nos llega a partir de nuestro método de análisis. Por eso decidimos hacer una selección de cuadros combatientes entre la juventud nacida a partir del 2100 para que infiltre y comience un proceso de reclutamiento en las Torres Inferiores de la Megápolis y el Cielo, que nos permita constatar las hipótesis y mejorar la inteligencia sobre el territorio controlado por el Gobierno Obrero de la burocracia traidora y del mismísimo Comité Empresario. Fui seleccionado entre lxs primerxs para desarrollar esta tarea y estaba preparándome para comenzar el reclutamiento después del período de adaptación cuando tuve mi primer episodio.
Cada revelación de Mariano me dejaba pasmado. No era desconfianza ni incredulidad, sino un sincero asombro ante la descripción de un mundo tan irreal que ni lo hubiera podido imaginar. Pero yo estaba enamorado. Confiaba en cada palabra que decía porque reconocía el tono familiar de su verdad honesta y directa. Le creía. Aunque mi racionalidad, formateada por décadas de propaganda oficial, obligaba la duda, también honesta.
-Pero Mariano, si la mutación que mata transitoriamente a tu generación se da sólo por los niveles de explotación en la superficie ¿por qué morís y resucitás vos, que descendés de desclasades?
-Mi vieja era una obrera de las Torres, Leo. Evidentemente estos cinco años de vida alienada me despertaron una codificación genética latente. Ella perdió sus beneficios después de un aborto espontáneo y que los sensores del Ministerio donde trabajaba detectaron que la hacían inservible en el corto plazo para todo tipo de tareas en las Torres y la expulsaron de la Ciudad. Así conoció a mi viejo.
-¿Y cómo pensás cumplir tus tareas de reclutamiento en las Torres si te vas a cagar muriendo cada dos meses? Además ustedes están locos si creen que pueden organizar reuniones clandestinas acá. Los tipos dominan todo tipo de información y comunicación entre laburantes, saben hasta cuándo vamos a cagar y el tipo de mierda que cagamos porque los inodoros de las células de vivienda están interconectados con el Ministerio de Salud y el de Información. Es imposible.
-Parte de mis tareas tienen que ver con encontrarle la vuelta a ese problema. Pero cuando te conocí me diste la punta de la solución, creo que por eso te amo tanto, mi hermoso desmoralizado. Vamos a empezar el reclutamiento en las morgues transitorias. Dónde vamos a encontrar mejores militantes sino entre la juventud obrera que renace después de morir a causa de todo el régimen social que sostienen con su trabajo. Tus entrevistas demuestran que los niveles de seguridad en las morgues son mínimos. Si convencemos a les resurrectxs de transformarse también en entrevistadorxs, en poco tiempo podemos multiplicarnos por miles. Esta generación tiene que elegir entre morir cien veces para sostener un ritmo de explotación nunca alcanzado antes en la historia de la especie humana, el más bajo horizonte de humanidad nunca soñado, o ponerle fin de una vez y para siempre. Nosotres vamos a darles esa oportunidad.
Recuerdo que le dije que admiraba su optimismo pero que me seguía pareciendo una quimera utópica. Yo mismo conocía sólo aquello que el Ministerio de Instrucción había programado en mis años de educación oficial y que mi familia nunca se le hubiera ocurrido cuestionar. Es increíble, pero la lógica más racional, hoy, frente a este sol de mediodía, se me aparece como un ridículo testimonio de mi pequeñez mental.
Me convenció de la necesidad de hacer un curso de formación histórica para que pudiese comprender el alcance de las conclusiones que su Partido había acumulado y que para eso era urgente comenzar con los balances y perspectivas del proceso que llevó a la primera República de Asambleas Obreras y Socialistas de la Cuenca del Río de la Plata y la Pampa (RAOSCRPP). Lo que me capacitaría también para comenzar a reclutar por mi cuenta y organizar nuevos equipos y redes revolucionarias en paralelo.
Le redoblé la apuesta, ya dispuesto aunque sea a seguir por el camino de este delirio que le daba una profundidad inusitada a nuestro amor, y le propuse aprovechar mis conocimientos en antiguas tecnologías para escribir el curso de formación y entrenando a otres insurrectxs en el arte, copiar manuales que pudiesen replicar los resultados y potenciar la tarea de reclutamiento.
Ese día, sin saberlo, nacía yo a la vida por segunda vez, como escritor y reclutador del movimiento revolucionario más fabuloso que tuvo la humanidad hasta hoy, parido por el hermoso hijo, dos veces renacido, de un sepulturero.

RESURRECTXS - Capítulo 1: Mañanaser

ÍNDICE
CAPÍTULO 1
Mañanaser
CAPÍTULO 2
El hijo del sepulturero
CAPÍTULO 3
Balances y perspectivas de la Primera República Socialista Asamblearia del Paraná y la Pampa
CAPÍTULO 4
La vida florece en las Cloacas
CAPÍTULO 5
La Asamblea de Responsables Políticas del Partido Obrero Comunista de los Subsuelos del Río de la Plata
CAPÍTULO 6
La hija del burócrata
CAPÍTULO 7
La muerte reina en los Palacios del Cielo
CAPÍTULO 8
Insurrectxs
CAPÍTULO 9
Pasajeros en el camino

Si el presente es de lucha,

el futuro es nuestro.

Últimas palabras de Julia,

9 de agosto de 2161



Xilografía "Salida" de Daniela Di Bari, artista visual que donó generosamente su obra para ilustrar este proyecto. Se puede visitar en el blog danieladibari.wordpress.com o en su página de feisbuk Realidad Estampada





Soy tronco y soy raíz,

la savia antigua que quisiera retornar
en los que ya no están
y que jamás
regresarán.
Ramón Ayala,
Amanecer en Misiones



Siento el sol por primera vez ardiéndome la piel al borde de cumplir sesenta años. Lo he deseado tanto tiempo. Esta caricia cálida es tan simple y sin embargo, nos ha costado tantas vidas. Lo veo asomarse sobre la nube nuclear que gobierna todavía la tropósfera del planeta. Una visión que sintetiza con claridad el alcance de nuestra victoria y todo lo que resta por hacer.
Pienso con alegría, sobre la amargura de la visión, sin embargo, que el disfrute de esta simple caricia ya no es exclusivo del cinco por ciento de la población. Al menos en Nueva Buenos Aires.
Siento florecer la vida en mí de una forma nueva. Escribo con la mirada puesta en estos nuevos cielos, divago los horizontes de nubes extrañas y colores que esfuman y contrastan, fluyen con la alegría que proyecto sobre ellos. Los breves hilos de las biografías de les compañerxs que nos permitieron ver el cielo, su lucha inclaudicable en estos últimos veinte años, me recorren desde lo más hondo y claman salir fuera y disfrutar el sol y el espejo azul del cielo. Con Mariano y Julia dimos los primeros pasos en este delirio que esta calidez primaveral hace ahora tan concreto, tan real. No pudieron disfrutar este presente pero lo han parido. Aunque soy incapaz de escribir con justicia su epopeya, les debo al menos el reconocimiento, el testimonio de su obra, el recuerdo eterno de su amor.
No quiero permitirme la nostalgia. No quiero evocar los tiempos pasados para construirme un lugar imposible de retornar. Aunque fueron los mejores años de amor no sería justo extrañarles. Porque nunca como en esos años nos mordió tan fuerte la miseria. Aunque se hayan ido para siempre, no desearía jamás en mi sano juicio volver a vivirlos.
Aun así, la verdad es que celebro la oportunidad que me brindó el caprichoso azar de haberles conocido, porque nunca antes -ni después- de ellxs volvería a sentir tamaña corriente eléctrica de amor honesto e incondicional recorriéndome el cuerpo y la conciencia.
Nos conocimos en la morgue transitoria. Él salía de su segundo episodio y juntos logramos que no la despacharan al cementerio después de seis días muerta. Hacía dos años que el Consejo Empresario y las Comunas Obreras habían reconocido lo que pasaba y todavía no se le había encontrado explicación, ni cura. Lo cierto es que la nueva generación nacida en el año 2100 (del viejo calendario) solía pasar varios días fallecides para luego renacer.
Todavía tenía vigencia en las costumbres de la población la antigua ley de velorios y así empezamos a notar que los pibes y pibas volvían a respirar después de veinticuatro o cuarenta y ocho horas. Ningún megalaboratorio internacional vio un negocio posible, ya que ocurría sólo entre laburantes de las capas más bajas, entonces no se investigaron las causas. Y como esa juventud podía retomar su trabajo sin ningún impedimento, el Concejo Empresario resolvió promulgar las leyes necesarias para recaudar un nuevo impuesto –“de la nueva vida” le pusieron, los cínicos- y financiar morgues transitorias.
El gasto era poco. Necesitaban sostener una cadena de frío para que los cuerpos no inicien la entropía de la descomposición pero no se requería de ninguna máquina compleja o nueva, ni medicación. Al principio debatieron la necesidad de un equipo de sicólogos para atenderles al despertar y algunas Comunas –reivindicadas como progresistas por algunos y repudiadas por otros como derrochadoras- llegaron a implementar pasantías de estudiantes secundarios durante un tiempo. Al cabo, se dieron cuenta que les resurrectxs retomaban sus vidas sin ninguna depresión posterior aparente, o al menos ninguna que les hiciera estadísticamente obligatorio solventar profesionales. Las morgues al paso se limitaron a ocupar viejas torres en desuso de la neociudad con hileras de nichos-congeladoras y un servicio de comedor que les ofrecía nutrientes elementales de hierro y glucosa a precios ridículos, que les resurrectxs podían costear fácilmente de sus sueldos electrónicos. Nunca se llegó a implementar una licencia especial y los días no trabajados se recuperaban con horas extra.
En esa época tenía cuarenta años y había conseguido un arreglo bastante bueno con el Ministerio de Instrucción Ciudadana. Si lograba escribir historias de vida de laburantes que terminasen con alguna moraleja esperanzadora y recibía más de cien likes de laburantes en mi Comuna o aledañas, me anulaban un cero coma diez de mi cuotaparte de la deuda externa, lo que me permitía ese día aumentar un poco la ración de proteínas en el Súperexpress de la Comuna.
Era un trabajo abyecto, no me avergüenza reconocerlo. Inventaba esperanzas para que gente en las mismas condiciones miserables que yo vivía aguantaran un poco más su lamentable condición cotidiana y encima el descuento de mi cuotaparte sería cargado sobre la cuenta personal de algunx de mis lectorxs. Pero la ley de aquellos años era sobrevivir. Y yo sobrevivía.
Tenía que esforzarme posta, ya que el control de las redes sociales del Registro Civil era absoluto e invulnerable, lo que hacía imposible contactar desconocidxs por privado y mendigarles un like solidario, mientras que los de amigues y conocides no se tomaban en cuenta para el pago y las cuentas truchas o fakes eran descubiertas en fracciones de segundo, con castigos severos de más de un treinta por ciento de aumento en la alícuota personal. Y había que arrancarle un megusta a laburantes que gastaban sus energías miserables todos los días para descontar miserias de sus cuotapartes de la deuda externa.
Aunque sea miserable, me aproveché de la moralina más rancia y atrasada del Partido de la Familia Obrera, mayoritario, que planteaba a la ciudadanía evitar el suicidio para no cargar con la deuda de uno a les familiares sobrevivientes. En contra de mis propias posiciones políticas, exploté cada sentimentalismo cursi a mano de la imaginación para lograr escenas conmovedoras, como una pareja zafando por milímetros de un accidente o la recuperación de una enfermedad dolorosa y lacerante. En mis más inspirados momentos llegué a crear escenas humorísticas ante realidades trágicas y desoladoras de todos los días.
De alguna manera lograba engañarme a mí mismo con los engaños que fabricaba para les demás. O quizás me haya limitado a sacar rédito del autoengaño que venía inventando hace tantos años ya.
Sin embargo, me consideraba un hombre de izquierda. Aunque era atacado duramente en las redes, el Partido Obrero de la Disidencia lograba meter cada tanto representantes en las Asambleas de algunas Comunas. Había sido fundado por econometristas que aseguraban que la salida a la miseria permanente de la clase trabajadora pasaba por no tener descendencia biológica, y de esa forma, en algún momento –que las alas internas del partido debatían según los modelos matemáticos proyectados en cuántas décadas se lograría- no quedarían laburantes para seguir subdividiendo la carga de la deuda lo que obligaría al Concejo Empresarial a una crisis con su modelo económico y la necesidad de reformularlo. Sus dirigentes, a quienes llegué a conocer, suponían en la intimidad que al crecer las votaciones a favor de este planteo el Comité Ejecutivo del Sumo Concejo Empresario se vería forzado a abrir una línea de negociación con el Partido, ofreciéndole algún ministerio comunal o, soñaban los más optimistas, una vocalía sin voto en el Parlamento Asesor de las Comunas Obreras.
Sin embargo, todavía éramos marginales, pocos millones de personas estaban dispuestas a sacrificarse tanto en lo inmediato. Aunque el aborto legal no había sido abolido, la campaña del Partido de la Familia Obrera gobernante por la reproducción biológica de la clase obrera era mayoritaria. Su cinismo era insoportable y lo criticábamos con dureza. Machacaban sobre la energía insuperable que aportaba el amor de lxs hijxs, las potencias regenerativas sobre el inconsciente de revivir la propia infancia a través de la crianza, pero, en el fondo, todo se reducía a la posibilidad de diluir la carga personal de la deuda en las nuevas cuentas-sueldo de cada vástago. Sobre esa hipocresía cruel de cada familia obrera, el partido de gobierno alimentaba la ilusión de que un aumento en las tasas de natalidad llevaría dentro de cincuenta años a que los montos individuales de deuda se redujesen a niveles que permitieran alcanzar doce horas de trabajo obligatorias, y ese ínfimo descuento alcanzaba para ganar todas las elecciones sin necesidad de fraudes muy complejos.
Lo que no decían era que los índices de natalidad de las Megápolis Sudamericanas Unidas servían como garantía para tomar nueva deuda del Banco Mundial Reconstruido, la única forma posible de mantener funcionando la ingeniería que permitía sostener niveles de oxígeno elementales en las infinitas colmenas de la Nueva Buenos Aires, mientras que la casta de técnicos, burócratas sindicales, militares y funcionarios disfrutaba en sus lujosos palacios aéreos sobre la Nube Negra.
Una temprana discusión con mi padre a los quince años me había hecho ver con desgarradora claridad el problema y desde ese momento en adelante me convertí al Partido Obrero de la Disidencia. Fue después del entierro de mi hermana menor, de sólo siete añitos. No pudo soportar el embarazo después que un sádico de las Cloacas la violara, en una de tantas incursiones que había sufrido nuestra Comuna. Le eché en cara a mi padre su responsabilidad por haber decidido continuar el embarazo y que su llanto se debía pura y exclusivamente a que había perdido la posibilidad de diluir dos veces más su cuenta personal de la deuda y la de mi madre. Me expulsó de la familia amparándose en la Ley de Divorcio y Autonomía juvenil, ya que hacía años que tenía un trabajo propio, acusándome de anarquía. El juez de familia reconoció todos sus argumentos y el Concejo Empresario me otorgó una vivienda propia a cambio de que se me aplicasen los mismos cálculos para el aumento y descuento de la cuenta de deuda de los adultos.
Tiempo después el Partido Obrero de la Disidencia logró que la libertad de géneros se extendiese a la ciudadanía de las Torres Inferiores, lo que fue producto de nuestra lucha, pero que vendieron como una concesión que nos igualaba con derechos de las castas superiores. Entonces pude definirme en la bisexualidad con rasgos de fluidgender sin ser perseguido penalmente. Finalmente logré adaptarme a los ritmos de trabajo del Ministerio de Instrucción Obrera Ciudadana y renovar durante años la pasantía de instructor facilitador y acumulaba serias chances de aspirar alguna vez al cargo de docente interino, que descuenta deuda a una tasa diez por ciento mayor.
Con cuarenta años recién cumplidos, la pasantía no me dejaba mucho tiempo libre y la inflación me comía las posibilidades de conseguir alimento. Aunque dormía muy poco, el dolor de columna y cuello hacía que necesitara cada vez más dosis de la droga suministrada por el Concejo Obrero Comunal. Por eso festejaba cada like que conseguían mis relatos en las redes. Justo cuando comenzaba a tener alguna repercusión comenzaron a agotarse las ideas más banales y tuve que buscar nuevas fuentes de inspiración. Así fue que se me ocurrió visitar las morgues transitorias después del laburo y entrevistar a lxs resurrectxs mientras comían su primer “desayuno”.
Todavía no habían prohibido que se comunicaran con extraños, y esa brecha legal me sirvió para llenarme de un número suficiente de anécdotas con las que mantener la página activa. No es que sea tan bueno como escritor, de hecho es una tecnología tan antigua e ineficaz que va quedando en desuso gracias a los avances en la tecnología de reconocimiento del lenguaje corporal por las máquinas actuales. Pero en las escuelas del Ministerio de Instrucción todavía trabajábamos con material pedagógico arcaico y este trabajo tan despreciado me había aportado la ventaja de la escritura. También causaba atracción morbosa entre les lectores y lectoras este fenómeno nuevo de les resurrectxs y le supe sacar el jugo a esa veterana ilusión humana de vencer a la muerte.
A pesar del agotamiento, encontraba una fascinación cálida recogiendo las biografías personales de cada renacide. Elles agradecían la oportunidad de charlar con un ser de carne y hueso al volver de esa experiencia abrumadora y reconstruían con satisfacción la historia de su vida previa, contentxs al descubrir que su memoria seguía funcionando. Sentían que se reconstruían de algún modo y disfrutaban hacerlo conmigo en lugar de las pantallas holográficas que colocaba la Oficina de Renacimientos, que se limitaba a reconocimientos faciales y dactilares mínimos con un software bastante obsoleto.
Cada renacimiento era motivo de alegría popular y mis publicaciones recibían millones de nuevos likes. La gente de la superficie se alegraba con cada renacimiento porque significaba que la cuotaparte de deuda de los muertos, que se distribuía provisoriamente entre la gente viva, volvía a desaparecer una vez que volvían a la vida. Aunque el Ministerio empezó a rediscutir las condiciones de descuento de la tasa de mi cuotaparte de la deuda a medida que aumentaba mi éxito, no me importó y alcancé una situación más holgada en el suministro de glucosa y hierro, con lo que eludía la suspensión por anemia, el paso previo a la desocupación y mi garantía de descenso a los barrios fuera de la ciudad, las Cloacas. La medición de energía molecular había reemplazado a las huellas dactilares como método para firmar el presentismo en los lugares de trabajo en la segunda década posterior a la victoria del imperialismo y la construcción del Nuevo Orden Mundial y después de los cuarenta aumentaban las chances estadísticas de perder el laburo por anemia.
En algún momento de ese nefasto pasado, en la madrugada del 24 de mayo de 2124 (de la vieja denominación), conocí a Mariano Ernesto y aunque no podía saber que su historia cambiaría mi vida y la de les millones que sufríamos la vida miserable de las clases obreras y desclasadas, desde el primer instante que ví su hermoso rostro de sombra y su dulce lengua compartió la brevísima historia de sus veinticuatro años con mi solitaria conciencia, me enamoré.
Y aunque muchas veces publiqué las anécdotas de cada resurrectx cambiando los nombres verdaderos y modificando algunas cositas para que no se pudiera reconocer fácilmente su identidad, ese día decidí no publicar la suya como regalo para nuestra intimidad. Preferí mil veces obligarme a la ficción o visitar más seguido las morgues antes que relatar la suya. Porque lo amaba y porque no quería manchar nuestro amor con la miserable posibilidad de aquietar un poco mi propia cuenta de deuda.
Ese límite sagrado, esa frontera de la dignidad, se reforzó en cada encuentro posterior, mientras nuestro amor echaba raíces y se ramificaba. Mucho más después de su segunda resurrección, cuando el dolor por la posibilidad de perderlo soldó definitivamente nuestros caminos hasta el final definitivo y porque ese día me confió su secreto más preciado: su militancia clandestina. Por eso hoy, cuando el viejo Júpiter ha girado por quinta vez alrededor de este maravilloso astro solar desde que nací, hoy que Mariano ya no está, me permito contar su historia y la de Julia, a quien rescatamos juntos en otra morgue y que tan importante ha sido para esta nueva revolución triunfante.

viernes, 12 de octubre de 2018

El Frente de Izquierda es Izquierda Unida

Un apunte para que deje de serlo


Lo que sigue no tiene intenciones de ser un tratado que cumpla con los requisitos de un buen análisis político, es simplemente un ensayo de ideas para intentar clarificar una situación que quizás sea evidente para algunas personas pero no para el conjunto del activismo y la militancia.

El cuaderno de notas que uso cotidianamente en la escuela me hostiga. Las crisis económicas actúan igual que los huracanes en el Caribe, le quitan el carácter sagrado a lo que encuentran a su paso, desnudando lo efímero de todo lo que creimos sólido y eterno. Así me pasó que me ví obligado por la falta de guita a echar mano de los cuadernos de apuntes que había archivado como reliquias históricas que prueban mi paso por ciertos momentos históricos.

2011, el año de Cristina

Es el cuaderno de apuntes que usé el otoño de 2011 en el vigésimo Congreso Nacional del Partido Obrero, al que asistí como delegado elegido por la Zona Oeste de Capital Federal, regional donde militaba en el frente sindical docente  y en el territorial de Villa Soldati. El 22 de abril tempranito el Comité Central saliente presentó su propuesta de conformación del Frente de Izquierda y los Trabajadores en el informe de Marcelo Ramal y Jorge Altamira pidió permiso del plenario de delegades para usar la palabra y criticarlo, ya que asistía al Congreso en carácter de invitado, porque se había auto-excluido del Comité Central encabezando un intento de promover la renovación y el recambio generacional de la dirección.

Ahora releo mis apuntes y revivo ese año. Fue el año que terminó en la re-elección de Cristina por el 54% de los votos. Quién iba decir que sólo seis años después perdiera una elección con el Legionario de Cristo Esteban Bullrich, convertido en una especie de auto-meme de la política argentina. Quién iba a decir que sólo seis años más tarde (antes de la reforma constitucional del 94 les presidentes duraban seis años) la persona que había gozado del máximo poder político en nuestro país durante doce enteros años, ahora ande pidiendo limosna para no ir en cana.

En ese contexto el Partido Obrero intentaba resistir una enorme presión de toda la militancia y activismo del llamado “campo popular” (eufemismo que se usa en nuestra cultura política para engalanar las distintas variantes de nacionalismo burgués centroizquierdista) que alababan a Cristina. Eran las épocas en que florecían aventuras como Patria Grande y Cristina Capitana. El PO tuvo que hacer un esfuerzo estoico para resistir esas presiones a seis meses del asesinato de uno de sus mejores cuadros jóvenes, Mariano Ferreyra, a manos de una patota sindical de la Unión Ferroviaria de Pedraza, peón adulado por Cristina en una cancha de River, cuando Cristina se ufanaba de representar la reconciliación entre la Juventud Montonera y la Juventud Sindical vandorista. Asesinado, digamos también para aclarar más el panorama, por un sicario a sueldo de la barrabrava del intendente kirchnerista de Almirante Brown, en su carácter de barrabrava del Halcón de Florencio Varela, que se había sacado fotos con el ahora preso Amado Boudou, quien fuera elegido vice-presidente en octubre de ese mismo año y con el elenco de periodistas adictos a la merca de la pauta publicitaria del Estado que intentaron mentirle a la población en octubre del 2010 vendiendo la porquería que a Mariano lo había mandado al muere el propio Altamira para manchar a Cristina.

La presión kirchnerizante se había llegado a expresar incluso dentro del propio PO, prueba de ello el desgarro público de una parte de su juventud, una parte importante, la que dirigía los secundarios pre-universitarios de capital, el Pelle y el Nacional, histórico semillero del PO desde los años sesenta, igual que de la mayoría de las organizaciones políticas de este país. Porque aunque la TPR sea también una especie de auto-meme no hay que olvidarse que sus fundadores fueron promovidos a la dirección del PO y eran considerados la creme de la creme…

Para completar el contexto necesario hay que agregar que se estrenaban las PASO, un invento también muy particular. La casta política que se encarga de llevar adelante los negocios del Estado en nombre de las clases que mandan, es consciente del derrumbe del régimen democrático. La creciente desconfianza en “la política” quedó clara desde que contra todo discurso machacado en la escuela y la tele entre diciembre de 2001 y junio de 2002 el pueblo decidió vetar seis presidentes electos constitucionalmente cortando rutas y haciendo puebladas. En esos años la demagogia que llevaba a personajes marginales del mundo politiquero al protagonismo era la revolución socialista. Así pasó con los Kirchner, que no habían presentado un solo habeas corpus como abogados en los 70 y que transformaron su oscuro origen ligado a la intervención militar en Santa Cruz (Alicia fue funcionaria de la intervención que volteó a Cepernik, de la izquierda peronista, su hermano acumuló guita y poder al calor de esa protección) en una epopeya eroica que todes conocemos. Casi veinte años después del Caracazo, el fracaso de las ilusiones populares en superar la democracia podrida en Latinoamérica por izquierda hace que la forma de pasar del oscuro anonimato de los bajos fondos de la politiquería hasta la cima del poder sea la demagogia contraria, la ilusión fascista, ahí tenemos a Bolsonaro.

El tema que explica el ascenso relampagueante de figuras menores como Kirchner y Bolsonaro al centro de la escena es el mismo: la descomposición definitiva del régimen democrático armado por el imperialismo yanqui y las burguesías locales en los 80 y 90 para reemplazar a las dictaduras militares. Las PASO fueron un intento de la burocracia de funcionarios estatales para intentar emparchar esa crisis y que sus patrones no se deshagan de ellos. Con las elecciones preliminares se intenta forzar un régimen de selección y depuración de alianzas el ainterior de las fuerzas políticas descompuestas, la UCR y el PJ, y al mismo tiempo expulsar a los partidos de izquierda de la compulsa electoral. Aunque en las elecciones de 2011 el efecto más importante de las PASO no era el de rearmar al peronismo, ya que Cristina iba a arrasar, y la UCR y compañía no pinchaba ni cortaba, en ese año el efecto más sustancial que podían tener las PASO era dejar fuera de la compulsa electoral a los partidos de izquierda que no llegasen a pasar el 1,4 % de los votos válidos. De alguna forma, el régimen tenía una caracterización idéntica a la del PO, parecía anunciarse un panorama electoral donde la izquierda iba a crecer incluso desbordando a los gobiernos “de izquierda” de la región.

El ascenso de la izquierda

En 2013 el Frente de Izquierda consiguió un millón y medio de votos y consagró tres diputados nacionales más decenas de cargos legislativos provinciales y municipales. Un sector significativo de la población volvía a colocar sus ilusiones en una alternativa superadora del régimen político y económico capitalista, como ya lo había hecho a la salida de la dictadura votando al MAS o bajo el menemismo votando a Izquierda Unida. Ese simple hecho mostraba que el régimen democrático impuesto a la salida de la dictadura volvía a estar en crisis en la conciencia popular. Pero después de treinta años de la “primavera alfonsinista” era la primera vez que ese descontento por izquierda con la democracia se canalizaba en un frente electoral encabezado por el Partido Obrero.

No se trata de desmerecer el rol de los otros dos miembros del FIT, PTS e IS y su potencial como expresiones de una salida revolucionaria. Es que estas dos agrupaciones formaron parte de una tradición política que ya había participado de las ilusiones anteriores, Izquierda Socialista fue parte del MST en Izquierda Unida y el PTS, aunque se esfuerza en despegarse de la corriente iniciada por Nahuel Moreno, incluye en su organización un número significativo de cuadros políticos formados en ella y que la reivindican críticamente. La nota distintiva es la presencia del PO, que no participó nunca de los éxitos electorales de la izquierda anteriores, expulsado de todos los frentes de izquierda previos precisamente porque mantuvo una crítica despiadada de lo que consideraba límites democratizantes de esos frentes.

En la cultura política argentina es toda una novedad que un frente electoral donde participe el PO haya conseguido éxitos incluso marginales como meter tres diputados. Pitrola en el Congreso de la Nación significaba para sirios y troyanos una novedad muy diferente a Zamora en el Congreso de la Nación.

Y para coronar el asunto, si la izquierda había logrado entusiasmar a una partecita de la población en la primavera alfonsinista o ante la desilusión del menemismo, ahora lo hacía diez años después de una sublevación popular similar al Cordobazo de 1969 y en medio del agotamiento de los gobiernos nacionalistas burgueses más a la izquierda de la historia latinoamericana del siglo 21.

De alguna forma este ascenso de las ilusiones de las mayorías en la posibilidad de vencer los límites del sistema capitalista por izquierda se olfateaba en el aire en todos lados. Hay que recordar el impacto profundo que tuvo en la conciencia popular la primavera árabe del 2011, la demagogia izquiedista que llevó al poder a Obama en EEUU, el primer presidente de origen africano de su historia, el auge de movimientos sin programa como Podemos en España, etc. No es que se caracterizase que la gente se había vuelto trosca y quisiera el socialismo, no. Al mismo tiempo Obama se cansaba de bombardear Asia para re-encauzar la crisis petrolera, el Mercosur de Cristina, Evo y Lula colaboraba con el Estado de Israel y con la OTAN invadiendo Haití, Chávez se aliaba a Putin y China mientras le seguía sirviendo petróleo al imperio yanqui y le abrían La Habana a Obama y al Papa, sepultando la revolución cubana casi al mismo ritmo en que se moría Fidel.

Ahí está Siria para demostrar todo lo empantanada, confusa y cruel de esta situación. En todos lados así como crecían opciones antisistema de izquierda también progresaban alternativas fascistizantes, como el Amanecer Dorado en Grecia, a la sombra de Syrza. Es más fácil ver este ascenso de la derecha ahora que Bolsonaro ganó la primera vuelta en el Brasil del eterno e inamovible Lula.

¿Qué explica el ascenso de la izquierda y el ascenso de la derecha? Claro, la crisis mundial que corroe al capitalismo desde 2008. Las masas en todo el planeta están hartas y agotadas de un sistema económico y social que las viene castigando sin piedad en el medio de su crisis terminal. Como en otras oportunidades de la historia, ese hartazgo busca a tientas en la oscuridad de las posiciones teóricas los caminos concretos de carne y hueso que se ofrecen para sacarlas del marasmo. Es en medio de esta confusión que los agrupamientos políticos intentan hacer pie.

Ni Bolsonaro es prueba suficiente para decir que el nazismo se ha instalado definitivamente en la conciencia de las masas que sufren la vida en Brasil ni Pitrola diputado era prueba que un millón y medio de personas habían comenzado la toma del Palacio de Invierno en Argentina. Pero de alguna forma Bolsonaro y Pitrola expresan la potencia de que esas alternativas alguna vez se consumen, porque la crisis mundial del capitalismo, lejos de ceder, se mantiene y crece con furia devastadora, toda vez que Trump agita la guerra comercial contra Europa y China, en medio del tembladeral de una deuda pública mundial récord que puede hacer volar todo por los aires.

Esta caracterización fue la que defendió la dirección del PO frente a doscientxs delegades el 22 de abril del 2011 en uno de los edificios de Ciudad Universitaria para proponer la conformación del Frente de Izquierda. La crisis mundial empujaba el hartazgo consciente de las masas para romper con las ideas que sostenían y sostienen que el capitalismo es la única sociedad posible. El ascenso de la izquierda iba a manifestarse como expresión de esa enorme crisis ideológica mundial con fuerza y las elecciones de 2011 en nuestro país iban a ser una prueba particular de esa tormenta huracanada. Nadie se auto-engañaba en ese salón de cemento con la ilusión falsa de que la gente se iba a hacer socialista pero intentábamos capear la presión de que el nacionalismo burgués iba a ser eterno, como creía la enorme mayoría del progresismo latinoamericano. Sin embargo, la decisión de conformar un Frente electoral con agrupaciones que respondían a una mirada históricamente divergente de la nuestra no era tan sencilla de tomar.

Un Frente de Izquierda contra el Frente de Izquierda

Si me animo a escribir esto no es porque me ataca la nostalgia de mis buenos años militantes o porque necesite revivir épocas de gloria. Aunque no milite hace dos años de forma organizada (la expresión “orgánica” confunde la organicidad con un programa estratégico de la clase obrera con la organicidad y disciplina de una organización política) sigo siendo un miembro activo de la fuerza social que lucha cotidianamente contra el Estado para alumbrar una organización social distinta. En esa lucha el Frente de Izquierda sigue siendo, con todos sus límites, la referencia más avanzada que tenemos hoy en Argentina para empujar hacia el Paraíso en la Tierra. El debate sobre qué posición tomar en el ballotage brasileño obliga una vez más a poner las barbas en remojo y discutir también a dónde van el FIT y nuestras esperanzas revolucionarias.

Es por eso que las primeras páginas de mi cuaderno de notas me piquetean la conciencia y exigen que las relea. Porque el Frente de Izquierda está en una fase de agotamiento terminal y no hace falta esperar a que se rompa o se siga descomponiendo todavía más para intervenir. A dos años del acto unitario en la cancha de Atlanta, el pasado 6 de octubre el PTS lanzó una multitud de actos muy bien armados en todo el país, mientras el PO hacía uno muy deslucido en las escalinatas del Congreso el viernes anterior e Izquierda Socialista prepara el suyo propio para noviembre en el microestadio de Lanús. El PTS lanza la provocadora idea de un partido unificado de la izquierda mientras se retira de las listas comunes que disputan contra la burocracia kirchnerista el sindicato docente de Neuquén, ratificando una conducta que lo puso fuera del plenario sindical clasista de Lanús hace pocos meses o que lo llevó a buscar el permiso de la burocracia gráfica para presentar una lista que rompió la minoría clasista en 2016 y preparó las condiciones políticas para el cierre de AGR en 2017.

Del otro lado, la lucha contra el fascismo de Bolsonaro encuentra a las tres fuerzas unidas en el voto crítico para Haddad después que la destitución de Dilma Roussef hubo quebrado el acto unificado del Primero de Mayo de 2016, en el que PO e IS mantuvieron la unidad a pesar de que uno caracterizaba de golpe al impeachment mientras que la otra no y el PTS se unía al kirchnerismo frente a la embajada de Brasil con la misma caracterización del PO.
La propuesta del PTS retoma el viejo debate sobre la unidad de la izquierda casi en el punto donde siempre estuvo, unirse cómo y unirse para qué. Claro que la necesidad de resolver esas dos cuestiones es fundamental, sobre todo si la cosa se pone espesa y un tipo puede llegar a dirigir el mayor Estado de América del Sud promoviendo el asesinato de activistas de izquierda con el aval de las Fuerzas Armadas que lograron sostener por más tiempo su dictadura entre las del Plan Cóndor y que mejor sobrevivieron a la “transición democrática”.

Ese fue el debate congresal del 2011. La dirección del PO propuso la necesidad de construir una herramienta concreta para la intervención en la lucha electoral de ese año junto a organizaciones que si bien tenían una visión estratégica diferente, representaban frente al activismo sin partido “organizaciones que han rechazado la cooptación del kirchnersimo” en esos años. La idea era canalizar el descontento de la base social que se suponía rompería con el gobierno a medida que éste se viera obligado a aplicar los ajustes que la crisis mundial le imponía para satisfacer el hambre de bancos, empresas de energía y sojeros.
Dejemos de lado que en los hechos ese descontento de la base social del kirchnerismo tardó dos años en procesarse, porque el gobierno piloteó las medidas recesivas para 2012 y 2014, lo que le permitió sacar un contundente 54% en 2011. El corazón del debate no fue ese. El corazón del debate fue la característica del Frente que se iba a impulsar.

Fue una intervención ruda y lúcida, como todas las que he presenciado de Altamira desde 1999. Un estilo muy particular que lo define, para bien y para mal. En primer lugar subrayó con lujo de detalles que las diferencias entre el PO y las otras dos fuerzas no eran ni son superficiales o discursivas, sino de fondo. Es que, como siempre subrayó el PO en toda su historia, la izquierda no se une porque sencillamente no comprende el mundo de la misma forma, su diagnóstico de la realidad no es el mismo y por lo tanto no conciben de idéntico modo las tareas necesarias para transformarlo. Por lo tanto, el FIT no se concibió en sus orígenes como parte de la resolución de esas diferencias de fondo si no como un frente obligado por la circunstancia de no desaparecer de la batalla política electoral.

Los números indicaban que ni el Frente ya existente del PTS, IS y el Nuevo Mas por un lado y el PO por el otro iban a conseguir pasar el 1,4. Ante la urgencia, dos elecciones provinciales apuraban los tiempos. Antes de abril se habían realizado las elecciones a Gobernador en Catamarca y pocos días después del Congreso que narro había que presentar listas para las de Neuquén. En las elecciones de Catamarca Altamira entendía que el Partido Obrero no era visto todavía por la población como el canal para vomitarle su descontento al régimen podrido que se manifestaba descarnadamente en la provincia. Corpacci llegó al poder con fuerzas militantes de similar envergadura y reconocimiento que las del PO, su base social era el movimiento piquetero y había logrado canalizar ese descontento.

Creyendo firmemente en la caracterización del ascenso de la izquierda como repudio al capitalismo en crisis, y aún constatando una corriente de simpatía popular con el PO que había logrado la prisión preventiva de Pedraza encabezando una fabulosa movilización popular, Altamira entendía que existía una chance cierta que el PO no fuera visto todavía por la población como la expresión electoral de ese repudio y que la conformación de un Frente electoral con otras fuerzas era necesaria. Peor aún, el PTS había impuesto condiciones cercanas al ultimátum para la conformación de las listas en Neuquén, desconociendo la dimensión real de las fuerzas de cada agrupación.

Eso en el punto de la coyuntura más mezquina. El verdadero problema que desarrolló ampliamente Altamira en ese Congreso fue el carácter del Frente De Izquierda que se conformaría más allá de las elecciones. ¿Cuál era esa diferencia? El PO nunca se fundó para ganar elecciones, como cualquier partido burgués o pequeñoburgués. El objetivo del PO es la organización de la clase obrera alrededor de un programa de salida a la crisis del capitalismo con un gobierno de la clase obrera que instaure una dictadura socialista, expropiación del capital, desarrollo de las fuerzas materiales y culturales de la sociedad que posibiliten la abolición de la explotación de clase y el comunismo. La participación en la timba electoral de la burguesía siempre se vió como una tarea necesaria impuesta por la realidad, como la participación en las elecciones sindicales o la lucha salarial, no porque se crea que dirigir un sindicato es la meta final sino porque su conquista posibilita el desarrollo de esa conciencia teórico-práctica entre les trabajadores de la necesidad y posibilidad de la dictadura obrera.

En ese sentido Altamira proponía la constitución de un frente electoral con fuerzas que entendía no compartían los objetivos finales y los métodos pero que iba a permitir canalizar el descontento de las masas con el capitalismo hacia un polo político socialista, como primer paso para una experiencia común que hiciera avanzar la conciencia popular hacia la necesidad de organizarse para expropiar a la burguesía, no sólo de los votos y los cargos, sino de las bases de su poder material. Recuerdo bien que en ese Congreso Altamira marcó con claridad el gran riesgo de constituir el FIT  únicamente para safar del 1,4, es decir, con una mirada estrecha, como un frente puramente electoral. La lucha por un FIT que sólo disputase votos y cargos electivos iba a liquidar al PO como organización que se prepara para la toma del poder por la clase obrera, la iba a diluir en una agrupación democrática más, desviándola de su objetivo histórico. La militancia se formaría, así, en el arte del márketin, reduciendo el debate sobre las mejores consignas para desarrollar una conciencia por el poder en una compulsa de creativos para ver qué eslogan pegaba más: las encuestas de opinión iban a reemplazar a la venta del periódico como medida del avance de la conciencia de las clases sociales atraídas por el PO.


Con el diario del lunes


Pasaron siete largos años desde ese Congreso, las hojas beige de mi cuaderno parecen decirme, con sorna, “yo te avisé” y me convocan a la desmoralización. En 2012 Moyano expresó esa ruptura inicial de la base social del kirchnerismo ante el sacudón del aumento al impuesto a las ganancias en los salarios obreros en blanco que anunciaba la microdevaluación de Kiciloff del verano del 2014 y las elecciones del 2013 anunciaron con más fuerza que los 400 mil votos del 2011 la certeza del ascenso del repudio al gobierno nacional y popular que anticipamos en ese Conreso. Para los mismos años, y al calor de la crisis capitalista mundial, la epopeya chavista de la Patria Grande se fue al reverendo carajo, impulsada por la caída de los precios récord de las materias primas que Sudamérica exporta y el derrumbe del castillo de naipes que Lula construyó con las industrias energéticas y de la construcción en todo el subcontinente.

La desmoralización de las masas con el nacionalismo burgués de centroizquierda llega hoy al pozo más bajo, equivalente al paroxismo con el que creyeron ser eternos. La clase obrera industrial más grande y concentrada de América del Sud, la clase obrera paulista, en 2014 se enfrentó en las calles contra la represión de su propio gobierno del PT indignada por los tarifazos en el transporte y el obsceno despilfarro de billones de reais en las obras del mundial. Esa misma clase obrera hoy es llamada a votar al mismo tipo que la reprimía, Haddad, para que no triunfen los soretes que obligaban a Haddad al tarifazo y el despilfarro.

Nadie se volvió maluco, ¿usted en su sano juicio no estaría igual de desmoralizade y confundide? Imagínese pedirle a les laburantes de LEAR votar mañana por Cristina para evitar la victoria de un candidato que promete aplicar el fascismo como salida a la crisis.

Hay un comediante muy agudo en Brasil, Gregorio Duvivier, que explica el fenómeno de los últimos años diciendo con ironía que Saturno está en retroceso. Olvídese de la influencia de la gravedad de las masas planetarias en los destinos energéticos de la humanidad y piense por un segundo en la fuerza gravitacional de las crisis económicas. Efectivamente, los bajos precios de las materias primas y la suba de tasas de interés de la Reserva Federal yanqui han cortado el flujo de plata dulce hacia las economías sudamericanas y lo chupan todo hacia el corazón del imperio. Sin fondos, la nueva “burguesía nacionalista” que inventaron Chávez, Lula, Cristina, Evo, Correa y Mujica a base de fumarse el dinero público por vías legales e ilegales, como hicieron todos los anteriores, liberales y milicos, desde la independencia para acá, es mejicaneada por las empresas yanquis, rusas, chinas y eurpoeas, que exigen para ellas directamente los proyectos de infraestructura y explotación agraria o energética. Se acabaron los odiosos intermediarios, el capital imperial necesita sangre de América Latina porque anda a los trastazos entre sí, de nuevo, y no duda en usar todos los medios a su alcance, constitucionales e inconstitucionales para lograrlo. Bloqueo comercial en Cuba y Venezuela, golpe de Estado a la vieja usanza en Honduras y Haití o golpes constitucionales en Paraguay y Brasil y si se puede con las urnas como en Argentina y Ecuador o incluso con políticos populistas y guerrilleros como en Nicaragua o Uruguay, Saturno ya no gira más a favor de los nacionalistas sino a favor de las ganancias imperiales.

En este marasmo, la conciencia que tenemos las mayorías de la situación mundial y nacional en cada lugar, la conciencia agregada, esa que se ve en las encuestas y las elecciones, una especie de promedio que apelotona todo, y que nunca hay que olvidar que no expresa cabalmente el estado de la conciencia real de las clases y las fracciones de cada clase, se bambolea de un lado al otro del péndulo, segura sólo de que no le gusta más este régimen social de miseria y muerte cotidiana, pero dudando si la va a rescatar el líder con discurso de izquierda o el líder con discurso de derecha. Es como en las avalanchas en una tribuna de la cancha, la presión de las masas empuja y te lleva puesto hasta el alambrado sin que te des cuenta.

La única forma de colaborar en este proceso caótico es intentar mantenerse firme en lo que uno cree, más allá de los bamboleos ocasionales. La burguesía ha demostrado en todas sus variantes, desplegadas con tiempo y recursos suficientes a lo largo de doscientos años, que no puede, incluso cuando ha querido, garantizarle condiciones sensatas de vida a la inmensa mayoría de la población en nuestros países. Todavía peor, lejos de garantizar un salario y vivienda digna, condiciones de higiene y urbanidad elementales, educación y salud, arte y ciencia, nos empuja a la peor de las barbaries, la guerra callejera, el canibalismo social. Las sociedades sudamericanas se pudren, se descomponen, nos vamos transformando en hordas agresivas disputándonos migajas de vida. Los negocios que dan guita están basados en la hiperexplotación, el secuestro, tortura y la esclavitud de mujeres. Las mercancías que mejor ses venden son las esclavas sexuales, la merca y el paco… y las balas.

La situación presente del Frente de Izquierda es la misma de Izquierda Unida en los 90, un rejunte electoral que aprovecha la desesperación del activismo obrero y socialista para chantajearlo y conseguir su disciplina a cambio de nada. La presión de las rentas surgidas de los escaños parlamentarios ha quebrado el centralismo democrático en el Partido Obrero, reconocido por su propia dirección en el Congreso de 2016. El nivel de disputa faccional, es decir, sin principios, preocupada por el éxito mezquino antes que por el éxito del colectivo, es asfixiante. Los retrocesos de las agrupaciones sindicales clasistas en el movimiento obrero organizado son alarmantes, desde el cordón industrial de Zona Norte, diezmado por la represión kirchnerista-macrista con ayuda del faccionalismo trotskista, hasta la situación en gráficos, ferroviarios y docentes, como expresa claramente de nuevo ATEN. La posibilidad de organizar a la militancia obrera revolucionaria alrededor de un programa socialista, no en un partido, siquiera en un Frente Único sindical parece imposible con estos dirigentes, que son incapaces de organizar sistemáticamente plenarios obreros de sus propias agrupaciones, mucho menos podrían hacerlo con agrupaciones por fuera del FIT ni que hablar con compañeres que se acerquen de otras tradiciones políticas o incluso con rupturas del peronismo.

El Frente electoralero se morfó por completo la posibilidad del Frente de lucha y organización. En mi modesto parecer, la perspectiva defendida por Altamira en el Congreso del 2011 comenzó a perder la partida incluso dentro del propio PO después de las PASO del 2015, donde la idea de un frente electoral anticapitalista sin intenciones organizativas y de lucha común en frentes sindicales, edulcorado con un márketin apropiado y luces de neón venció a la propuesta de desarrollar un polo político obrero y socialista. La “renovación” ganó en las urnas y convenció a la dirección del PO que ese era el camino, prueba de ello es que en las elecciones de 2017 los legisladores del PO aceptaran convocar a “los trabajadores, la juventud, las mujeres y la izquierda” como si se tratase de sujetos sociales diferentes luego de haber destrozado esa manipulación demagógica y marketinera desde 2011 hasta 2015. Una corriente de dirigentes jóvenes del PO ha llegado a reivindicar públicamente la vieja consigna de Nahuel Moreno, inspirada en el castrismo, según la cual la vanguardia revolucionaria puede y debe utilizar todas las armas a su disposición para lograr el objetivo de colocarse al frente del proceso político, y una vez desde allí poner esos recursos al servicio del socialismo.

No se trata aquí de sumar insultos y chicanas, si algo tiene de útil la experiencia histórica de la lucha de clases es que nos posibilita comprender los límites y errores de nuestras organizaciones para poder superarlos a tiempo y fluir con el universo a tiempo a ver si dejamos de perder y empezamos a ganar. No se trata de tildar a este o aquel de morenista, altamirista o lo que sea. Se trata de entender que el ascenso de la izquierda, que como viento de cola sirvió y sirve a quien quiera desarrollar una conciencia organizada por la dictadura obrera y socialista, también puede emborracharle de encuestas, votos y gordos sueldos del Estado, falopa que quiebra a cualquiera que no sepa manejarla, que no se haya prevenido de sus efectos y su poder.

Espero que estos apuntes que ahora escribo para entender lo que pasa, mañana no me vengan a pasar factura. Espero que el susto de Bolsonaro sea suficiente para convencer a la parte más honesta de la militancia de izquierda de que es la hora de poner blanco sobre negro y desplegar nuestras fuerzas en un sentido muy distinto del que ha tenido el Frente de Izquierda hasta hoy y que surja en Argentina y el mundo una corriente que pueda enfrentar las presiones y empujar hacia otra realidad.

Nos urge.

#EleNâo