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lunes, 15 de octubre de 2018

Lenguaje inclusivo: por un frente de lucha común contra el capitalismo, el patriarcado y la heteronorma

Reflexiones acerca del Altamira Responde del 8 de octubre de 2018

(https://web.facebook.com/jorge.altamira.ok/videos/175195536690949/)


Considero importante tomar el guante del debate propuesto por Jorge Altamira sobre el lenguaje inclusivo y su potencialidad política por una sola razón, se trata quizás del dirigente con mayor lucidez que ha parido la clase obrera en su lucha contra el capital en el último medio siglo. Incluso hoy, que ha perdido el lugar protagónico que supo tener en la exposición pública representando al Partido Obrero, sigue siendo convocado en los medios masivos de comunicación cada vez que un problema político alcanza una urgencia en el debate popular. Digo más, representa la posibilidad más audaz en la construcción de un partido revolucionario inspirado en el método histórico de la tradición de Marx, Engels, Lenin y Trotsky.

Por eso me parece de vital importancia señalar los severos límites de su posición en el debate abierto sobre el lenguaje inclusivo. Porque la posición expresada en ese video de seis minutos excede a su opinión como individuo y pasará a formar parte del bagaje de argumentos que la militancia y periferia del Partido Obrero tenderá a adoptar.

Seis minutos jugosos


Altamira señala una serie de argumentos para demostrar que el llamado “lenguaje inclusivo” es una acción estéril para lograr el objetivo que se proponen quienes lo utilizan y promueven. Si el objetivo es terminar con la opresión que sufren las mujeres en nuestra sociedad, dice, el lenguaje inclusivo no va a lograrlo. Esa es, en suma, la síntesis de su planteo.

Para demostrarlo señala que el lenguaje inclusivo:
·         no es un lenguaje sino una gramática,
·         se trata de un acto de rebeldía contra la opresión de género que no comprende las raíces de esa opresión,
·         promueve una transformación cosmética de la realidad,
·          se trata de una tautología toda vez que si busca la “inclusión” de les géneros oprimidos en la sociedad capitalista no busca la erradicación de la opresión.

Sin embargo, aunque su exposición parezca invalidar todo el planteo, Altamira cierra el video convocando a las personas que defienden la utilidad del lenguaje inclusivo a mantener abierto el debate ya que considera que son “parte de un mismo frente de lucha”. Se podría tomar esta última contradicción como un acto cínico, ya que vale preguntarse ¿qué tipo de frente común podría mantener Altamira con personas que sólo quieren cambios cosméticos que no impedirían la opresión de géneros cuando él defiende la abolición definitiva de esa opresión y todas las demás que existen en nuestra sociedad? Pero, como une también empeña su vida en la abolición de la opresión de género y de todas las opresiones, y entendiendo que el lenguaje inclusivo es algo más que una gramática y puede coadyuvar en esa lucha, es decir, debido a que yo considero que existe un frente común de lucha entre la estrategia de Altamira y la táctica expresada en el lenguaje inclusivo, tomo el guante y digo esta boca es mía.

Lenguaje, discurso o gramática


En primer lugar vale discutir esta precisión que plantea Altamira sobre que el lenguaje inclusivo no es siquiera un lenguaje, sino un cambio gramatical. Según Altamira, quien no es especialista en el asunto pero tampoco es un iletrado, un lenguaje implica el desarrollo de una serie de conceptos que apuntan a un determinado fin, mientras que el llamado “lenguaje inclusivo” se limitaría a cambiar la declinación de género de las palabras, sin desarrollar un sistema de conceptos.

Esta sola idea, por el tamaño y calidad de su error, demuestra que Altamira no ha terminado de comprender el objeto que critica, ni las intenciones de los sujetos que lo sostienen. Así, paradójicamente, el compañero al mismo tiempo que desnuda su propia incapacidad abre la posibilidad de construir realmente un frente común de lucha con quienes sostenemos la utilidad del lenguaje inclusivo.

Intentaré explicarme en un territorio que tampoco es mi especialidad. Para todas las discusiones específicas sobre el aspecto lingüístico del debate, cuestión de no agarrar la guitarra para hablar de lo que no se sabe, remito al excelente trabajo de Sol Minoldo y Juan Cruz Balián “La lengua degenerada”, publicado en junio de este año en : https://elgatoylacaja.com.ar/la-lengua-degenerada/ y que se puede leer en pdf en https://www.cnba.uba.ar/sites/default/files/novedades/adjuntos/dossier_lenguaje_inclusivo_del_deptos._castellano_y_literatura_y_latin_0.pdf.

Quizás les especialistas en la materia podrían decir que la distinción de Altamira no sea del todo correcta en el sentido de confundir lenguaje y discurso. Quiero decir, me parece que el lenguaje es el sistema de signos y significantes que un grupo humano construye para expresar sus ideas y comunicarlas, mientras que los discursos son aquéllos conjuntos de conceptos que expresan una idea o tesis y que por lo tanto estarían incluidas como variedades de un lenguaje. Pero este no es el centro del asunto.

Tomemos por el lado que vale, Altamira señala que usar “les” en reemplazo de “los” y “las” es una modificación gramatical que no expresa un concepto, por lo tanto que no involucra un discurso. Pero si Altamira se detuviera por un segundo a preguntarse por qué se propone utilizar el “les” en lugar de “los” o “las”, descubriría que detrás de un cambio gramatical se esconde todo un discurso, el discurso elaborado por la “teoría de género”, que comienza a desarrollarse en la academia occidental a fines de los años setenta del siglo pasado, como derivación política de las corrientes posmodernas y que toman características definitivas en la lucha ideológica sobre la problemática de género en los años noventa alrededor de la obra de intelectuales activistas como Judith Butler. Por extraño que pueda parecer, no sólo se trata de un discurso, sino que se trata de un discurso construido por quienes comenzaron a plantear el problema de los discursos en la historia de la ciencia de la comunicación.

¿Qué sistema de ideas propone la “teoría de género”? En síntesis, hablando mal y pronto, la teoría de género plantea que la identidad de género no es una característica natural, es decir, no deviene automáticamente del género impreso en los seres humanos por la biología y la genética, o sea, por los genitales con los que esa persona nació. Según estxs estudiosxs, la identidad de género es moldeada por la sociedad sobre la genitalidad. No somos varones o mujeres porque portamos pene o vagina, ya que la naturaleza no establece en ningún lugar físico qué actitudes, gustos, posiciones políticas o gustos deportivos deben tener quienes tienen pene o vagina. Es la sociedad la que construye ese conjunto de características que dictamina propios de varones y mujeres. Una forma a la vez sencilla y muy disruptiva de resumir el planteo, y que no lo cierra, ojo, es que pueden existir mujeres con pene y varones con vagina.

En su variante más radical, la que abrió Judith Butler en su libro El género en disputa de 1990, la variante “gramatical” que discute Altamira, expresa la posibilidad de una múltiple variedad de formas e identidades de género, mucho más allá del estrecho binarismo varón-mujer, incluso más allá del otro binarismo estrecho de varones homosexuales y mujeres lesbianas. Es que si la identidad de género es una construcción social, su crítica permite a cada persona la famosa “deconstrucción” de la identidad que le fue asignada por la sociedad y la construcción de una identidad propia utilizando las características que expresen de mejor forma lo que esa persona siente que es.

Es por eso que en la evolución del lenguaje inclusivo, las primeras propuestas para superar el estrecho límite del plural masculino que hace invisible la existencia de las mujeres -el uso de “los/las” o las arrobas “@”- fue reemplazada por las “x” y la “e”. Mientras que los plurales “/as” y las arrobas permitían volver a colocar a las mujeres en los plurales, el uso de letras que marquen un plural de géneros neutro implica asumir que existen mucho más de dos o cuatro géneros posibles de personas. Como muestra de este debate, la comunidad que milita por los derechos de les géneros oprimidos por la sociedad patriarcal ha ido incrementando las letras que les identifican, pasando de una primera designación básica de Lesbianas y Gays a la actual que incluye Lesbianas, Gays, Transexuales, Travestis, Bisexuales y últimamente se agrega el signo “+”, proponiendo las múltiples posibilidades de identidades de género. 

Ese cambio gramatical expresa un salto de calidad en cantidad para utilizar un concepto caro a la tradición filosófica que defiende Altamira, la dialéctica hegeliana. Es una modificación gramatical que expresa un discurso político. Y, digamos todo, un discurso político profundamente revulsivo. Ya que si cada persona puede desligar su identidad de género de aquella asignada por la biología, millones de seres humanos podríamos negar la necesidad de hierro de relacionarnos afectiva y sexualmente en el estrecho margen de la concepción binaria, es decir, la heterosexualidad. Si mis genitales no me obligan a desear necesariamente al género biológicamente opuesto al mío, no estoy obligado por la naturaleza a mantener relaciones heterosexuales, pudiendo por lo tanto desviar mi deseo conscientemente hacia otras opciones, inventando un interesante y variado menú de conductas sexuales que pueden incluir, o no, la heterosexualidad.

Quienes mejor han comprendido lo revulsivo de esta forma de pensar el género han sido los intelectuales de las religiones de Estado, a la cabeza el Vaticano. En uno de sus primeros discursos públicos, el recientemente elegido Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana, Jorge Bergoglio, (alias Francesco I, o Papa Pancho Primero para decirlo en criollo), en el corazón de su primer gira internacional destinada a intervenir en la crisis política abierta por la producción y distribución de petróleo en la cuenca del Cáucaso, en la ciudad de Georgia (donde entre otras personas nació Stalin), por primera vez señaló a la teoría de género como una de las expresiones modernas del diablo (véase que hace rato pienso el problema en mi artículo de octubre de 2016: “Dios, familia y negocios ¿quién es el enemigo?” en http://santoscapobianco.blogspot.com/2016/10/dios-familia-y-negocios-quien-es-el.html).

Es sabido que el Vaticano gusta de usar al diablo como metáfora clara y popular para designar a los enemigos principales de la comunidad católica, poniéndole el cascabel al gato en la búsqueda de orientar la inagotable capacidad de odio de su feligresía y el trabajo de sus profesionales adictos en todos los campos. Bergoglio coloca a la Teoría de Género como enemigo principal por una razón muy sencilla: porque socava la concepción sagrada que establece a la familia heterosexual como la única forma de relación sexual y afectiva que debe relacionar a la especie humana.

Ya no se trata sencillamente de “admitir” los derechos a existir de personas que han decidido relacionarse por fuera de la familia heterosexual, homosexuales y lesbianas, la teoría de género permite pensar que la heterosexualidad no tiene bases científicas para erigirse como la norma natural. Si este planteo se desarrollase fuera de las academias, se espanta Pancho I, difundiéndose en las escuelas primarias y secundarias obligatorias y llega a todas las familias, si se llegase a “permitir” a cada persona pensar que es posible construir una identidad de género y una sexualidad por fuera de la heterosexualidad, la humanidad dejará de reproducirse y la familia heterosexual dejará de ser para siempre el principal regulador de las relaciones emocionales y materiales. ¡Vade retro Satanás! ¡Dios no lo quiera, ni lo permita!.

Eso explica que las expresiones contemporáneas del fascismo encarnadas en Bolsonaros y Cecilias Pando del mundo entero coloquen tanto énfasis obsesivo en el ataque contra la comunidad LGTBI+, la Educación Sexual Integral y los derechos constitucionales al matrimonio no heterosexual, la adopción y el aborto.

Por eso considero que así entendido, el concepto político que se expresa en el discurso del lenguaje inclusivo propone un frente común de lucha con Altamira, representante de un discurso político (que además y por sobre todo ha encarnado con mucho esfuerzo en una praxis política revolucionaria, es decir, en la construcción de un partido internacional) que comprende mejor que nadie que el Vaticano tiene la función de ser gendarme de la familia patriarcal como el metabolismo fundamental de la explotación de clases.

Hablemos de lo que importa: heteronorma


Mi principal crítica a los seis minutos de Altamira Responde es esta: se critica al lenguaje inclusivo pretendiendo que se limita a visibilizar la opresión de las mujeres en la sociedad patriarcal. Pero como hemos visto, el uso de “les” va tanto más allá de cuestionar la opresión del patriarcado sobre el género femenino, plantea la opresión de todes les géneros posibles. Lo que cuestiona entonces el lenguaje inclusivo en su versión moderna no es solamente la invisibilización de las mueres en el lenguaje, sino la existencia en nuestra sociedad de una imposición férrea, la relación biológica entre genitalidad y conductas sexuales permitidas. Altamira lo reconoce en varias oportunidades aunque no lo desarrolla. Lo mejor del video está en esta figura que Altamira usa para referirse con simpatía hacia el lenguaje inclusivo:

“Entiendo que es un acto de rebeldía, alguien que dice ´no me siento incluido, a mí me joden la vida, me discrimina, me acosa, etcétera, etcétera… y me rebelo…”

Qué pena que Altamira no haya tirado de la piola de ese “etcétera” un poquito más. Efectivamente, cuando una persona siente que la lastiman y aún sin tener del todo claro por qué, sólo ha llegado a la comprensión de cómo y por dónde le “joden la vida”, grita dónde le jode y cómo le joden. Cuando alguien con la empatía de Altamira por el sufrimiento humano escucha un grito de rebeldía y entiende que es genuino aunque cree comprender que todavía no ha descubierto las raíces que explican los intereses materiales y políticos de ese sufrimiento, corresponde, antes de señalar esas raíces, tomarse al menos el trabajo de oír bien el grito.

Parece que la experiencia nefasta del estalinismo no fue suficiente en la izquierda para mejorar el oído ante los gritos de rebeldía. Lo de Altamira me recuerda las imposturas sobre el rock, un grito de rebeldía que no comprende las raíces de la sociedad careta que critica y por eso no alcanza con ir a recitales, usar chupines y borcegos, poquear o “tocar la guitarrita” para transformar la sociedad. Ahora bien, la historia nos señala que la juventud ha sido profundamente atravesada por cuarenta años del grito rebelde del rock, y de otras expresiones artísticas de masas, que si no han transformado las relaciones de producción sin duda han transformado la conciencia y la vida de millones de jóvenes en todo el mundo, y de la gran mayoría de quienes han puesto el cuerpo a la lucha contra el Estado en las calles de nuestro país. Buena parte de la militancia juvenil del PO que combatió en el Argentinazo llegó al PO después de pasar por el Heavy Metal, el ska y otras variantes muy politizadas de la música. Vale decir que si une no entiende al peronismo no entiende a la clase obrera en Argentina, si no entiende el rock no va a entender nunca a sus hijes. En este punto y en el relativo al consumo de sustancias psicoactivas como la marihuana y la cocaína, no es de extrañar que la dirigencia del PO comprenda muy poco a su propia base militante, viendo cómo se enfrenta a los gritos de rebeldía que “no transforman la realidad”.

Volvamos al problema de género. Altamira se ha detenido en comprender que se trata del grito de rebeldía de las mujeres, cuando en realidad se trata del grito de rebeldía iniciado con valentía por las mujeres y que hoy gritamos todes quienes nos sentimos atacados por una ley de hierro de nuestra sociedad, la que nos obliga a mantener relaciones sexuales y afectivas heterosexuales para sentirnos “normales”. Esto, que para quienes no lo han sufrido aún en su vida puede parecer un signo de debilidad de carácter, verbigracia, una “mariconeada”, no es ninguna banalidad. La percepción de que el deseo de une es “anormal”, una desviación incorrecta de lo que debe ser, una aberración contra la naturaleza humana, puede llevar a una variada cantidad de problemas sicológicos que van desde la frustración sexual y emocional a la depresión, la esquizofrenia y pueden terminar en el suicidio. Y no se trata sólo de un problema de percepción individual, se trata de todo el sistema ideológico social ejerciendo un conjunto de presiones concretas y materiales que oprimen la sensibilidad y la conciencia de la persona, obligándola a encorsetarse en las formas de relación heterosexuales o quebrándose. Para quien no se haya dado cuenta, estamos discutiendo sobre la sexualidad, el punto de contacto físico entre las personas de la especie, la base material de nuestro sistema emotivo y psicológico, la piedra fundamental de nuestra personalidad. Moco é pavo, ¿né?

El grito de rebeldía que se expresa en el lenguaje inclusivo, si tiene algún aspecto revolucionario es éste: denuncia la opresión que sufrimos quienes nos negamos a seguir aceptando la heterosexualidad como norma, como ley. Denunciamos el nefasto rol de la heteronorma como causa de nuestras desdichas, de la destrucción de nuestra psicología, es decir, de nuestra conciencia y por lo tanto de nuestra existencia material.

Altamira, escucha por favor


¿Por qué una mente que ha demostrado sobradas veces una plasticidad y sutileza gigantes a la hora de pensar las manifestaciones más complejas de la realidad humana como Altamira ha pasado por alto este “etcétera”?

Stephen Jay Gould, el palentólogo que tuvo el mérito de revolucionar la teoría de la evolución natural de las especies en el siglo 20 y de inspirar a les creadores de Los Simpson, examinó en detalle la producción científica de todos los que creyeron demostrar los conceptos del racismo y el machismo, a saber, que los varones de raza blanca europeos son superiores por naturaleza a todos los varones y mujeres de todas las demás razas… y a todas las mujeres de raza blanca europeas. Su esfuerzo es digno de mención porque superó la crítica superficial que se detiene en el problema moral, es decir, que quienes piensan así son unos soretes.

En su La falsa medida del hombre, de 1981, Stephen J. Gould fue al corazón del alcaucil, descubrió que muchos científicos no eran unos soretes y aún así desarrollaron experimentaciones que parecían demostrar que el racismo y el machismo eran verdades comprobables y no pura ideología. Gould realizó de nuevo todos los experimentos, uno por uno, y tuvo el prurito de usar las posibilidades técnicas a las que accedieron estos científicos en su época, sin echar mano de tecnologías descubiertas después. Descubrió que todos esos experimentos no eran determinantes en sus conclusiones pero que sin embargo los científicos que los realizaron no se dieron cuenta de los errores. Su conclusión es muy interesante para pensar los límites y posibilidades no sólo de la ciencia sino de todo pensamiento. Descubrió que muchas veces la ideología de les científicos actúa como una anteojera que impide admitir conclusiones distintas a su matriz de pensamiento.

Cabe preguntarse si es posible que Altamira no pueda superar los márgenes de posibilidad de su propia matriz filosófica, el marxismo, en lo tocante al problema del género. Porque tenemos que decir que los fundadores de la praxis marxista, Karl Marx y Friederich Engels fueron los primeros en la cultura de occidente en demostrar y denunciar el rol clave del patriarcado en la construcción histórica de las sociedades divididas en clases sociales que explotan a otras. Allí están El Capital y El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado para demostrarlo. No es producto del oportunismo o la demagogia que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas haya sido el primer Estado en cinco mil años en decretar las leyes necesarias para garantizar los derechos de las mujeres y la posibilidad concreta de la abolición de su opresión por los varones. Lenin, Trotsky y Kollontai no surgieron de un repollo sino de la hermosa flor que cultivaron Marx y Engels en su jardín.

No obstante, la crítica marxista a la familia se detiene en su carácter de metabolismo social básico que reproduce las condiciones materiales y conscientes que necesitan las clases explotadoras en cada etapa de su devenir histórico para garantizar la explotación de las clases explotadas. Engels destruye la necesidad científica que pretende la burguesía en el sostenimiento de las mujeres oprimidas dentro de la familia burguesa pero no llega a destruir del mismo modo la necesidad natural de la heterosexualidad. Luchar por la libertad de las mujeres a gozar de los mismos derechos de los varones sí y aunque desconocemos si llegó a decir algo de los derechos de las personas homosexuales, bisexuales, travestis o lesbianas, estamos seguros de no haber leído ninguna línea donde se plantee o se pueda deducir una crítica a la necesidad de la heteronorma.

¿Podría o debería Engels haber cuestionado la forma en que la biología impone las relaciones sexuales necesarias para reproducir a la especie cien años antes de que existiesen las condiciones tecnológicas que la hacen posible? Ni lo sabemos ni creemos justo señalárselo. Pero Altamira no piensa y lucha en las épocas que debió hacerlo Engels. Ahí va una linda pregunta para el Altamira Responde: ¿es la heterosexualidad una condición indispensable para la reproducción de la humanidad desde el punto de vista socialista?

Y llegados a este punto vale criticar seriamente al PO. Una crítica seria debe “retener lo positivo y negar lo que no sirve” según reza el axioma hegeiano. Me tocó vivir intensamente el debate anterior provocado por Atamira sobre los problemas de género. Todes quienes han llegado hasta aquí seguramente recuerdan el famoso tuit de Altamira del 1 de junio de 2016: “La trata de mujeres no es machismo: es la explotación capitalista organizada de mujeres y niña/os”. (Nótese que el compañero usó una variante de “gramática inclusiva” aunque incorrecta, lo correcto hubiese sido “niñas/os”). El tuit de marras provocó lo que buscaba, un explosivo debate entre todas las agrupaciones y personas físicas que participamos activamente del segundo “ni una menos”, en el aniversario del primero del 3 de junio de 2015.

Altamira evidentemente quería meter una cuña en un movimiento de masas como hacía añares no se veía y que estaba siendo dirigido por el sentido común progresista de la “batalla cultural” kirchnerista, al punto que costó muchísimo dirigir la concentración de ese día hacía Plaza de Mayo, para responsabilizar “simbólicamente” pero en concreto al Estado y al gobierno de Cristina. Desde el kirchnerismo y desde agrupaciones de izquierda en teoría aliadas al PO se intentó aprovechar los límites expresivos de un tuit para achacarle a Altamira la negación de la ideología machista o incluso de la existencia misma del patriarcado.

Fuimos varies quienes tuvimos que sostener una lucha a brazo partido para defender el enorme acierto de la provocación. Explicamos una y otra vez, hasta el hartazgo, que la existencia de las redes internacionales de secuestro, tortura y esclavización de mujeres y niñes (es más sencillo de escribir y de leer, ¿o no?) tienen en la actualidad un despliegue y poder nunca alcanzados en la historia humana debido a que son uno de los únicos negocios que generan enormes ganancias en medio de la crisis capitalista. Que existen no sólo porque vivimos en una sociedad patriarcal y rabiosamente machista, sino porque además expresan una forma concreta de acumulación en este período histórico concreto. Para derribarlas entonces no alcanza solamente la crítica, correcta, justa y necesaria, al patriarcado y al machismo, sino algo más concreto, derribar al Estado capitalista, sus leyes y democracias, sus dictaduras, sus bancos y empresas de comercio y transporte, etc. Quienes sabiendo esto se limitan a promover la crítica a la cultura patriarcal están desviando de la genuina angustia de las personas que deciden militar activamente contra la trata de las raíces que la hacen posible.

De tal forma me comprometí en el debate, que puedo dar fe del despliegue de los mejores cuadros del partido en el esfuerzo de aportar lecturas y pruebas para sostener nuestros argumentos en una batalla que fue ciertamente colosal. No fue suficiente la cita de Engels, hubo que demostrar a toda una caterva de diletantes la extensa y profunda producción teórica del marxismo en más de cien años sobre el problema de la explotación de clases y el género. La mayoría de las críticas “progresistas” mostraban su ignorancia del asunto, acusando al marxismo de no comprender que el patriarcado es pre-existente al capitalismo, cuando fueron Marx y Engels hace más de cien años quienes demostraron que la familia patriarcal, el matrimonio y la prostitución fueron los pilares de la construcción de sociedades de explotación de clases.

Por eso fue que descubrí una paradoja notable que vale la pena traer a este debate ya que entiendo puede iluminar otras raíces y desbrozar otros terrenos. En los órganos de base en los que me tocaba militar en esos años pude descubrir que nuestra propia militancia o bien minimizaba la importancia del debate o, peor, no lograba comprenderlo. Descubrí lo que todo docente medianamente experimentadx y honestx sabe: no todo lo que se pretende enseñar efectivamente se aprende.

Aunque en los estatutos partidarios era obligatoria una formación teórica mínima para considerar a unx militante como miembrx plenx, casi nadie había estudiado el noveno capítulo de El origen de la familia de Engels. Una prueba de los severos límites de formación que nuestra organización ya empezaba a sugerirnos en esos años, contradiciendo una de las características históricas de la militancia del PO que todo el mundo reconocía. Paradójicamente, ese año se publicó un folleto del Plenario de Trabajadoras, la agrupación femenina dirigida por el PO, en el que se publicaba un excelente artículo de 2010 de una intelectual y activista de renombre en la academia occidental, la italiana Cinzia Arruzza: “Las sin parte. Matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo”
(creo que tode militante debería estudiar este texto antes de emitir pinión sobre el feminismo https://puntodevistainternacional.org/images/pdf/TripaCA-6%201.pdf). Casi todo lo que he dicho aquí sobre la teoría de género, sus orígenes y alcances, incluso mi posición esencial en este debate sobre “el discurso de género” lo aprendí leyendo ese artículo.

Recuerdo que incluso compañeras que aprecio ningunearon ad hominem la posición de Arruzza en los mismos términos que Altamira ningunea el lenguaje inclusivo: se trata de debates académicos alejados de la lucha de clases real. Altamira no desconoce el rechazo mundial de la izquierda contra el posmodernismo a la Deleuze, nutriente elemental de las corrientes autonomistas que batallaron veinte años contra la construcción de partidos revolucionarios de corte leninista (“tomar el poder sin tomar el poder”) que tuvo su expresión en el “feminismo de la diferencia” de origen lacaniano y limitado a una inacción política casi total.

Sin renegar de esa importante lucha que dimos en los noventa contra el podmodernismo en los claustros y los sindicatos, vale reconocer que Judith Butler y otres como ella, elaboraron sus posiciones teóricas de la misma forma que Marx, para desarrollar la conciencia de los colectivos LGTBI+ que daban una dura batalla, en las calles, contra la opresión de género del Estado yanqui bajo la reacción reaganiana, calles en que no había organizaciones leninistas o trotskistas, políticas ni sindicales, combatiendo a la par. Lean la explicación de Butler en su prólogo de 1999:

“Hay un elemento acerca de las condiciones en que se escribió el texto que no siempre se entiende: no lo escribí solamente desde la academia, sino también desde los movimientos sociales convergentes de los que he formado parte, y en el contexto de una comunidad lésbica y gay de la costa este de Estados Unidos, donde viví durante catorce años antes de escribirlo. A pesar de la dislocación del sujeto que se efectúa en el texto, detrás hay una persona: asistí a numerosas reuniones, bares y marchas, y observé muchos tipos de géneros; comprendí que yo misma estaba en la encrucijada de algunos de ellos, y tropecé con la sexualidad en varios de sus bordes culturales. Conocí a muchas personas que intentaban definir su camino en medio de un importante movimiento en favor del reconocimiento y la libertad sexuales, y sentí la alegría y la frustración que conlleva formar parte de ese movimiento tanto en su lado esperanzador como en su disensión interna. Estaba instalada en la academia, y al mismo tiempo estaba viviendo una vida fuera de esas paredes; y si bien El género en disputa es un libro académico, para mí empezó con un momento de transición, sentada en Rehoboth Beach, reflexionando sobre si podría relacionar los diferentes ámbitos de mi vida.”


Me recuerda la anécdota de Marx en el Prólogo a su Contribución a la crítica de la economía política donde explica las motivaciones personales que lo llevaron a pergeñar el materialismo dialéctico. Quizás si nuestro querido Karl hubiese frecuentado más los bares y dado rienda suelta al cuestionamiento de su propia sexualidad hoy contaríamos con aportes muy interesantes para pensar el problema de género, pero la realidad es que no lo hizo y que del tema durante muchos años debieron ocuparse exclusivamente “les odioses posmodernes”.
La propia Arruzza fue una figura clave en la organización de la huelga internacional de mujeres del 8 de marzo de 2017 en el corazón del imperialismo, en Estado Unidos. Esas academicistas posmodernas pequeñoburguesas sí te quiero robar.

Pero más allá de este detalle, lo que me preocupa es que Altamira no haya escrito nunca acerca del problema teórico más interesante que propone Arruzza al final de su artículo, la idea según ella que permite estructurar un frente de lucha común entre el marxismo “ortodoxo” y la teoría de género de Butler. Que lo diga Arruzza que lo dice mejor:

“La teoría queer quiere pues deconstruir el género, al igual que el socialismo se propone deconstruir la clase, en la medida en que en la praxis política el problema de la identidad se plantea en ambos casos, pero más bien orientado hacia la superación final tanto del género como de la división en clases. A partir de este carácter transformador y deconstruccionista común, es posible plantear la hipótesis de una combinación de socialismo y deconstrucción capaz de atacar conjuntamente la injusticia económica y la cultural, ofreciendo respuestas tanto en el plano de la redistribución como en el del reconocimiento.
Esta combinación es tanto más necesaria en la medida en que la opresión de género y la racial no son reductibles a una u otra forma de injusticia, sino que están constituidas por ambas.”


Qué lindo sería, ¿no? Digo, encontrar la llave teórico-práctica para hacer efectivo ese “frente de lucha común” entre el discurso contra la heteronorma y el marxismo revolucionario.

Pero Altamira no ha dicho nada sobre este planteo, hasta donde yo sé (reconozco que no he tenido oportunidad de leer la última En defensa del marxismo que entiendo ha sido dedicada al debate con el feminismo, pero como soy un paria nadie me la alcanza). Claro que no debemos hacer cargo al hombre de todas las cosas que no han sido dichas y pensadas por su corriente. En todo caso este debate me ha servido para comprender que uno de los límites del PO está en que Altamira concentra casi todas las funciones en la lucha teórica y propagandística, mientras que el resto de los “cuadros” están aplastados en las tareas organizativas y de agitación, que también son importantes en lo intelectual, no me arrastren a ese debate hediondo y superado (en el que también estuve equivocado). No es un problema único del PO aunque aquí tampoco el mal de muchos es consuelo para nadie y entiendo que una organización que se ha destacado en la dura tarea de organizar al proletariado en el combate contra el Estado durante medio siglo y tres dictaduras fascistas no tiene nada fácil la formación de cuadros teóricos y propagandísticos. Sea como sea, el problema parece ahondarse cuando tenemos que esperar que Altamira trabe, recupere, gambetee, tire el centro, cabecee y ataje.

Honestidad intelectual: los abismos del debate


Dejemos de lado la solución de ese problema teórico, la relación entre género y socialismo, ya que nosotres mismxs no tenemos una posición definitiva. Quiero decir, no es honesto intelectualmente cuestionar a nadie sobre posiciones que une misme no ha terminado de elaborar (aunque recomiendo una de las resoluciones posibles que imaginé en mi nouvelle electrónica Resurrectxs, donde imagino un futuro apocalíptico en el que se admite la mayor amplitud de conductas sexuales e identidades de género a cambio de la mayor forma de explotación de la clase obrera de la historia humana). Pero sí podemos gritar nuestra rebeldía contra quienes no terminan de comprender todo el daño que la imposición de la heteronorma genera en nuestras sensibilidades, psicología y existencia material. Y Altamira ha dicho muchas cosas en sus seis minutos sobre la utilidad de nuestro grito pero ninguna sobre el daño que la heteronorma provoca en general. Esto ya es un déficit importante. Pero es mucho peor si consideramos el daño que la ideología heteronormativa viene provocando al interior de la organización política que Altamira ha construido dedicando casi toda su vida, que nos ha provocado, si se me permite el tono autobiográfico.

Porque a esta altura de las cosas ya sería un prurito hipócrita decir que la militancia del Partido Obrero y de casi la totalidad de las organizaciones políticas, sindicales y culturales de la izquierda argentina, no tienen un grave problema de opresión machista en su interior. Y me refiero sólo a las organizaciones que se autodenominan de izquierda no porque desconozca que el machismo de las que se incluyen como defensoras del régimen social democrático capitalista no lo tengan, qué va. Si no porque entiendo que esas organizaciones (incluyamos obviamente las religiosas a la cabeza) incluyen dentro de su concepción fundacional un discurso que no sólo admite la sacralidad del patriarcado, la heteronorma y el machismo sino que promueven su aplicación. Allí la opresión de les géneros disidentes es una aberración coherente, mientras que une debería estar de acuerdo que en las organizaciones que pretenden abolir la explotación de clases y toda forma de opresión humana el machismo debería considerarse una aberración incoherente con sus principios fundacionales (esta posición con detalle y profundidad en mi artículo de febrero de 2017 “Me arrepiento de este amor” en http://santoscapobianco.blogspot.com/2017/02/me-arrepiento-de-este-amor.html)

El grito rebelde contra la heteronorma no ha sacudido solamente las sensibilidades y conciencias de la sociedad argentina con excepción de las organizaciones que pretenden revolucionar las bases de esa sociedad sino que, obviamente, también las interpela. Incluso concediéndole al Partido Obrero que todas las denuncias de abuso psicológico y carnal que han tomado estado público en las redes sociales son simples mentiras elucubradas por personas siniestras capaces de la peor calaña con tal de destruir su organización, deberíamos admitir que el PO no escapa a la posibilidad cierta de contener en su seno elementos machistas capaces de abuso y violencia contra mujeres y personas de distintos géneros oprimides. Pues Altamira ha perdido seis valiosos minutos para desenvolver una serie de elementos argumentales que permitiesen a la militancia y periferia de su organización desarrollar una conciencia clara contra la violencia que producen el machismo y la heteronormatividad.

Todo lo contrario, Jorge Altamira y otres camaradas del PO llevan un tiempo publicando posiciones sobre el debate del lenguaje inclusivo mientras que ningune de elles han dicho una coma sobre el documento firmado por casi todas las dirigentes mujeres del PO donde se hace una defensa del “anti-punitivismo” para invalidar los escraches como método y llegar al delirio teórico de plantear que han encontrado un método para regenerar violadores. No se trata este texto de un comentario aislado ni un lapsus pasajero, sino de un documento que establece una posición teórica y práctica programática, que sin embargo no han impreso ni agitado en volantes; documento, alguien tiene que decirlo, que además viola los Estatutos del PO, ya que se trata de una posición propuesta por el Comité Ejecutivo del CC en el debate precongresal de 2017 que fue rechazada en el Congreso por les delegades y que sin ningún reparo moral se impuso como línea oficial cinco meses después de dicho Congreso. También me tomé el tiempo de enfrentar ese documento en mi artículo de setiembre de 2017 “Documentos con doble filo” en http://santoscapobianco.blogspot.com/2017/09/documentos-con-doble-filo.html.

Con toda humildad, Altamira debería escuchar más de qué se trata nuestro grito de rebeldía antes de criticarlo con tanta liviandad. Y sobre todo debería trabajar con la mirada puesta en combatir los terribles crímenes de lesa humanidad que se desarrollan contra las compañeras del PO mientras sus encubridorxs siguen repitiendo cantinelas contra el feminismo y la teoría de género propias de Cecilia Pando antes que de herederos de Trotsky.

“En toda rebeldía hay una simiente de salida”


Claro que sí. Jorge Altamira ha sido nuestro maestro y el de centenares de camaradas que han contribuído con su vida a la lucha por la emancipación humana en estos últimos cincuenta años. 
Entre los muchos aspectos que caracterizan la importancia ineludible de su capacidad formativa, uno de los que más han convocado nuestra admiración siempre, es algo que él mismo se ha cansado de subrayar en les grandes revolucionarios de la historia humana. En esta entrevista vuelve a hacerlo, casi al final. Presten atención cuando señala que hay una gran variedad de discursos posibles, cada cual con sus leyes propias, y ejemplifica la contradicción, ya que discursos diferentes como el político y el poético, a los que se les deben exigir cosas diferentes, pueden imbrincarse, potenciándose mutuamente. Efectivamente, une ha escuchado discursos políticos cargados de una poética que además de ganarnos para la lucha y desarrollar nuestra conciencia, nos emocionan cada fibra de nuestro ser. En el mismo acto seguido, el propio Jorge hace gala de un hermoso ejemplo. Une podría tatuarse su frase “en toda rebeldía hay una simiente de salida”. Claro que sí.

Supongamos que la simiente de salida del grito de rebeldía que se expresa en el lenguaje inclusivo sea parecida al menos a la que hemos desarrollado aquí, una crítica de la heteronorma en la sociedad capitalista. O supongamos que no, no importa. Me interesa señalar otro defecto del planteo de Altamira en estos seis minutos de youtube tan ricos. Porque si es cierto como él mismo señala que “no vamos a ningún lado con una expresión de rebeldía que no ha comprendido la raíz de la opresión y los métodos políticos para intervenir contra esa opresión” todavía queda por ver cómo un “grito de rebeldía” que “comprenda la raíz de la opresión y señale los métodos políticos” para erradicarla puede ayudar en algo.

Si quienes defendemos que el grito de rebeldía apunta a una de las raíces de la opresión, la heteronorma, y también lo entienden así los que riegan esas raíces, el Vaticano y los Bolsonaros del mundo, queda por discutir todavía si el grito sirve de algo. En otro planteo cuestionable del video, Altamira dice que el lenguaje inclusivo pretende una modificación cosmética de la realidad social y bien luego también dice que el lenguaje inclusivo no cambia la realidad.

Ningún discurso por sí solo puede cambiar la realidad material. Ni siquiera la de un individuo. Ahí están los que promueven una “nueva masculinidad” centrada en el “varón deconstruido” como ejemplo. En las redes se viralizan todos los días miles de denuncias que vienen a demostrar que los cambios superficiales en ciertas conductas sociales no impiden que esos varones continúen desarrollando actitudes abusivas contra otras personas, en su mayoría mujeres heterosexuales con la que sostienen relaciones sexo-afectivas. Detectar y deconstuir conductas de seducción, utilizar atributos exteriores considerados culturalmente femeninos (pintarse las uñas, usar polleras, otros), aceptar las condiciones de movilización que imponen ciertas agrupaciones feministas a varones “aliados”,  no alcanzan para dejar de ser un varón violento, de verba o de puño. Si un varón que ha sido criado y formateado en su más profunda sensibilidad y conciencia para reproducir el patriarcado y el sometimiento de las mujeres y otres géneros disidentes de la heteronorma no violenta hasta la última raíz de esa estructura interna, siempre que se vuelvan a presentar las circunstancias necesarias y suficientes, volverá a recaer en el machismo para el que fue programado.

Salvo les idealistes, o sea, quienes creen que las ideas crean el mundo, nadie en su sano juicio materialista puede creer que un lenguaje o discurso puede por sí mismo modificar la realidad. Si Altamira pretendía criticar exclusivamente a les intelectuales, artistas, científicxs, docentes y profesionales que suscriben la “batalla cultural” como forma máxima y exclusiva de la lucha contra el patriarcado, suscribimos. Y no sólo existen personas que pretenden que la ESI va terminar con el machismo, sino que son quienes dirigen las preocupaciones de la mayoría del activismo militante contra la violencia de género. Por eso nunca va a ser poco lo que se diga contra esta estrategia.

Si los doce años de “deconstrucción de masas” que ha alentado el gobierno kirchnerista no alcanzan para demostrar lo poco que ha cambiado la conciencia social de raíz, podemos dar ejemplos concretos. El matrimonio igualitario no ha dado paso al derecho real a la adopción de parejas no heterosexuales, las leyes de inclusión laboral para personas transexuales no se han extendido y donde existen no se aplican, o sea, no existen tampoco donde han sido votadas. Asistimos con pavor al resurgimiento de agrupamientos de choque liderados por las iglesias católica y evangelistas que no sólo han logrado el rechazo del aborto legal por el Senado, o sea, por vías “democráticas”, sin necesidad de vías democráticas menos democráticas como el veto presidencial o abiertamente dictatoriales como un golpe de Estado, ahora van contra la aplicación de la ESI en las escuelas confesionales y ya envalentonados promueven la denuncia de alumnes y estudiantes o sus familias de cualquier docente que utilice lenguaje inclusivo en el aula o dicte temáticas relacionadas con la ESI. Doce años de “batalla cultural”, manuales de ESI impresos y distribuidos por el Estado, cursos, seminarios, carreras nuevas, etc. no han logrado cortarle el pescuezo al poder concreto y material delas minorías machistas, patriarcales y reaccionarias de nuestra sociedad. Y eso se explica porque el mismo gobierno evitó todo lo que pudo, destruir al mismo nivel los recursos materiales con los que se alimentan los discursos de odio en nuestra sociedad. ¿Quiere un ejemplo más terrible? Lea las propuestas de Bolsonaro contra la Educación Sexual promovida por el ex-ministro de Educación del corrupto PT, Haddad y la explosión de bandas de choque fascistas después de su victoria electoral y tomará dimensión de lo que estamos debatiendo. Interiorícese de quién fue Marielle Franco y las razones de su cobarde asesinato.

En una escuela secundaria donde trabajo hace más de una década, profesores católicos que fueron removidos de funciones de tutores de curso por denuncias de “excesiva confianza e intimidad” en el trato con alumnas adolescentes han vuelto a esas funciones después del 9 de agosto tironeando del reglamento a su lado. En esa misma escuela les docentes más progresistas estamos debatiendo que cinco años de ESI sistemática no han podido detener el resurgimiento constante de la violencia de género, contra alumnes y docentes, y una de las conclusiones es que si no forjamos organismos que sostengan una lucha sistemática, como asambleas interclaustro, comisiones de género en el Centro de Estudiantes, etc. nunca vamos a poder derrotar en la lucha concreta contra el gobierno y sus reglamentos lo que denunciamos tan bien con nuestros discursos.

Altamira se equivoca fiero si entiende que quienes defendemos la utilidad del lenguaje inclusivo, o para decirlo con precisión, el discurso de género contra la heteronorma, somos idealistas que no queremos luchar en serio. Hace poco en las redes sociales comenté mi propia experiencia como militante revolucionario. Me tocaba redactar los volantes de una agrupación sindical en el frente que laburo, el docente. Mucho antes del uso de la “e”, en la época de las arrobas, me enfrascaba en largas discusiones con mis camaradas sobre el evidente despropósito de usar el plural masculino (los docentes porteños debemos… tenemos… etc) cuando nos dirigíamos a un gremio abrumadoramente femenino. Entendía que usar “los y las” era una concesión discursiva al gobierno kirchnerista, mientras que el uso de la arroba además de serlo a las corrientes autonomistas antisindicales era impronunciable, pero se me discutía hasta el muy respetable por la RAE “/as”.

No se trata de un debate pedorro de un militante desviado por el idealismo, sino el debate propio de cualquier persona más o menos honesta que quiere desarrollar una comunicación amistosa con las compañeras que pretende organizar. Quiero decir, hay determinados niveles de la lucha donde corresponde detenerse en el uso de las palabras. Me imagino que Altamira no pretende discutir la importancia de las palabras para quienes se dedican a la literatura o el sicoanálisis.

Otro aspecto del mismo problema. Altamira responde que además de todo, el lenguaje inclusivo es una tautología, o sea que queriendo morder al patriarcado termina mordiéndose la cola. Según él, un discurso que pretenda terminar con la opresión de género no debería plantearse la “inclusión” de les géneres, ya que si el oprimide pretende dejar de serlo es un suicidio exigir ser incluido por un sistema como el capitalista, patriarcal, que vive de oprimir. Recuerdo una compañera que siempre discutía que no teníamos que exigir “sueldo digno” porque un sueldo digno bajo un sistema de explotación de les asalariades reconocía la explotación. Es un viejo debate en el que podría contestarle a Altamira lo mismo que él nos enseñó miles de veces. En el largo y tortuoso camino de luchar por el socialismo, es de marcianos pararse frente a las masas con un megáfono y recitar el capital. El éxito de una construcción política real de masas pasa por encontrar puentes con esa realidad y la forma concreta que es percibida, para establecer los marcos de una lucha común por los reclamos y derechos más acuciantes y en esa experiencia de lucha común por intereses comunes, le militante revolucionarie se gana la confianza del explotade sin chamuyo, en la experiencia de lucha común, y así contribuye lo mejor que puede a sacar conclusiones comunes. Una de ellas es que con luchar por un salario digno no alcanza y para terminar con la miseria material y moral es preciso, urgente, luchar para terminar con la explotación. Y de ahí hasta el socialismo en todo el mundo y la revolución permanente.

No me consta que Altamira  haya renegado de esta verdad elemental del Programa de Transición de 1938. Es uno de quienes mejor se han esforzado en aplicar esta difícil dialéctica entre el programa de mínima y el de máxima, esta verdadera escuela de pedagogía social que es la lucha por el socialismo. ¿Por qué abandonarla justo en una lucha tan difícil como el problema de la opresión de género? ¿Por qué no tomarse el mismo tiempo para encontrar una base común con quienes sufren además de la explotación de clase la terrible angustia de la opresión de género y a partir de la lucha común para que la sociedad incluya como “normales” o “permitidas” todas las variedades de sexualidad e identidad de géneros posibles, ganarse la confianza que sólo puede demostrar una lucha común por los mismos objetivos y arribar a la conclusión común de que sin derribar las bases materiales de la explotación de clases va a ser imposible vivir una sexualidad libre, acorde a la identidad de género que une siente? ¿Qué sentido tiene dirigir el Plenario de Trabajadoras o la 1969 si se abandona alegremente esta concepción pedagógica dialéctica al calor de una frase tan poco feliz?

Entonces vamos al corazón del asunto. ¿Puede un discurso, de dar en la tecla, transformar la realidad? Altamira responde, paradójicamente si usted no lo conoce, que sí, que puede. Y en el mismo video ofrece el ejemplo más contundente, el trabajo discursivo de Marx. El filósofo alemán construyó una obra monumental para transformar la conciencia que les explotades tenemos de nosotres mismes. Para Altamira esa transformación de la conciencia fue muy importante y si usted todavía duda, ofrece el ejemplo histórico de Perón, quien se esforzó sistemáticamente en borrar de la autoconciencia obrera la palabra “proletario” cambiándola por “trabajador”. Porque, bien dice Altamira, “proletario” (agreguemos proletaria, proletarie, v.g.) significa “trabajador explotado por un capitalista” mientras que “trabajador” (valga el paréntesis anterior) permite concebir un trabajo no explotado, ideal para representar en la conciencia de la clase obrera un mundo donde trabajadores y capitalistas conviven en armonía si se lo proponen, sin necesidad de explotación alguna, llegando al paroxismo del presente donde todes somos “agentes productivos” y se valora por igual el trabajo de la persona que repone productos en la góndola al mismo nivel del ejecutivo que trabaja para mejor explotarle.

Y es que, como bien dijo Paulo Freire, “la educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Entonces Altamira, como buen leninista que es, reivindica la importancia del trabajo que realizan quienes se dedican a promover y desarrollar la conciencia de las personas, la teoría, la propaganda, la agitación siempre que promuevan discursos que muestren la raíz de los problemas y por lo tanto la simiente del método necesario para erradicarla de la faz de la tierra.

El asunto está en que todo trabajo en la conciencia de les explotades y oprimides, aunque logre transformar la conciencia en que perciben su situación, requiere de la organización práctica de esa conciencia para luchar por el poder material necesario para liberarla. En ese proceso en que acordamos con los métodos propuestos por Altamira, nos permitimos decirle que la conciencia que las clases explotadas tenemos de nuestra situación también necesita explicar cómo se imbrican nuestras identidades de habitantes de países colonizados, nuestras identidades étnicas y religiosas, ¡nuestra sexualidad carajo! con nuestra identidad de clase, no porque querramos pasarnos a pajas en las bibliotecas mientras otres tiran piedras en Plaza de Mayo, sino porque precisamos comprender para combatir de la mejor forma. Y en este pequeño punto, sus seis minutos de youtube no han contribuido.

Proletaries del mundo


Hacia el final de su alocución, Altamira hace una defensa del lenguaje usado por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, claramente un discurso que en castellano al menos no menciona a las mujeres como parte de la humanidad explotada, incluyéndola en el masculino. El objetivo del Manifiesto es “abolir la explotación del hombre por el hombre”. Me hizo acordar una anécdota que gustaba contar el gran escritor Abelardo Castillo sobre los debates que tenía con sus amigos del PCA en los sesenta. Abelardo les decía que nunca iban a alcanzar la popularidad del peronismo porque “Proletarios del mundo, uníos” podría funcionar muy bien en alemán, pero ese “uníos” era absolutamente incómodo en castellano, sonaba a aristocrático, marciano digamos. No recuerdo la anécdota en detalle (Abelardo se irritaría mucho con esta falta de respeto a la literalidad de la humorada) pero creo que proponía algo como “únanse” o “unámonos” o “juntémonos”.

Fuera de toda broma, Altamira argumenta que un uso correcto como “abolir la explotación de hombres y mujeres por hombres y mujeres” además de indigerible para cualquier lector(¿e?) sería terrible desde el punto de vista político porque eliminaría el concepto fundamental de todo el asunto, a saber, que toda la vida humana se estructura sobre la explotación de una clase social por otra. Dice Altamira, correctamente entiendo, que no se trata de identificar que los explotadores son varones y mujeres y que los explotados son también mujeres y varones, sino que toda forma de explotación y opresión en nuestra sociedad ( e incluye todas las formas de opresión, culturales, religiosas, étnicas, etc.) se fundamentan en la explotación de una clase social sobre otra y la forma de erradicarlas, por ende, pasa por organizar la fuerza de las clases explotadas y oprimidas al punto necesario para derrotar la fuerza organizada de la clase explotadora, su Estado.

Coincido plenamente. No tengo ninguna coma que discutirle. Pero si prestaron atención en ese mismo párrafo he utilizado “clases sociales explotadoras y explotadas” y no sólo se sostiene el concepto de fondo sino que además se evitan dos incorrecciones semánticas. La primera es la que nota Altamira, que no se trata de la explotación de personas individuales, sino de clases sociales, por encima del género con el que se identifiquen. La segunda más sutil, que el mismo Altamira no nota, que su “explotación de hombres y mujeres por hombres y mujeres” evidencia su concepción binaria, heteronormada, del problema de género, excluyendo a les transexuales, bisexuales, asexuades, pansexuales, intergénero, género fluido, queer y + que bien pueden ser explotadorxs o explotades.

Problemas que bien pueden salvarse escribiendo y diciendo con notable fluidez en castellano “abolir la explotación de la humanidad por las clases explotadoras” o alguna más creativa. No se trata entonces de una mera limitación gramatical o estética, se trata de esforzarse un poco a la hora de expresarse cuando une tiene la intención de dirigirse y atraer la atención de quienes gritan su rebeldía, sobre todo la de quienes gritan con mayor fuerza y menor comprensión, porque son quienes más necesitan de la ayuda de aquéllos que, como Altamira, tienen más y mejores herramientas para ayudarnos a vencer juntes a quienes nos “joden la vida”.

Si he escrito tanto y prestado tanta delicada atención a cada segundo de esos seis minutos, es obvio, es porque me he sentido interpelado en tanto altamirista de formación y como persona que se encuentra bajo un tortuoso proceso de transición en su identidad de género. Intento expresarme todo lo cariñosamente que me permiten mis límites porque no voy a exigirle a varones que no cuestionan su género biológico que entiendan de la misma forma que yo estos temas. Sobre todo porque la mayor parte de mi vida fui criado y formateado para ser un sano hijo del patriarcado y ejercí mis privilegios todo lo mejor que pude. El dolor del daño emocional que he causado en personas que apreciaba y con las que tenía compromisos afectivos o políticos hizo que me cuestionara con dureza mis acciones y que comenzara un profundo proceso de revisión de los orígenes de mi violencia.

Las revoluciones, como sabemos les trotskistas, son permanentes o se degeneran. Mi lucha para no ser un sano hijo del patriarcado siempre será una transición permanente y lamento profundamente que en el estado que se encuentra nuestra sociedad me será casi imposible lograr el objetivo. Lo único que puedo hacer es dedicarme con fuerza a sostener mi decisión de erradicar toda forma de violencia de mi organismo y, al mismo tiempo, luchar todo lo posible para que mi verdadera identidad de género, reprimida desde los seis años dentro mío por mi familia -de forma inconsciente- y por las escuelas católicas de forma consiente y criminal, pueda encontrar su camino fuera de la cárcel donde estuvo enclaustrada.

No pierdo la esperanza, y por eso escribo, que podamos encontrar alguna vez los caminos, los puentes para que realmente construyamos juntes un frente único de lucha contra el capital, su patriarcado y la heteronorma, un partido revolucionario que concentre la fuerza transformadora de todes les géneros de las clases explotadas contra el capital y su Estado, para poder contar con los mecanismos materiales que hagan posible que alguna vez la humanidad libere a las personas que la habitan para desarrollar una sexualidad plena y el género que mejor les quepa.

Por un frente único de todes les géneros de las clases explotadas contra el Capital y su heteronorma, en suma, por un partido internacional de la clase obrera por el socialismo.

sábado, 13 de octubre de 2018

RESURRECTXS - Capítulo 4: La vida florece en las Cloacas

Allá abajo,
en el hueco, en el boquete,
nacen flores por ramillete
Calle 13, La Perla


Xilografía de la artista visual Daniela Di Bari, donada generosamente para ilustrar esta entrega, se puede acceder al universo estético y político de esta genial autora en su blog danieladibari.wordpress.com o en su página de Facebook Realidad Estampada.

Es tan extraño revivir el día que Mariano me sacó por primera vez de los muros de la colmena que llamé hogar toda mi vida. Por raro que pueda parecerme ahora que respiro el viejo oxígeno original del planeta, esa mañana sentí también un renacimiento extraño. Aprovechamos sus permisos de visita familiar para sortear la seguridad en los muros del perímetro exterior sudoeste de la Nueva Buenos Aires y pisé la tierra madre del planeta por primera vez. No me costó nada intercambiar con Ramírez, un antiguo compañero de trabajo en el Ministerio, tres días de labores instructivas para ciudadanxs jóvenes exteriores, era quizás el trabajo más odiado en el Ministerio, pero paradójicamente se trató del mejor oficio que hice en toda mi vida.
La población de los Subsuelos retiene la memoria sobre aquellos viejos nombres de la Antigua Ciudad bicentenaria. Una leve barranca que había llevado el nombre de Parque Avellaneda, en la que todavía se conservaban las ruinas de cemento de la antigua cabecera de la estancia de la familia Olivera, se extendía bajo nuestros pies en toda su inmensa soledad de barro podrido, arrastrándose en un fango despreciable de aguas contaminadas por la radiación, hasta el hondo bajo fondo de lo que alguna vez fuera el Riachuelo de la Matanza. Viejos edificios de antiguas mansiones o escuelas, apuntalados por todas partes servían de cuarteles a las familias sobrevivientes al holocausto nuclear. Desde una de ellas, pude asombrarme con la visión espeluznante de mi ciudad natal. Los ingenieros del Consejo Empresario construyeron la Nueva Buenos Aires como todas las nuevas megápolis del mundo, siguiendo las características naturales de los desaparecidos robles. Un inmenso árbol gris urano con enormes torres superpuestas desde el centro hacia la periferia se elevaba hasta los límites de la Nube Negra sobre la Estratósfera. Una temible montaña con forma de árbol nervudo, y su copa cristalina no se veía, tapada por los espasmos de las partículas radiactivas de plutonio encapsuladas en mortales gotas, luchando entre sí y descargando furiosas ráfagas de rayos contra las Torres Superiores. Alguien debe haber imaginado alguna vez el rostro del infierno con la forma de ésta, nuestra Nueva Buenos Aires.
Así y todo, la perspectiva desde el fondo del abismo nos permitía ver un cuarto de la enorme mole de acero, que se sostenía hacia las alturas desde idénticas plataformas por sobre lo que fue el Estuario del Río de la Plata, uniéndose en las alturas a la Nueva Montevideo, reconstruida de forma similar. Además de nuestros relojes, distinguíamos las horas del día y la noche por esa claridad horrible que el lejano sol lograba traslucir en todas las gamas del gris y algunos tonos ocres y violáceos a través de la Nube Negra que abrumaba todo el espacio de nuestra visión.
El suelo deforme hacía imposible el uso de nuestras bicicletas fuera de los límites de las Torres Inferiores de la Nueva Ciudad, por lo que estábamos obligados a recargar nuestras máscaras de oxígeno en los paradores que el Consejo Empresarial había distribuido en los puestos de seguridad, como las viejas estaciones de nafta que estudian mis alumnos. Eran cuarteles temibles, aunque Mariano me consolaba detallando cuántos de los guardias ya habían sido ganados a la causa revolucionaria y cuántos de los que todavía no lo eran estaban profundamente desmoralizados por las décadas de prestar servicio en estas abominables condiciones.
Excepto las siluetas de seres humanos que pululaban de un lado a otro de esta barriada podrida no había ninguna forma de vida en las viejas calles, ni animales, ni vegetales, tan sólo las más extrañas formas de insectos que servían de alimento natural a la población de las Cloacas. Barrios de ladrillo de barro radioactivo cocidos en hornos calentados a petróleo crudo y plástico se salpicaban a los lados de las cañadas y hondonadas. Sombras de niñes disfrazadxs dentro de trajes herméticos tirando de carros más grandes que ellxs, juntando porquerías para reciclar en los altos hornos del viejo Seamse donde se concentraba la producción de energía a partir del reciclado de tierra y mierda humana. Bocaminas de túneles que bajaban a los cimientos de la vieja Buenos Aires donde había que desmontar pilas de cadáveres en diversos estados de putrefacción para recolectar las primeras fuentes de metales y piedras.
No podía dejar de preguntarme cómo era posible sostenerse vivo en ese ambiente de muerte. La figura de Mariano se hacía por extraño que parezca más un símbolo del renacimiento inveterado de la vida a medida que conocía el contexto donde nació y se crió. No sólo la vida, la más desarrollada y verde conciencia había florecido de estas estériles tierras. Quizás la esperanza crecía en mí de estas observaciones banales con mucha más fuerza que de la comprensión racional de las fuerzas históricas que diseñaban la posibilidad de nuestra victoria.
Porque, ahora entiendo, ahí está el tema de la vida, que es esta puerta de hierro, donde terminan incontables caminos, algunos incluso invisibles, que nos han conducido a ella, a la puerta digo, y todos los caminos que se abren si decidimos atravesar el portal. Entre los caminos que nos han llevado hasta ahí, hay profundas fuerzas naturales y sociales, combinándose y mutando que nos imposibilitan otros presentes y nos niegan ciertos futuros. Y nosotres somos las hojitas –también incontables- que quedamos tiradas en la canaleta, anónimas eternamente, valga el gerundio.
Todavía me preguntaba cuando conocí a la familia de Mariano (una familia ampliada como veremos de su propio relato, que nunca seré capaz de traducir tan transparente y con gala en la palabra y los gestos de esas hermosas personas) ¿cómo había salido tanta vida florida entre tanta horrible muerte?
Teníamos que poner a discusión entre les responsables y delegades del Partido Obrero Comunista del Río de la Plata y la Pampa el manual de formación política básica que habíamos confeccionado en nuestras más bellas noches juntes. Conocí a su padre, el sepulturero. Un ser maravilloso, flaco y notoriamente avejentado, pero firme y ágil de movimientos. Es como si sus músculos y su cerebro hubiesen envejecido menos que sus huesos y su piel. Sucio con dignidad de las hediondas huellas de su trabajo.
Hablaba poco y seco, también gajes del oficio. Y cuando acotaba era preciso, contundente y sencillo en las imágenes.
Conocí a la abuela materna de Mariano, la responsable del clan familiar y delegada de manzana ante la Asamblea Obrera de Vecines del Soldado Rojo, la Antigua Villa Soldati de antes de la bomba del año 20. Había sido también funcionaria del Ministerio de Educación del primer Estado Obrero del Río de la Plata, como su madre y nieta de una de las dirigentes más jóvenes de la rebelión verde que derribó al régimen social del ajuste.
Se llamaba Amaltea y peinaba canas como la cabra cuando amamantaba al mismísimo Zeus, como gustaba de recordar. Repetía que ante tamaña disminución de los materiales para registrar y viralizar la verdadera historia de nuestra sociedad, les viejites se habían tornado importantes de nuevo, y que la gimnasia de recordar la mantenía lúcida a pesar de los años y el agresivo ambiente en que luchaban para sobrevivir.
Ya estaba entrenado en la entrevista y había aprendido a escuchar, a saber que no había que interrumpir a alguien que estaba decidido a confesarse antes de partir. Creo que eso le gustaba mucho a esta simpática viejita de noventa años que todavía guiaba los destinos de su familia. Me explicaron que cuando el régimen comunista se pudo estabilizar en medio del empantanamiento de la Tercer Guerra Mundial, les troscos y troscas que habían sobrevivido del proceso revolucionario y que se habían ganado un respeto en casi todas las fases de la lucha y la guerra revolucionaria, empezaron a plantear que teníamos que profundizar todo lo posible la revolución, para que no degenerásemos como en las experiencias previas de la Unión Soviética, China o Cuba.
Pero, que hable ella, aunque más no sea la que quedó grabada en mi memoria, con sus defectos y deformaciones ineludibles.
-Entonces parece que fue un baldazo de agua para todes. Y lo mejor es que hubo un amplio acuerdo entre las direcciones ejecutivas, la militancia y el pueblo no organizado. Nos habíamos reducido a las tierras bajas de las cuencas del Paraná, el Uruguay y el Plata, hasta el Río Colorado por el sur y las Canteras de Newenquén, Mendoza, las sierras cordobesas y con la meseta misionera y el Paraguay en permanente competencia contra las bases yanquis, rusas y chinas, que contaban con apoyo entre los comerciantes, traficantes, políticos de carrera, financistas y farándula lo que ponía a toda la región en un estado de guerra civil permanente. Lo mismo en territorios más inhóspitos, como en la precordillera, desde Catamarca y La Rioja hasta San Juan, o la Puna.
“Pero habíamos logrado defender una línea de abastecimiento permanente con las minas de hierro y hulla de los Estados Comunistas de Río Grande do Sul y Minas Geráis, como habían votado llamarse desde la revuelta contra el intento de re-elegirse por tercera vez de Lula Da Silva, que disparó la guerra civil contra los sectores más progresivos de la revolución.
En ese intercambio de materias primas y alimentos nuestras industrias y nuestras condiciones de vida material habían mejorado notablemente de los primeros doscientos años de la Antigua Argentina. Habíamos votado una Constitución Asamblearia y Socialista con los derechos más elevados que considerábamos posibles –ella siempre se refería a las historias de su familia, incluso las más viejas, en una especie de presente y siempre usando la primera persona colectiva.
-“¿Entonces qué revolucionamos ahora?” preguntaron los demás partidos y se abrió un debate colectivo, el primero de muchos otros. Y todo el mundo votaba en sus asambleas familiares y barriales problemas de la vieja familia patriarcal. Que si estaban en una lucha permanente contra el imperialismo y las viejas clases explotadoras y parásitas al menos querían defender todo lo posible unas mejores relaciones afectivas. Intentar liberar al amor filial, fraternal y sexual de las trabas violentas de la familia previa, liberar a las personas, sobre todo a las mujeres de miles de años de castigo y crueldad, y a todes del patriarcado machista.
Las dos más grandes y duraderas revoluciones obreras de la historia humana arrancaron con rebeliones de mujeres, pibe. –sentenciaba siempre que entraba en confianza. Hacía muchas generaciones que no escuchaba ese trato tan viejo.
-Las rusas en 1917, en Leningrado y nosotras ciento y piquito años después en Malos Aires, porque así se tienen que llamar las dos ciudades que construyó la burguesía mundial en estas llanuras barrosas, la Vieja y la Nueva. –y hacía un gesto desagradable con todas sus arrugas faciales fugando juntas hacia sus ojitos y su nariz, la boca imitando un escupitajo al piso, como sus ancestras hechiceras. –Así llegamos a plantear de que si era posta que no íbamos a permitir la explotación de clases ni de castas burocráticas estábamos obligades a abolir el patriarcado y retomar formas de organización familiar centradas en la línea materna, para garantizar mejores relaciones en la vida íntima, emocional y la libertad sexual más plena. La heterosexualidad sólo se aceptaba si era consensuada y si estaban garantizadas las condiciones de vida material y sicológica de la compañera y sus potenciales vástagxs. Se abolieron las razones materiales de la heterodictadura, por lo tanto del patriarcado y de toda forma de machismo, se redujeron los crímenes de odio contra mujeres y disidentes sexuales, se abolió la prostitución como industria y las redes de trata y narcos sólo sobrevivieron en las regiones aledañas a las bases militares extranjeras, que comenzaron a perder poder a medida que sus potencias se empantanaban en la guerra nuclear.
“Fue muy lindo poder haber vivido eso. –remataba casi siempre.
Empezaba a entender que incluso habiendo perdido su paraíso, esta hermosa generación de nuestra especie no había claudicado un solo principio y que sostenían su vida actual con los mismos métodos que cuando gobernaron.
Me contó la historia de su abuelo, que también había llegado a ver los primeros años de la construcción socialista cuando ya estaba por llegar a los cincuenta. Había tenido participación en los territorios más complicados y aislados de la lucha obrera socialista desde la Gran Rebelión del 2001, se destacó en tareas de todo tipo y rango, incluso clandestinas, durante la Revolución y la Guerra de Defensa y Guerra Civil y pidió pasar sus últimos años, cuando el cuerpo demostraba que se iba apagando, como bibliotecario en la Nueva Escuela Socialista “Ezequiel Demonty” del recién bautizado Soldados Rojos. Había comenzado su laburo como docente cuando tenía un número de nombre, con el primer gobierno de Macri como intendente. Lo recordaba porque siempre sonreía pensando que él y Macri habían empezado su laburo en el Estado el mismo año pero que él había terminado co-gobernando su barrio y su ciudad y seguía vivo, en el mismo puesto.
Eso explicaba la dulzura áspera del viejo de Mariano, era la tercera generación de varones criada en una sociedad matrilineal y de una sexualidad liberada. Nunca había reprimido su deseo ni usado la violencia contra sus seres queridos. Empecé a entender por qué amaba tanto a Mariano, de dónde venía esa dulzura tan poco masculina en la sociedad que me crié.
La asamblea de responsables políticxs del Partido Obrero Comunista que debatió las correcciones y aprobó nuestro primer material de formación y el plan de reclutamiento que se desprendía de él fue para mí como si mutasen nuevos ojos cristalinos en lugar de mis viejos ojos de escamas.

RESURRECTXS - Capítulo 3 Resultados y perspectivas de la Primera República Socialista Asamblearia del Paraná y la Pampa

“The untold story of the world economy –so far at least- is the potentially explosive interaction between the spreading trade war and the overhang of global debt, estimated at a staggering $247 trillion.”
Robert J. Samuelson,
15 de julio de 2018,
The Washington Post
Daniela Di Bari es una de las mejores exponentes de las artes visuales en nuestro país, ligada desde su juventud a la lucha revolucionaria por una sociedad obrera y socialista a sabido compenetrar su creación artística -y su vida entera- con su pensamiento político. Se puede visitar su obra en su página de FB Realidad Estampada o en su blog personal danieladibari.wordpress.com


Transcribo por primera vez en formato digital, ahora que al fin tenemos el poder de hacerlo, ese primer manuscrito con el que comenzamos la tarea de reclutamiento en la superficie. En esta larga lucha de cuarenta años he perdido camaradas y mis dos grandes amores, que fueron uno y trino, y cientos de efectos materiales, pero nunca perdí el primer manual de formación política que escribimos con Mariano en esas noches mágicas de insomnio apasionado. Aunque me asalta la tentación de corregir errores e imprecisiones, ha vencido el sentimiento de justicia poética y lo dejaré tal cual estaba para que las nuevas generaciones puedan apreciar su verdadero valor.
Se trata de un pliego de hojas de plástico como las que se usaban para embotellar agua marina refinada en las primeras décadas de la reconstrucción del orden mundial a fines del siglo XXI y que fueron desechadas en los Subsuelos cuando la clase dominante descubrió la nueva tecnología de la fotosíntesis industrial. Mariano me enseñó a fabricar las cuñas de hierro que usé de pluma, como los antiguos copistas sumerios, y a recuperar el agua de lluvia negra que se acumulaba en las paredes exteriores de la cápsula donde sobrevivía como tinta indeleble.
Capítulo Primero: Conclusiones de la primer Comuna Obrera de Buenos Aires, de diciembre de 2018
El proceso histórico que culminó con la conformación del primer gobierno obrero y socialista en diciembre de 2018 inició en realidad con la rebelión popular ante el descubrimiento del cuerpo del militante popular Santiago Maldonado el 20 de octubre de 2017. La agitación popular había sido una constante en ese año, después de seis años continuos de deterioro de las condiciones materiales de las masas obreras y pequeñoburguesas desde la microdevaluación y tarifazos “en sintonía fina” del gobierno kirchnerista al mando del Jefe de Ministros Capitanich y el Ministro de Economía Axel Kicciloff. El año 2016 fue récord en pérdida de poder adquisitivo de la población cuyos ingresos se medían en la última moneda nacional, el mil veces extinguido peso argentino.
Una formidable huelga docente había movilizado medio millón de laburantes de la educación de todo el país en la antigua Plaza de Mayo, sede del poder político de la burguesía imperialista y local durante más de doscientos años, hasta la caída de la bomba nuclear con la que comenzó la gloriosa Guerra Revolucionaria en 2019. Se repitió ese día la rebelión de las bases del gremio docente contra su dirección burocrática como el año anterior había ocurrido durante el acto del paro general con el palco de la CGT oficial. La burocracia levantó la huelga general con un llamado a votar al kirchnerismo en las elecciones de ese año y fue violentamente repudiada incluso por la masa de votantes kirchneristas congregadxs ese 22 de marzo.
Al poco tiempo, el 10 de mayo, medio millón de personas volvieron a movilizarse, esta vez sólo desde los barrios de la ciudad y sus alrededores para repudiar el intento de la Corte Suprema de Justicia de avalar la reducción de las penas de los genocidas de la dictadura cívico militar de 1976. Esta vez se soldó un Frente Único en torno a los organismos de derechos humanos y de todas las posiciones políticas enfrentadas por diversos motivos al gobierno Macri, poniendo en evidencia lo que consideramos la primer gran enseñanza de todo el proceso revolucionario de ese año: las roscas y acuerdos políticos de los partidos gobernantes y opositores de la burguesía se deshacían en las calles, en la lucha física contra el gobierno.
Este clima social se fue calentando más después de los 78 días en que el cuerpo de Santiago Maldonado estuvo desaparecido después que las Fuerzas Armadas Nacionales reprimieran el corte de ruta de la comunidad mapuche contra la expropiación de tierras del empresario italiano Benetton en la Patagonia y por la extradición de uno de sus líderes políticos el 1 de agosto en las cercanías del Río Chubut. El hermano de Santiago se puso a la cabeza de un proceso de movilización de alcance internacional cuando se cumplían cuarenta años de la desaparición en circunstancias muy parecidas de figuras emblemáticas de la lucha popular como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Héctor Oesterheld. Las diferentes movilizaciones mostraron una y otra vez las dificultades de una mayoría dispuesta al enfrentamiento físico contra el Gobierno y una dirección político-sindical que buscaba acumular ese desencanto para transformarlo en votos que le permitieran recuperar posiciones en el aparato de Estado (nombre de fantasía con el que la burguesía ocultaba su maquinaria de explotación social que hoy llamamos, al menos, por su nombre verdadero: Consejo Empresario).
Finalmente, las Fuerzas Armadas plantaron el cuerpo sin vida del joven revolucionario el 17 de agosto, una semana antes de las elecciones proyectadas, para generar una crisis política al mismo gobierno que garantizara el salvoconducto de los asesinos y el 20 de octubre, coincidiendo con el séptimo aniversario del asesinato del militante revolucionario Mariano Ferreyra. El hermano de Maldonado rompió todos los acuerdos y componendas que se tejían a su alrededor y denunció ante los medios de comunicación que el cuerpo era el de su hermano y la población sospechó que había sido guardado durante esos meses en una heladera de las tierras de Bennetton. Miles de personas se movilizaron inmediatamente a la sede del poder, el gobierno apeló a la Constitución y decretó el Estado de Sitio y la represión con munición de plomo a los manifestantes, por sediciosos.
Las elecciones finalmente se suspendieron, dando por definitivos los resultados de las PASO anteriores (desde el gobierno kirchnerista se implementaron elecciones previas para permitir a los partidos del régimen reacomodarse y evitar sorpresas negativas) y todas las fuerzas políticas, incluídas las del Frente de Izquierda se fracturaron en un ala que llamaba a la calma y el sostenimiento de los mecanismos democráticos, incluso exigiendo al gobierno diferentes formas de resolver la crisis (Asamblea Constituyente, nuevas elecciones, etc.) y las minorías partidarias que planteaban la huelga general y la insurrección popular hasta derrocar al gobierno e implantar un gobierno obrero y popular.
Después de una violenta represión que dejó trescientas víctimas fatales y miles de presxs, en noviembre de 2017, con el respaldo de los gobiernos del imperialismo en EEUU, Europa, Rusia y China, el gobierno de Macri integró a sus ministerios personal del Partido Justicialista que gobernaba diferentes provincias y lanzó las reformas exigidas para sostener el endeudamiento nacional: reducción de jubilaciones y extensión de la edad jubilatoria, la reforma laboral, que pretendía eliminar las conquistas históicas del proletariado que sobrevivían sólo entre la clase obrera de la gran industria y parcialmente entre les empleadxs estatales. El 14 y 18 de diciembre las masas obreras convocadas por los sindicatos reformistas y revolucionarios combatieron contra las fuerzas del gobierno en la sede del antiguo Congreso Nacional, y después de decenas de muertos de ambos bandos y centenares de detenciones ilegales, la Reforma Jubilatoria fue sancionada con un amplio acuerdo de gobernabilidad.
La reacción fue dura y al mismo tiempo que el Gobierno intervenía sindicatos y perseguía activistas se reproducían las movilizaciones e incendios de sedes sindicales, como las de UTA y Unión Ferroviaria en Balvanera y San Cristóbal, CTERA en San Telmo y la mismísima sede de la CGT.
Con una sociedad convulsionada al extremo, el año 2018 comenzó con una aparente victoria del gobierno, que apostaba fuerte a derrotar definitivamente la rebelión popular. Tiró varias iniciativas divergentes para confundir y desarmar una posible unidad del campo popular. Abrió el debate sobre la Ley de Aborto Legal para forzar al Papa (que controlaba varias fuerzas políticas kirchneristas y justicialistas) a un acuerdo con el partido gobernante y generó profundas divisiones principalmente en las organizaciones sindicales del kirchnerismo; acordó una ley con las organizaciones kirchnero-papales para prohibir los desalojos en villas miserias y asentamientos y ofrecer créditos baratos para transformar a millones de obreros en pequeños propietarios atados al Estado; negoció un congelamiento general de salarios con la burocracia sindical a cambio de suspender las causas judiciales contra ellos y coparticipar la nueva caja de seguro de indemnizaciones por despidos y el blanqueo del 60 % de las masas obreras que hasta ese momento estaban en negro y que pasarían a aportar compulsivamente a los sindicatos.
Dos hechos precipitaron las jornadas revolucionarias que terminaron con el gobierno de Macri. A principios de mayo, el gobierno de Donald Trump subió las tasas de interés para intensificar la guerra comercial contra la Unión Europea y China y provocó corridas bancarias, devaluaciones y crisis políticas en los países más dependientes de la especulación financiera. Por movidas parlamentarias como en Italia o España o por rebeliones populares como en Irán, Armenia, Nicaragua, Jordania y Haití fueron cayendo de a uno viejos presidentes y primeros ministros. El gobierno Macri, apalancado ya por el Vaticano y la CGT, firmó un acuerdo de salvataje financiero con el FMI, ancestro de nuestro Banco Mundial de la Reconstrucción y consiguió los votos necesarios para que la Ley de Aborto Legal perdiera la votación en el Senado, después de un traspié en la Cámara de Diputados el 14 de junio, donde recibió media sanción.
El 9 de agosto de 2018 las mujeres encabezaron la revolución. Mareas y correntadas se mujeres con pañuelos verdes afluían al Congreso a pesar de los intentos de las fuerzas de seguridad por frenarlas a fuerza de una salvaje represión. Al principio con piedras y bombas incendiarias de fabricación casera y luego con armas de fuego arrancadas de armerías y de comisarías tomadas en los barrios, y a pesar de un nuevo Estado de Sitio, las brigadas de mujeres organizadas por barrios, organizaciones políticas y sindicales lograron quebrar la resistencia de tres fuerzas de seguridad y tomar el Palacio del Congreso. Cuando el gobierno pidió la intervención del Ejército para desalojarlo los sindicatos liderados por la izquierda entraron a los tiros en la CGT e impusieron una Huelga General y un llamado a cada organización sindical a armarse para defender el Congreso cueste lo que cueste.
Ante la posibilidad de un derramamiento de sangre inédito en la historia argentina, incluso mayor que durante las guerras civiles del siglo XIX, el presidente renunció y el Congreso Nacional votó al senador Pichetto en su reemplazo, con el mandato de establecer el Aborto Legal como había sido votado en diputados y congelar los aumentos tarifarios y despidos por seis meses. Pero mientras el gobierno de Pichetto y los gobernadores firmaba decretos a cambio de negociar la rendición de las brigadas femeninas y restablecer el orden interno, los sectores ligados a las Fuerzas Armadas y las iglesias comenzaron a sublevar poblaciones de frontera, desconocían al nuevo gobierno y exigían el retorno del presidente Macri, que mientras tanto recorría los foros internacionales buscando apoyo.
En agosto quebró la economía de Turquía y se desató una guerra civil que incendió toda la región del Kurdistán y las potencias imperialistas intervinieron amenazando convertirla en una nueva Siria; la quiebra de Turquía hizo estallar finalmente la burbuja de la deuda internacional, que el 15 de julio había llegado a los 247 trillones de dólares y comenzó una serie de quiebras en cadena. En octubre la situación argentina estalló, el peso se devaluó un 200 por ciento en medio mes, se disparó una espiral hiperinflacionaria que elevó la inflación al 1000% mensual, provocando una crisis social sin precedentes, una mezcla de todas las crisis anteriores.
Las diferentes organizaciones de masas convocaron a acampar en toda la Avenida de Mayo, desde el Congreso hasta la Casa Rosada, hasta que se convocase a nuevas elecciones y se decretase un plan económico que pusiera fin a la carestía, mejorase el consumo y los salarios y aprobara las leyes reclamadas. En esas carpas se fueron organizando también los debates. Finalmente, los gobernadores quitaron respaldo al gobierno Pichetto y por mediación papal se convocaron a elecciones anticipadas que ganó la senadora Cristina Kirchner quien convocó a un Gobierno Popular Provisional.
La situación pareció encontrar un cauce para estabilizarse. Se decretó el Aborto Legal en los términos exigidos por las mujeres que tomaron el Congreso, se planteó una purga definitiva de las Fuerzas de Seguridad controlada por representantes electos de las organizaciones sindicales armadas a cambio de la desmovilización y desarme de sus bases pero se planteó una “rediscusión soberana de la ayuda financiera del FMI” sobre la cual giró toda la tensión política de los meses siguientes.
Pero la guerra comercial entre las principales potencias escaló en forma de múltiples conflictos bélicos a lo largo y ancho del planeta. El gobierno Trump decretó la invasión de Turquía e Irán con apoyo de Israel, y la invasión de Cuba, Venezuela y la Patagonia argentina con apoyo de la Unión Europea y el apoyo de los partidarios del gobierno de Macri. El estallido de la burbuja de la deuda externa mundial, superior a todas las crisis previas juntas y mezcladas, desembocó en una guerra abierta por el control de los últimos bastiones de recursos naturales.
El gobierno provisional de Kirchner se fue consumiendo frente a los choques entre las masas organizadas en las diferentes provincias, los petroleros tomaron el poder en Neuquén y Chubut, los docentes acaudillaron la toma de Santa Cruz y Salta mientras que en las demás provincias se sucedían brutales represiones y victorias parciales en las principales ciudades de los sublevados. Las direcciones de la burocracia sindical peronista pero también del sector del Frente de Izquierda que habían sumado su apoyo al Gobierno Provisional se fueron desprestigiando velozmente frente a las masas movilizadas y en combate, que finalmente desplazaron al Gobierno Provisional y organizaron las brigadas armadas para defender la Patagonia de la invasión extranjera.
Se organizaron Comunas Obreras y Socialistas en las principales ciudades del país que decretaron la ocupación de todas las empresas y bancos que movían la economía nacional. Se implementó una dura economía de guerra destinada a sostener la lucha en la Patagonia y contra las bases militares en la región del Alto Paraná y la Cordillera de los Andes. Ante la posibilidad de un ataque nuclear el gobierno federado de las Comunas Obreras dispuso el éxodo masivo de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires a partir de la línea de pueblos que hacen un semicírculo desde San Pedro, Chacabuco, Chivilcoy, las Flores y Chascomús ocupando pueblos y ciudades pequeñas de todo el Litoral que estuvieran cerca de los campos cultivables y lejos del radio potencial de radioactividad. Rosario-Paraná y Córdoba fueron elegidas como capitales lo mismo que Bahía Blanca y Tandil, por sus posibilidades naturales de defensa. El acierto en la decisión logró salvar al grueso de la población y el lanzamiento de la bomba nuclear el 26 de junio de 2019 galvanizó la solidaridad de todos los pueblos del mundo y encendió los ánimos de laburantes en EEUU, Europa y Rusia, disparando una cadena de guerras civiles a nivel mundial.
Lo demás es la historia que ni siquiera el Supremo Comité Empresario Mundial puede negar. Trump fue ahorcado en el Capitolio, Putin descuartizado por una turba en San Petersburgo, que recuperó su verdadero nombre y la clase obrera China purgó una vez más su propio partido y retomó el control de su Estado. Por efímeras que hayan sido esas victorias, permitieron estabilizar la situación política y fundar la primer República Asamblearia Socialista en Argentina, reducida al territorio de las llanuras fértiles entre la cuenca del Río de la Plata y las sierras cordobesas, y una incipiente Federación de Repúblicas Socialistas de América del Sur y Central que permitió integrar procesos productivos agrarios e industriales mínimos para sacar a flote a las mayorías.
Cuando el imperialismo logró rearmarse en Estados Unidos y Alemania llegaron a un acuerdo para repartirse las principales fuentes de energía y agua potable del continente, con el objetivo de aislar a las repúblicas obreras y desgastarlas. Así fue que la República Asamblearia se refugió en el control de las llanuras de las cuencas del Paraná y Uruguay, perdiendo el control de la Patagonia, la región montañosa y la meseta misionera y la puna jujeña.
Capítulo 2. El nuevo orden mundial tiene que caer
Los más de cincuenta años que duró la experiencia de la República Obrera Asamblearia del Paraná y la Pampa nos dejaron enormes enseñanzas. Su fracaso no se debió ni a la incapacidad de les laburantes para organizar la sociedad –en las peores condiciones posibles- sino al fracaso en la guerra por el control de los recursos naturales más elementales. Demostrando una vez más la crueldad inagotable de las clases explotadoras de nuestra especie, la burguesía y la aristocracia obrera nos secaron los ríos principales de la Cuenca del Paraná dinamitando las montañas donde nacían y después de la segunda gran sequía las Asambleas Obreras empezaron a votar una vía de negociación con el imperialismo. El resultado fueron las promesas de reconstrucción de Nueva Buenos Aires y este cogobierno nefasto de las Comunas Obreras de las Torres Inferiores y el Consejo Empresario.
Pero la burguesía imperialista tardó más de mil años en desenvolver sus potencias creadoras y atravesar las experiencias necesarias para construir su orden mundial. Sería un grave error pretender que el hilo de la historia se ha cortado definitivamente.
Todo lo contrario, el Nuevo Orden Mundial creado a partir del empantanamiento genocida de la Tercera Guerra Mundial al mismo tiempo que demuestra el agotamiento de la capacidad burguesa para desarrollar la vida en el planeta creó las condiciones para el triunfo de la revolución obrera socialista mundial en una etapa superior a las iniciadas en 1917 por los revolucionarios soviéticos y en 2018 por los revolucionarios asamblearios del Río de la Plata.
La crisis generada por la hecatombe atómica en los cinco continentes es la responsable de la Nube Negra que cubre las capas más bajas de la atmósfera. Los acuerdos firmados por la burocracia sindical mundial, dirigida por la casta de lxs ingenierxs de software y los representantes de la raquítica burguesía industrial y financiera no han salvado la vida en el planeta. La reconstrucción de las Ciudades Estado sobre la línea de la Estratosfera permiten que una ínfima parte de la población humana mundial disfrute de los mejores placeres de una vida longeva, saludable y plena de creatividad mientras que el 80 por ciento de la humanidad está condenada a sufrir los mayores retrocesos en sus condiciones de vida desde el Neolítico. Las promesas de trasladar a las Ciudades Celestiales a las masas de obrerxs que sufrimos la vida en la Superficie y el Subsuelo no se han cumplido en lo más mínimo.
Sólo se permite el acceso después de cuarenta años a les laburantes necesarios para ejercer los trabajos más elementales y, claro está, a lxs dirigentes sindicales corruptos y traidorxs. El aprovechamiento de las nuevas tecnologías de producción de energía ligados al descubrimiento en los años 80 del siglo pasado de la fotosíntesis aplicada a la producción de alimentos sintéticos, un avance sin parangón en la historia de la especie, que permite liberarnos de los límites de la naturaleza al mismo tiempo que termina con la necesidad de sacrificar mamíferos y peces, lejos de mejorar el medio ambiente mundial, ha servido de taparrabo al aniquilamiento de la vida vegetal y animal en la Superficie y el Subsuelo y sólo se sustenta en la producción de millones de metros cúbicos de energía proveniente de la tierra y la materia fecal, en las fábricas de savia orgánica bajo la Nube Negra.
Del mismo modo ocurre con la revolucionaria capacidad de potabilizar el agua marina, que ha servido en manos de esta casta egoísta y criminal para reducir a su mínima expresión los otrora enormes océanos y mares. Sólo el más despiadado cinismo puede presentar el vaciamiento de las masas oceánicas y su milenaria biodiversidad como una ventaja para la extracción de toneladas de tierra, metales y petróleo que descansaban bajo las olas azules.
Pero al mismo tiempo, la concentración del poder en manos de las castas de burguesía residual y la aristocracia obrera de antaño, que gerencian juntas el Supremo Consejo Empresario Mundial han creado la mayor masa de proletarios de la historia, después de eliminar definitivamente todas las antiguas capas de pequeña burguesía comercial, agraria, minera y profesional de la faz de la tierra. Las comunas obreras de las Megápolis de todo el globo, aunque llevan cuarenta años dirigidas por gobiernos propios que funcionan de correa de transmisión de los Comités Empresarios locales, han moldeado la identidad consciente de miles de millones de trabajadorxs en todo el mundo. Todes elles saben, después de la eliminación de las monedas y su reemplazo por cuentas sueldo de donde se descuentan con el trabajo cotidiano pequeños porcentuales de la deuda externa, que están atadas a la noria de la deuda mundial.
Ni la manipulación omnipresente de las redes sociales por parte del Supremo Consejo ni las patéticas ilusiones de los Partidos Obreros que alternan su poder en las Megaciudades sobre la correcta aritmética demográfica y biológica para superar la deuda, podrán contener por mucho tiempo más la angustiante explotación de dieciséis horas promedio de trabajo, la ausencia de vacaciones y licencias laborales; los millones de centímetros cúbicos de sustancias de alegría como llaman a las nuevas drogas oficiales gratuitas podrán seguir adormeciendo por mucho tiempo a la población obrera que no cuenta con la más elemental atención sanitaria. Si la baja de la esperanza de vida en la superficie, que ha bajado de los sesenta años, no ha sido suficiente para desatar la cólera de lxs obrerxs, la nueva evidencia de la mutación de las nuevas generaciones hará volar por los aires toda la hipocresía oficial que envenena las conciencias de nuestra clase.
La clase obrera del Paraná, el Río de la Plata y la Pampa, ha tenido suficiente de este Nuevo Orden Mundial para sacar sus conclusiones. La reconstrucción de la Nueva Buenos Aires y la Nueva Montevideo, esta montaña de acero y fibra de vidrio que se eleva desde los márgenes de las viejas ciudades de cemento hacia una cúspide áurea de materiales traslúcidos y cristalinos, alberga en sus cientos de torres inferiores cincuenta millones de almas torturadas diariamente, mientras las familias de la alta burguesía y sus lacayos disfrutan del cálido sol y el diáfano cielo azul, nos han reducido a las condiciones de habitabilidad de un increíble hormiguero. Nuestra vida se reduce sin acceso a la luz solar en una noche más eterna que la Nube Negra de la cual la Nueva Ciudad nos habría de proteger. Y las condiciones de vida son todavía más desesperantes entre las millones de personas que sufren la lluvia ácida y la falta de luz solar y de vida animal y vegetal entre los viejos cauces de arroyos y riachuelos fuera del gigantesco árbol de hierro de las Megápolis.
Esta burguesía parásita y su aliada, la aristocracia obrera del software, se han demostrado inútiles para recrear la vida que la Tercera Guerra Mundial destrozó. Las nuevas tecnologías productivas, que han logrado después de diez mil años desentrañar los secretos de la reproducción de las plantas, la más avanzada, longeva y armónica forma de sobrevivir en nuestro planeta, no han logrado recuperar un solo pedazo de tierra fértil y el verde natural sigue desterrado bajo sus imitaciones artificiales.
De nada han de seguir sirviendo las holografías cada vez más perfectas que imitan las imágenes soleadas de las viejas arquitecturas y paisajes naturales en las paredes de las Torres Inferiores cuando las conciencias aturdidas de la clase obrera de las Nuevas Megaciudades sean asaltadas por la cálida verdad de los corazones de sus hijos e hijas renacides de la peor explotación histórica del trabajo humano. El amanecer del mañana será parido por les resurrectxs de hoy.
Capítulo 3: La esperanza es la organización obrera socialista
En el último suelo del mundo se está gestando la libertad. Si estás leyendo este manual de formación es porque te lo han acercado compañerxs que prueban una realidad que ni siquiera el Supremo Consejo conoce. En parte porque sus informantes en el Subsuelo, los caciques del Tráfico de Esclavas y Órganos, mantenidos con el monopolio del reparto de alimentos sintéticos y drogas de la felicidad entre nuestra gente más sufrida, mantienen su condición falseando la realidad. En parte porque un profundo y sistemático trabajo de organización clandestina de los clanes comunistas del subsuelo son exitosos.
Fueron cincuenta años de organización perseverante de los mejores elementos de las castas desclasadas que hoy florecen. Los sobrevivientes de la brutal represión y las guerras genocidas, plantaron las semillas de una organización que hoy distribuye alimentos sintéticos después de haber ganado para su organización clandestina a lxs obrerxs de las fábricas de petróleo, tierra y mierda. Prácticamente todas las viejas cuencas de los ríos secos desde el Subsuelo de La Plata hasta la Antigua Rosario se encuentran organizadas en clanes familiares organizados en un Partido Obrero Comunista, donde se instruye a las masas en el combate con las armas de la tecnología arcaica –pero todavía mortal- que hemos logrado conservar y volver a fabricar.
La dura experiencia de sobrevivir a la barbarie más abyecta y descarnada nos han forjado una moral de acero pero por sobre todas las cosas, una conciencia irreductible de nuestro destino. La vida sin medicamentos básicos, reducida a una expectativa de 35 años como cuando nos separamos de los primates, ha logrado procrear una juventud increíble, preparada y consciente, que sabe que no tiene nada que perder y sólo tiene por ganar la posibilidad de sentir alguna vez el cálido sol sobre su piel.
Tenemos que aprender, una y otra vez, de nuestras victorias del pasado. La clave que permitió la organización del primer gobierno obrero y socialista en las jornadas de 2018 y la victoria frente a la invasión imperialista fue que los sectores más avanzados de la clase obrera comenzaron a romper a tiempo con cada una de las direcciones de sus organizaciones políticas y sindicales cuando éstas fueron demostrando, desde la huelga docente de 2017 hasta los sucesos revolucionarios del jubiladazo y la lucha por el aborto, que se adaptaban a las reglas del juego constitucional que imponían la burguesía internacional y local. Lejos de quedarse en la queja, esxs cuadros organizadorxs y luchadorxs se fueron encontrando en los organismos de base de sus sindicatos y fueron construyendo una referencia política común: el rechazo a cualquier componenda con la burguesía. La disputa entre las Asambleas Obreras nacidas para voltear al gobierno de Macri y los gobiernos provisionales de Pichetto y Cristina fueron la escuela que soldó el nuevo Partido Obrero Comunista de la Cuenca del Río de la Plata y que permitió la toma del poder.
Los métodos de independencia política de la clase obrera, la solidaridad y sororidad de clase, y la mete fija del socialismo se mostraron eficaces para la lucha contra el imperialismo, la construcción de la mejor sociedad de la historia de nuestra especie en los últimos cinco mil años y también se demuestran eficaces ahora, para sobrevivir a las peores condiciones de vida que haya soportado una clase de explotades en la historia humana, en los Subsuelos.
Hacemos un llamado a lxs obrerxs de las Torres Inferiores de la Nueva Buenos Aires y Montevideo a romper con sus partidos obreros reformistas y reclamar el no pago de la deuda externa, la expropiación de los recursos tecnológicos a disposición de los Comités Empresarios para el inmediato saneamiento de la Estratósfera y la recreación de los ecosistemas naturales. La unidad de lxs obrerxs de las Torres Inferiores y los Ejércitos Comunistas de los Subsuelos permitirá esta vez la conquista de los recursos naturales en la Patagonia y la Dorsal Atlántica Emergida, para derribar los bastiones donde el Supremo Comité concentra el grueso de sus fuerzas armadas.
Sobre estas nuevas bases, tomaremos las Ciudades Estado Celestiales por asalto y erigiremos el Comunismo a escala planetaria. Ese es nuestro destino: crear una nueva humanidad y salvar nuestro malherido planeta.”
Releeo estas líneas del pasado y sigo teniendo la misma sensación que tuvimos cuando lo escribimos: forjábamos un arma valiosa. El olor penetrante y ácrido de la tinta, las cortaduras y lastimaduras del trabajo sobre esas hojas rebeldes de plástico, las horas entregadas al placer intelectual entremezclado con el placer sexual que acompañó la redacción, todo sigue vivo en mi memoria sensorial a pesar del paso de dos décadas.
Una puerta que hace todavía más placentero en estas horas de esperanza real que se abren frente a mí, con el sol trepando el cielo transparente frente a mis ojos, mi piel y mi nuevo cabello, todo floreciendo desde dentro de mi cuerpo como de la tierra profunda donde me reconstruí, aquellos breves días en que conocí la vida en las Cloacas, de la mano de Mariano, para llevar este primer boceto de manual y someterlo a la aprobación de les responsables políticxs del Partido Obrero Comunista del Subsuelo del Río de la Plata.