Xilografía de la artista visual Daniela Di Bari, donada generosamente para ilustrar esta entrega, se puede acceder al universo estético y político de esta genial autora en su blog danieladibari.wordpress.com o en su página de Facebook Realidad Estampada.
Es tan extraño revivir el día que Mariano me sacó por primera vez de los muros de la colmena que llamé hogar toda mi vida. Por raro que pueda parecerme ahora que respiro el viejo oxígeno original del planeta, esa mañana sentí también un renacimiento extraño. Aprovechamos sus permisos de visita familiar para sortear la seguridad en los muros del perímetro exterior sudoeste de la Nueva Buenos Aires y pisé la tierra madre del planeta por primera vez. No me costó nada intercambiar con Ramírez, un antiguo compañero de trabajo en el Ministerio, tres días de labores instructivas para ciudadanxs jóvenes exteriores, era quizás el trabajo más odiado en el Ministerio, pero paradójicamente se trató del mejor oficio que hice en toda mi vida.
La población de los Subsuelos retiene la memoria sobre aquellos viejos nombres de la Antigua Ciudad bicentenaria. Una leve barranca que había llevado el nombre de Parque Avellaneda, en la que todavía se conservaban las ruinas de cemento de la antigua cabecera de la estancia de la familia Olivera, se extendía bajo nuestros pies en toda su inmensa soledad de barro podrido, arrastrándose en un fango despreciable de aguas contaminadas por la radiación, hasta el hondo bajo fondo de lo que alguna vez fuera el Riachuelo de la Matanza. Viejos edificios de antiguas mansiones o escuelas, apuntalados por todas partes servían de cuarteles a las familias sobrevivientes al holocausto nuclear. Desde una de ellas, pude asombrarme con la visión espeluznante de mi ciudad natal. Los ingenieros del Consejo Empresario construyeron la Nueva Buenos Aires como todas las nuevas megápolis del mundo, siguiendo las características naturales de los desaparecidos robles. Un inmenso árbol gris urano con enormes torres superpuestas desde el centro hacia la periferia se elevaba hasta los límites de la Nube Negra sobre la Estratósfera. Una temible montaña con forma de árbol nervudo, y su copa cristalina no se veía, tapada por los espasmos de las partículas radiactivas de plutonio encapsuladas en mortales gotas, luchando entre sí y descargando furiosas ráfagas de rayos contra las Torres Superiores. Alguien debe haber imaginado alguna vez el rostro del infierno con la forma de ésta, nuestra Nueva Buenos Aires.
Así y todo, la perspectiva desde el fondo del abismo nos permitía ver un cuarto de la enorme mole de acero, que se sostenía hacia las alturas desde idénticas plataformas por sobre lo que fue el Estuario del Río de la Plata, uniéndose en las alturas a la Nueva Montevideo, reconstruida de forma similar. Además de nuestros relojes, distinguíamos las horas del día y la noche por esa claridad horrible que el lejano sol lograba traslucir en todas las gamas del gris y algunos tonos ocres y violáceos a través de la Nube Negra que abrumaba todo el espacio de nuestra visión.
El suelo deforme hacía imposible el uso de nuestras bicicletas fuera de los límites de las Torres Inferiores de la Nueva Ciudad, por lo que estábamos obligados a recargar nuestras máscaras de oxígeno en los paradores que el Consejo Empresarial había distribuido en los puestos de seguridad, como las viejas estaciones de nafta que estudian mis alumnos. Eran cuarteles temibles, aunque Mariano me consolaba detallando cuántos de los guardias ya habían sido ganados a la causa revolucionaria y cuántos de los que todavía no lo eran estaban profundamente desmoralizados por las décadas de prestar servicio en estas abominables condiciones.
Excepto las siluetas de seres humanos que pululaban de un lado a otro de esta barriada podrida no había ninguna forma de vida en las viejas calles, ni animales, ni vegetales, tan sólo las más extrañas formas de insectos que servían de alimento natural a la población de las Cloacas. Barrios de ladrillo de barro radioactivo cocidos en hornos calentados a petróleo crudo y plástico se salpicaban a los lados de las cañadas y hondonadas. Sombras de niñes disfrazadxs dentro de trajes herméticos tirando de carros más grandes que ellxs, juntando porquerías para reciclar en los altos hornos del viejo Seamse donde se concentraba la producción de energía a partir del reciclado de tierra y mierda humana. Bocaminas de túneles que bajaban a los cimientos de la vieja Buenos Aires donde había que desmontar pilas de cadáveres en diversos estados de putrefacción para recolectar las primeras fuentes de metales y piedras.
No podía dejar de preguntarme cómo era posible sostenerse vivo en ese ambiente de muerte. La figura de Mariano se hacía por extraño que parezca más un símbolo del renacimiento inveterado de la vida a medida que conocía el contexto donde nació y se crió. No sólo la vida, la más desarrollada y verde conciencia había florecido de estas estériles tierras. Quizás la esperanza crecía en mí de estas observaciones banales con mucha más fuerza que de la comprensión racional de las fuerzas históricas que diseñaban la posibilidad de nuestra victoria.
Porque, ahora entiendo, ahí está el tema de la vida, que es esta puerta de hierro, donde terminan incontables caminos, algunos incluso invisibles, que nos han conducido a ella, a la puerta digo, y todos los caminos que se abren si decidimos atravesar el portal. Entre los caminos que nos han llevado hasta ahí, hay profundas fuerzas naturales y sociales, combinándose y mutando que nos imposibilitan otros presentes y nos niegan ciertos futuros. Y nosotres somos las hojitas –también incontables- que quedamos tiradas en la canaleta, anónimas eternamente, valga el gerundio.
Todavía me preguntaba cuando conocí a la familia de Mariano (una familia ampliada como veremos de su propio relato, que nunca seré capaz de traducir tan transparente y con gala en la palabra y los gestos de esas hermosas personas) ¿cómo había salido tanta vida florida entre tanta horrible muerte?
Teníamos que poner a discusión entre les responsables y delegades del Partido Obrero Comunista del Río de la Plata y la Pampa el manual de formación política básica que habíamos confeccionado en nuestras más bellas noches juntes. Conocí a su padre, el sepulturero. Un ser maravilloso, flaco y notoriamente avejentado, pero firme y ágil de movimientos. Es como si sus músculos y su cerebro hubiesen envejecido menos que sus huesos y su piel. Sucio con dignidad de las hediondas huellas de su trabajo.
Hablaba poco y seco, también gajes del oficio. Y cuando acotaba era preciso, contundente y sencillo en las imágenes.
Conocí a la abuela materna de Mariano, la responsable del clan familiar y delegada de manzana ante la Asamblea Obrera de Vecines del Soldado Rojo, la Antigua Villa Soldati de antes de la bomba del año 20. Había sido también funcionaria del Ministerio de Educación del primer Estado Obrero del Río de la Plata, como su madre y nieta de una de las dirigentes más jóvenes de la rebelión verde que derribó al régimen social del ajuste.
Se llamaba Amaltea y peinaba canas como la cabra cuando amamantaba al mismísimo Zeus, como gustaba de recordar. Repetía que ante tamaña disminución de los materiales para registrar y viralizar la verdadera historia de nuestra sociedad, les viejites se habían tornado importantes de nuevo, y que la gimnasia de recordar la mantenía lúcida a pesar de los años y el agresivo ambiente en que luchaban para sobrevivir.
Ya estaba entrenado en la entrevista y había aprendido a escuchar, a saber que no había que interrumpir a alguien que estaba decidido a confesarse antes de partir. Creo que eso le gustaba mucho a esta simpática viejita de noventa años que todavía guiaba los destinos de su familia. Me explicaron que cuando el régimen comunista se pudo estabilizar en medio del empantanamiento de la Tercer Guerra Mundial, les troscos y troscas que habían sobrevivido del proceso revolucionario y que se habían ganado un respeto en casi todas las fases de la lucha y la guerra revolucionaria, empezaron a plantear que teníamos que profundizar todo lo posible la revolución, para que no degenerásemos como en las experiencias previas de la Unión Soviética, China o Cuba.
Pero, que hable ella, aunque más no sea la que quedó grabada en mi memoria, con sus defectos y deformaciones ineludibles.
-Entonces parece que fue un baldazo de agua para todes. Y lo mejor es que hubo un amplio acuerdo entre las direcciones ejecutivas, la militancia y el pueblo no organizado. Nos habíamos reducido a las tierras bajas de las cuencas del Paraná, el Uruguay y el Plata, hasta el Río Colorado por el sur y las Canteras de Newenquén, Mendoza, las sierras cordobesas y con la meseta misionera y el Paraguay en permanente competencia contra las bases yanquis, rusas y chinas, que contaban con apoyo entre los comerciantes, traficantes, políticos de carrera, financistas y farándula lo que ponía a toda la región en un estado de guerra civil permanente. Lo mismo en territorios más inhóspitos, como en la precordillera, desde Catamarca y La Rioja hasta San Juan, o la Puna.
“Pero habíamos logrado defender una línea de abastecimiento permanente con las minas de hierro y hulla de los Estados Comunistas de Río Grande do Sul y Minas Geráis, como habían votado llamarse desde la revuelta contra el intento de re-elegirse por tercera vez de Lula Da Silva, que disparó la guerra civil contra los sectores más progresivos de la revolución.
En ese intercambio de materias primas y alimentos nuestras industrias y nuestras condiciones de vida material habían mejorado notablemente de los primeros doscientos años de la Antigua Argentina. Habíamos votado una Constitución Asamblearia y Socialista con los derechos más elevados que considerábamos posibles –ella siempre se refería a las historias de su familia, incluso las más viejas, en una especie de presente y siempre usando la primera persona colectiva.
-“¿Entonces qué revolucionamos ahora?” preguntaron los demás partidos y se abrió un debate colectivo, el primero de muchos otros. Y todo el mundo votaba en sus asambleas familiares y barriales problemas de la vieja familia patriarcal. Que si estaban en una lucha permanente contra el imperialismo y las viejas clases explotadoras y parásitas al menos querían defender todo lo posible unas mejores relaciones afectivas. Intentar liberar al amor filial, fraternal y sexual de las trabas violentas de la familia previa, liberar a las personas, sobre todo a las mujeres de miles de años de castigo y crueldad, y a todes del patriarcado machista.
Las dos más grandes y duraderas revoluciones obreras de la historia humana arrancaron con rebeliones de mujeres, pibe. –sentenciaba siempre que entraba en confianza. Hacía muchas generaciones que no escuchaba ese trato tan viejo.
-Las rusas en 1917, en Leningrado y nosotras ciento y piquito años después en Malos Aires, porque así se tienen que llamar las dos ciudades que construyó la burguesía mundial en estas llanuras barrosas, la Vieja y la Nueva. –y hacía un gesto desagradable con todas sus arrugas faciales fugando juntas hacia sus ojitos y su nariz, la boca imitando un escupitajo al piso, como sus ancestras hechiceras. –Así llegamos a plantear de que si era posta que no íbamos a permitir la explotación de clases ni de castas burocráticas estábamos obligades a abolir el patriarcado y retomar formas de organización familiar centradas en la línea materna, para garantizar mejores relaciones en la vida íntima, emocional y la libertad sexual más plena. La heterosexualidad sólo se aceptaba si era consensuada y si estaban garantizadas las condiciones de vida material y sicológica de la compañera y sus potenciales vástagxs. Se abolieron las razones materiales de la heterodictadura, por lo tanto del patriarcado y de toda forma de machismo, se redujeron los crímenes de odio contra mujeres y disidentes sexuales, se abolió la prostitución como industria y las redes de trata y narcos sólo sobrevivieron en las regiones aledañas a las bases militares extranjeras, que comenzaron a perder poder a medida que sus potencias se empantanaban en la guerra nuclear.
“Fue muy lindo poder haber vivido eso. –remataba casi siempre.
Empezaba a entender que incluso habiendo perdido su paraíso, esta hermosa generación de nuestra especie no había claudicado un solo principio y que sostenían su vida actual con los mismos métodos que cuando gobernaron.
Me contó la historia de su abuelo, que también había llegado a ver los primeros años de la construcción socialista cuando ya estaba por llegar a los cincuenta. Había tenido participación en los territorios más complicados y aislados de la lucha obrera socialista desde la Gran Rebelión del 2001, se destacó en tareas de todo tipo y rango, incluso clandestinas, durante la Revolución y la Guerra de Defensa y Guerra Civil y pidió pasar sus últimos años, cuando el cuerpo demostraba que se iba apagando, como bibliotecario en la Nueva Escuela Socialista “Ezequiel Demonty” del recién bautizado Soldados Rojos. Había comenzado su laburo como docente cuando tenía un número de nombre, con el primer gobierno de Macri como intendente. Lo recordaba porque siempre sonreía pensando que él y Macri habían empezado su laburo en el Estado el mismo año pero que él había terminado co-gobernando su barrio y su ciudad y seguía vivo, en el mismo puesto.
Eso explicaba la dulzura áspera del viejo de Mariano, era la tercera generación de varones criada en una sociedad matrilineal y de una sexualidad liberada. Nunca había reprimido su deseo ni usado la violencia contra sus seres queridos. Empecé a entender por qué amaba tanto a Mariano, de dónde venía esa dulzura tan poco masculina en la sociedad que me crié.
La asamblea de responsables políticxs del Partido Obrero Comunista que debatió las correcciones y aprobó nuestro primer material de formación y el plan de reclutamiento que se desprendía de él fue para mí como si mutasen nuevos ojos cristalinos en lugar de mis viejos ojos de escamas.
“The untold story of the world economy –so far at least- is the potentially explosive interaction between the spreading trade war and the overhang of global debt, estimated at a staggering $247 trillion.”
Robert J. Samuelson,
15 de julio de 2018,
The Washington Post
Daniela Di Bari es una de las mejores exponentes de las artes visuales en nuestro país, ligada desde su juventud a la lucha revolucionaria por una sociedad obrera y socialista a sabido compenetrar su creación artística -y su vida entera- con su pensamiento político. Se puede visitar su obra en su página de FB Realidad Estampada o en su blog personal danieladibari.wordpress.com
Transcribo por primera vez en formato digital, ahora que al fin tenemos el poder de hacerlo, ese primer manuscrito con el que comenzamos la tarea de reclutamiento en la superficie. En esta larga lucha de cuarenta años he perdido camaradas y mis dos grandes amores, que fueron uno y trino, y cientos de efectos materiales, pero nunca perdí el primer manual de formación política que escribimos con Mariano en esas noches mágicas de insomnio apasionado. Aunque me asalta la tentación de corregir errores e imprecisiones, ha vencido el sentimiento de justicia poética y lo dejaré tal cual estaba para que las nuevas generaciones puedan apreciar su verdadero valor.
Se trata de un pliego de hojas de plástico como las que se usaban para embotellar agua marina refinada en las primeras décadas de la reconstrucción del orden mundial a fines del siglo XXI y que fueron desechadas en los Subsuelos cuando la clase dominante descubrió la nueva tecnología de la fotosíntesis industrial. Mariano me enseñó a fabricar las cuñas de hierro que usé de pluma, como los antiguos copistas sumerios, y a recuperar el agua de lluvia negra que se acumulaba en las paredes exteriores de la cápsula donde sobrevivía como tinta indeleble.
“Capítulo Primero: Conclusiones de la primer Comuna Obrera de Buenos Aires, de diciembre de 2018
El proceso histórico que culminó con la conformación del primer gobierno obrero y socialista en diciembre de 2018 inició en realidad con la rebelión popular ante el descubrimiento del cuerpo del militante popular Santiago Maldonado el 20 de octubre de 2017. La agitación popular había sido una constante en ese año, después de seis años continuos de deterioro de las condiciones materiales de las masas obreras y pequeñoburguesas desde la microdevaluación y tarifazos “en sintonía fina” del gobierno kirchnerista al mando del Jefe de Ministros Capitanich y el Ministro de Economía Axel Kicciloff. El año 2016 fue récord en pérdida de poder adquisitivo de la población cuyos ingresos se medían en la última moneda nacional, el mil veces extinguido peso argentino.
Una formidable huelga docente había movilizado medio millón de laburantes de la educación de todo el país en la antigua Plaza de Mayo, sede del poder político de la burguesía imperialista y local durante más de doscientos años, hasta la caída de la bomba nuclear con la que comenzó la gloriosa Guerra Revolucionaria en 2019. Se repitió ese día la rebelión de las bases del gremio docente contra su dirección burocrática como el año anterior había ocurrido durante el acto del paro general con el palco de la CGT oficial. La burocracia levantó la huelga general con un llamado a votar al kirchnerismo en las elecciones de ese año y fue violentamente repudiada incluso por la masa de votantes kirchneristas congregadxs ese 22 de marzo.
Al poco tiempo, el 10 de mayo, medio millón de personas volvieron a movilizarse, esta vez sólo desde los barrios de la ciudad y sus alrededores para repudiar el intento de la Corte Suprema de Justicia de avalar la reducción de las penas de los genocidas de la dictadura cívico militar de 1976. Esta vez se soldó un Frente Único en torno a los organismos de derechos humanos y de todas las posiciones políticas enfrentadas por diversos motivos al gobierno Macri, poniendo en evidencia lo que consideramos la primer gran enseñanza de todo el proceso revolucionario de ese año: las roscas y acuerdos políticos de los partidos gobernantes y opositores de la burguesía se deshacían en las calles, en la lucha física contra el gobierno.
Este clima social se fue calentando más después de los 78 días en que el cuerpo de Santiago Maldonado estuvo desaparecido después que las Fuerzas Armadas Nacionales reprimieran el corte de ruta de la comunidad mapuche contra la expropiación de tierras del empresario italiano Benetton en la Patagonia y por la extradición de uno de sus líderes políticos el 1 de agosto en las cercanías del Río Chubut. El hermano de Santiago se puso a la cabeza de un proceso de movilización de alcance internacional cuando se cumplían cuarenta años de la desaparición en circunstancias muy parecidas de figuras emblemáticas de la lucha popular como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Héctor Oesterheld. Las diferentes movilizaciones mostraron una y otra vez las dificultades de una mayoría dispuesta al enfrentamiento físico contra el Gobierno y una dirección político-sindical que buscaba acumular ese desencanto para transformarlo en votos que le permitieran recuperar posiciones en el aparato de Estado (nombre de fantasía con el que la burguesía ocultaba su maquinaria de explotación social que hoy llamamos, al menos, por su nombre verdadero: Consejo Empresario).
Finalmente, las Fuerzas Armadas plantaron el cuerpo sin vida del joven revolucionario el 17 de agosto, una semana antes de las elecciones proyectadas, para generar una crisis política al mismo gobierno que garantizara el salvoconducto de los asesinos y el 20 de octubre, coincidiendo con el séptimo aniversario del asesinato del militante revolucionario Mariano Ferreyra. El hermano de Maldonado rompió todos los acuerdos y componendas que se tejían a su alrededor y denunció ante los medios de comunicación que el cuerpo era el de su hermano y la población sospechó que había sido guardado durante esos meses en una heladera de las tierras de Bennetton. Miles de personas se movilizaron inmediatamente a la sede del poder, el gobierno apeló a la Constitución y decretó el Estado de Sitio y la represión con munición de plomo a los manifestantes, por sediciosos.
Las elecciones finalmente se suspendieron, dando por definitivos los resultados de las PASO anteriores (desde el gobierno kirchnerista se implementaron elecciones previas para permitir a los partidos del régimen reacomodarse y evitar sorpresas negativas) y todas las fuerzas políticas, incluídas las del Frente de Izquierda se fracturaron en un ala que llamaba a la calma y el sostenimiento de los mecanismos democráticos, incluso exigiendo al gobierno diferentes formas de resolver la crisis (Asamblea Constituyente, nuevas elecciones, etc.) y las minorías partidarias que planteaban la huelga general y la insurrección popular hasta derrocar al gobierno e implantar un gobierno obrero y popular.
Después de una violenta represión que dejó trescientas víctimas fatales y miles de presxs, en noviembre de 2017, con el respaldo de los gobiernos del imperialismo en EEUU, Europa, Rusia y China, el gobierno de Macri integró a sus ministerios personal del Partido Justicialista que gobernaba diferentes provincias y lanzó las reformas exigidas para sostener el endeudamiento nacional: reducción de jubilaciones y extensión de la edad jubilatoria, la reforma laboral, que pretendía eliminar las conquistas históicas del proletariado que sobrevivían sólo entre la clase obrera de la gran industria y parcialmente entre les empleadxs estatales. El 14 y 18 de diciembre las masas obreras convocadas por los sindicatos reformistas y revolucionarios combatieron contra las fuerzas del gobierno en la sede del antiguo Congreso Nacional, y después de decenas de muertos de ambos bandos y centenares de detenciones ilegales, la Reforma Jubilatoria fue sancionada con un amplio acuerdo de gobernabilidad.
La reacción fue dura y al mismo tiempo que el Gobierno intervenía sindicatos y perseguía activistas se reproducían las movilizaciones e incendios de sedes sindicales, como las de UTA y Unión Ferroviaria en Balvanera y San Cristóbal, CTERA en San Telmo y la mismísima sede de la CGT.
Con una sociedad convulsionada al extremo, el año 2018 comenzó con una aparente victoria del gobierno, que apostaba fuerte a derrotar definitivamente la rebelión popular. Tiró varias iniciativas divergentes para confundir y desarmar una posible unidad del campo popular. Abrió el debate sobre la Ley de Aborto Legal para forzar al Papa (que controlaba varias fuerzas políticas kirchneristas y justicialistas) a un acuerdo con el partido gobernante y generó profundas divisiones principalmente en las organizaciones sindicales del kirchnerismo; acordó una ley con las organizaciones kirchnero-papales para prohibir los desalojos en villas miserias y asentamientos y ofrecer créditos baratos para transformar a millones de obreros en pequeños propietarios atados al Estado; negoció un congelamiento general de salarios con la burocracia sindical a cambio de suspender las causas judiciales contra ellos y coparticipar la nueva caja de seguro de indemnizaciones por despidos y el blanqueo del 60 % de las masas obreras que hasta ese momento estaban en negro y que pasarían a aportar compulsivamente a los sindicatos.
Dos hechos precipitaron las jornadas revolucionarias que terminaron con el gobierno de Macri. A principios de mayo, el gobierno de Donald Trump subió las tasas de interés para intensificar la guerra comercial contra la Unión Europea y China y provocó corridas bancarias, devaluaciones y crisis políticas en los países más dependientes de la especulación financiera. Por movidas parlamentarias como en Italia o España o por rebeliones populares como en Irán, Armenia, Nicaragua, Jordania y Haití fueron cayendo de a uno viejos presidentes y primeros ministros. El gobierno Macri, apalancado ya por el Vaticano y la CGT, firmó un acuerdo de salvataje financiero con el FMI, ancestro de nuestro Banco Mundial de la Reconstrucción y consiguió los votos necesarios para que la Ley de Aborto Legal perdiera la votación en el Senado, después de un traspié en la Cámara de Diputados el 14 de junio, donde recibió media sanción.
El 9 de agosto de 2018 las mujeres encabezaron la revolución. Mareas y correntadas se mujeres con pañuelos verdes afluían al Congreso a pesar de los intentos de las fuerzas de seguridad por frenarlas a fuerza de una salvaje represión. Al principio con piedras y bombas incendiarias de fabricación casera y luego con armas de fuego arrancadas de armerías y de comisarías tomadas en los barrios, y a pesar de un nuevo Estado de Sitio, las brigadas de mujeres organizadas por barrios, organizaciones políticas y sindicales lograron quebrar la resistencia de tres fuerzas de seguridad y tomar el Palacio del Congreso. Cuando el gobierno pidió la intervención del Ejército para desalojarlo los sindicatos liderados por la izquierda entraron a los tiros en la CGT e impusieron una Huelga General y un llamado a cada organización sindical a armarse para defender el Congreso cueste lo que cueste.
Ante la posibilidad de un derramamiento de sangre inédito en la historia argentina, incluso mayor que durante las guerras civiles del siglo XIX, el presidente renunció y el Congreso Nacional votó al senador Pichetto en su reemplazo, con el mandato de establecer el Aborto Legal como había sido votado en diputados y congelar los aumentos tarifarios y despidos por seis meses. Pero mientras el gobierno de Pichetto y los gobernadores firmaba decretos a cambio de negociar la rendición de las brigadas femeninas y restablecer el orden interno, los sectores ligados a las Fuerzas Armadas y las iglesias comenzaron a sublevar poblaciones de frontera, desconocían al nuevo gobierno y exigían el retorno del presidente Macri, que mientras tanto recorría los foros internacionales buscando apoyo.
En agosto quebró la economía de Turquía y se desató una guerra civil que incendió toda la región del Kurdistán y las potencias imperialistas intervinieron amenazando convertirla en una nueva Siria; la quiebra de Turquía hizo estallar finalmente la burbuja de la deuda internacional, que el 15 de julio había llegado a los 247 trillones de dólares y comenzó una serie de quiebras en cadena. En octubre la situación argentina estalló, el peso se devaluó un 200 por ciento en medio mes, se disparó una espiral hiperinflacionaria que elevó la inflación al 1000% mensual, provocando una crisis social sin precedentes, una mezcla de todas las crisis anteriores.
Las diferentes organizaciones de masas convocaron a acampar en toda la Avenida de Mayo, desde el Congreso hasta la Casa Rosada, hasta que se convocase a nuevas elecciones y se decretase un plan económico que pusiera fin a la carestía, mejorase el consumo y los salarios y aprobara las leyes reclamadas. En esas carpas se fueron organizando también los debates. Finalmente, los gobernadores quitaron respaldo al gobierno Pichetto y por mediación papal se convocaron a elecciones anticipadas que ganó la senadora Cristina Kirchner quien convocó a un Gobierno Popular Provisional.
La situación pareció encontrar un cauce para estabilizarse. Se decretó el Aborto Legal en los términos exigidos por las mujeres que tomaron el Congreso, se planteó una purga definitiva de las Fuerzas de Seguridad controlada por representantes electos de las organizaciones sindicales armadas a cambio de la desmovilización y desarme de sus bases pero se planteó una “rediscusión soberana de la ayuda financiera del FMI” sobre la cual giró toda la tensión política de los meses siguientes.
Pero la guerra comercial entre las principales potencias escaló en forma de múltiples conflictos bélicos a lo largo y ancho del planeta. El gobierno Trump decretó la invasión de Turquía e Irán con apoyo de Israel, y la invasión de Cuba, Venezuela y la Patagonia argentina con apoyo de la Unión Europea y el apoyo de los partidarios del gobierno de Macri. El estallido de la burbuja de la deuda externa mundial, superior a todas las crisis previas juntas y mezcladas, desembocó en una guerra abierta por el control de los últimos bastiones de recursos naturales.
El gobierno provisional de Kirchner se fue consumiendo frente a los choques entre las masas organizadas en las diferentes provincias, los petroleros tomaron el poder en Neuquén y Chubut, los docentes acaudillaron la toma de Santa Cruz y Salta mientras que en las demás provincias se sucedían brutales represiones y victorias parciales en las principales ciudades de los sublevados. Las direcciones de la burocracia sindical peronista pero también del sector del Frente de Izquierda que habían sumado su apoyo al Gobierno Provisional se fueron desprestigiando velozmente frente a las masas movilizadas y en combate, que finalmente desplazaron al Gobierno Provisional y organizaron las brigadas armadas para defender la Patagonia de la invasión extranjera.
Se organizaron Comunas Obreras y Socialistas en las principales ciudades del país que decretaron la ocupación de todas las empresas y bancos que movían la economía nacional. Se implementó una dura economía de guerra destinada a sostener la lucha en la Patagonia y contra las bases militares en la región del Alto Paraná y la Cordillera de los Andes. Ante la posibilidad de un ataque nuclear el gobierno federado de las Comunas Obreras dispuso el éxodo masivo de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires a partir de la línea de pueblos que hacen un semicírculo desde San Pedro, Chacabuco, Chivilcoy, las Flores y Chascomús ocupando pueblos y ciudades pequeñas de todo el Litoral que estuvieran cerca de los campos cultivables y lejos del radio potencial de radioactividad. Rosario-Paraná y Córdoba fueron elegidas como capitales lo mismo que Bahía Blanca y Tandil, por sus posibilidades naturales de defensa. El acierto en la decisión logró salvar al grueso de la población y el lanzamiento de la bomba nuclear el 26 de junio de 2019 galvanizó la solidaridad de todos los pueblos del mundo y encendió los ánimos de laburantes en EEUU, Europa y Rusia, disparando una cadena de guerras civiles a nivel mundial.
Lo demás es la historia que ni siquiera el Supremo Comité Empresario Mundial puede negar. Trump fue ahorcado en el Capitolio, Putin descuartizado por una turba en San Petersburgo, que recuperó su verdadero nombre y la clase obrera China purgó una vez más su propio partido y retomó el control de su Estado. Por efímeras que hayan sido esas victorias, permitieron estabilizar la situación política y fundar la primer República Asamblearia Socialista en Argentina, reducida al territorio de las llanuras fértiles entre la cuenca del Río de la Plata y las sierras cordobesas, y una incipiente Federación de Repúblicas Socialistas de América del Sur y Central que permitió integrar procesos productivos agrarios e industriales mínimos para sacar a flote a las mayorías.
Cuando el imperialismo logró rearmarse en Estados Unidos y Alemania llegaron a un acuerdo para repartirse las principales fuentes de energía y agua potable del continente, con el objetivo de aislar a las repúblicas obreras y desgastarlas. Así fue que la República Asamblearia se refugió en el control de las llanuras de las cuencas del Paraná y Uruguay, perdiendo el control de la Patagonia, la región montañosa y la meseta misionera y la puna jujeña.
Capítulo 2. El nuevo orden mundial tiene que caer
Los más de cincuenta años que duró la experiencia de la República Obrera Asamblearia del Paraná y la Pampa nos dejaron enormes enseñanzas. Su fracaso no se debió ni a la incapacidad de les laburantes para organizar la sociedad –en las peores condiciones posibles- sino al fracaso en la guerra por el control de los recursos naturales más elementales. Demostrando una vez más la crueldad inagotable de las clases explotadoras de nuestra especie, la burguesía y la aristocracia obrera nos secaron los ríos principales de la Cuenca del Paraná dinamitando las montañas donde nacían y después de la segunda gran sequía las Asambleas Obreras empezaron a votar una vía de negociación con el imperialismo. El resultado fueron las promesas de reconstrucción de Nueva Buenos Aires y este cogobierno nefasto de las Comunas Obreras de las Torres Inferiores y el Consejo Empresario.
Pero la burguesía imperialista tardó más de mil años en desenvolver sus potencias creadoras y atravesar las experiencias necesarias para construir su orden mundial. Sería un grave error pretender que el hilo de la historia se ha cortado definitivamente.
Todo lo contrario, el Nuevo Orden Mundial creado a partir del empantanamiento genocida de la Tercera Guerra Mundial al mismo tiempo que demuestra el agotamiento de la capacidad burguesa para desarrollar la vida en el planeta creó las condiciones para el triunfo de la revolución obrera socialista mundial en una etapa superior a las iniciadas en 1917 por los revolucionarios soviéticos y en 2018 por los revolucionarios asamblearios del Río de la Plata.
La crisis generada por la hecatombe atómica en los cinco continentes es la responsable de la Nube Negra que cubre las capas más bajas de la atmósfera. Los acuerdos firmados por la burocracia sindical mundial, dirigida por la casta de lxs ingenierxs de software y los representantes de la raquítica burguesía industrial y financiera no han salvado la vida en el planeta. La reconstrucción de las Ciudades Estado sobre la línea de la Estratosfera permiten que una ínfima parte de la población humana mundial disfrute de los mejores placeres de una vida longeva, saludable y plena de creatividad mientras que el 80 por ciento de la humanidad está condenada a sufrir los mayores retrocesos en sus condiciones de vida desde el Neolítico. Las promesas de trasladar a las Ciudades Celestiales a las masas de obrerxs que sufrimos la vida en la Superficie y el Subsuelo no se han cumplido en lo más mínimo.
Sólo se permite el acceso después de cuarenta años a les laburantes necesarios para ejercer los trabajos más elementales y, claro está, a lxs dirigentes sindicales corruptos y traidorxs. El aprovechamiento de las nuevas tecnologías de producción de energía ligados al descubrimiento en los años 80 del siglo pasado de la fotosíntesis aplicada a la producción de alimentos sintéticos, un avance sin parangón en la historia de la especie, que permite liberarnos de los límites de la naturaleza al mismo tiempo que termina con la necesidad de sacrificar mamíferos y peces, lejos de mejorar el medio ambiente mundial, ha servido de taparrabo al aniquilamiento de la vida vegetal y animal en la Superficie y el Subsuelo y sólo se sustenta en la producción de millones de metros cúbicos de energía proveniente de la tierra y la materia fecal, en las fábricas de savia orgánica bajo la Nube Negra.
Del mismo modo ocurre con la revolucionaria capacidad de potabilizar el agua marina, que ha servido en manos de esta casta egoísta y criminal para reducir a su mínima expresión los otrora enormes océanos y mares. Sólo el más despiadado cinismo puede presentar el vaciamiento de las masas oceánicas y su milenaria biodiversidad como una ventaja para la extracción de toneladas de tierra, metales y petróleo que descansaban bajo las olas azules.
Pero al mismo tiempo, la concentración del poder en manos de las castas de burguesía residual y la aristocracia obrera de antaño, que gerencian juntas el Supremo Consejo Empresario Mundial han creado la mayor masa de proletarios de la historia, después de eliminar definitivamente todas las antiguas capas de pequeña burguesía comercial, agraria, minera y profesional de la faz de la tierra. Las comunas obreras de las Megápolis de todo el globo, aunque llevan cuarenta años dirigidas por gobiernos propios que funcionan de correa de transmisión de los Comités Empresarios locales, han moldeado la identidad consciente de miles de millones de trabajadorxs en todo el mundo. Todes elles saben, después de la eliminación de las monedas y su reemplazo por cuentas sueldo de donde se descuentan con el trabajo cotidiano pequeños porcentuales de la deuda externa, que están atadas a la noria de la deuda mundial.
Ni la manipulación omnipresente de las redes sociales por parte del Supremo Consejo ni las patéticas ilusiones de los Partidos Obreros que alternan su poder en las Megaciudades sobre la correcta aritmética demográfica y biológica para superar la deuda, podrán contener por mucho tiempo más la angustiante explotación de dieciséis horas promedio de trabajo, la ausencia de vacaciones y licencias laborales; los millones de centímetros cúbicos de sustancias de alegría como llaman a las nuevas drogas oficiales gratuitas podrán seguir adormeciendo por mucho tiempo a la población obrera que no cuenta con la más elemental atención sanitaria. Si la baja de la esperanza de vida en la superficie, que ha bajado de los sesenta años, no ha sido suficiente para desatar la cólera de lxs obrerxs, la nueva evidencia de la mutación de las nuevas generaciones hará volar por los aires toda la hipocresía oficial que envenena las conciencias de nuestra clase.
La clase obrera del Paraná, el Río de la Plata y la Pampa, ha tenido suficiente de este Nuevo Orden Mundial para sacar sus conclusiones. La reconstrucción de la Nueva Buenos Aires y la Nueva Montevideo, esta montaña de acero y fibra de vidrio que se eleva desde los márgenes de las viejas ciudades de cemento hacia una cúspide áurea de materiales traslúcidos y cristalinos, alberga en sus cientos de torres inferiores cincuenta millones de almas torturadas diariamente, mientras las familias de la alta burguesía y sus lacayos disfrutan del cálido sol y el diáfano cielo azul, nos han reducido a las condiciones de habitabilidad de un increíble hormiguero. Nuestra vida se reduce sin acceso a la luz solar en una noche más eterna que la Nube Negra de la cual la Nueva Ciudad nos habría de proteger. Y las condiciones de vida son todavía más desesperantes entre las millones de personas que sufren la lluvia ácida y la falta de luz solar y de vida animal y vegetal entre los viejos cauces de arroyos y riachuelos fuera del gigantesco árbol de hierro de las Megápolis.
Esta burguesía parásita y su aliada, la aristocracia obrera del software, se han demostrado inútiles para recrear la vida que la Tercera Guerra Mundial destrozó. Las nuevas tecnologías productivas, que han logrado después de diez mil años desentrañar los secretos de la reproducción de las plantas, la más avanzada, longeva y armónica forma de sobrevivir en nuestro planeta, no han logrado recuperar un solo pedazo de tierra fértil y el verde natural sigue desterrado bajo sus imitaciones artificiales.
De nada han de seguir sirviendo las holografías cada vez más perfectas que imitan las imágenes soleadas de las viejas arquitecturas y paisajes naturales en las paredes de las Torres Inferiores cuando las conciencias aturdidas de la clase obrera de las Nuevas Megaciudades sean asaltadas por la cálida verdad de los corazones de sus hijos e hijas renacides de la peor explotación histórica del trabajo humano. El amanecer del mañana será parido por les resurrectxs de hoy.
Capítulo 3: La esperanza es la organización obrera socialista
En el último suelo del mundo se está gestando la libertad. Si estás leyendo este manual de formación es porque te lo han acercado compañerxs que prueban una realidad que ni siquiera el Supremo Consejo conoce. En parte porque sus informantes en el Subsuelo, los caciques del Tráfico de Esclavas y Órganos, mantenidos con el monopolio del reparto de alimentos sintéticos y drogas de la felicidad entre nuestra gente más sufrida, mantienen su condición falseando la realidad. En parte porque un profundo y sistemático trabajo de organización clandestina de los clanes comunistas del subsuelo son exitosos.
Fueron cincuenta años de organización perseverante de los mejores elementos de las castas desclasadas que hoy florecen. Los sobrevivientes de la brutal represión y las guerras genocidas, plantaron las semillas de una organización que hoy distribuye alimentos sintéticos después de haber ganado para su organización clandestina a lxs obrerxs de las fábricas de petróleo, tierra y mierda. Prácticamente todas las viejas cuencas de los ríos secos desde el Subsuelo de La Plata hasta la Antigua Rosario se encuentran organizadas en clanes familiares organizados en un Partido Obrero Comunista, donde se instruye a las masas en el combate con las armas de la tecnología arcaica –pero todavía mortal- que hemos logrado conservar y volver a fabricar.
La dura experiencia de sobrevivir a la barbarie más abyecta y descarnada nos han forjado una moral de acero pero por sobre todas las cosas, una conciencia irreductible de nuestro destino. La vida sin medicamentos básicos, reducida a una expectativa de 35 años como cuando nos separamos de los primates, ha logrado procrear una juventud increíble, preparada y consciente, que sabe que no tiene nada que perder y sólo tiene por ganar la posibilidad de sentir alguna vez el cálido sol sobre su piel.
Tenemos que aprender, una y otra vez, de nuestras victorias del pasado. La clave que permitió la organización del primer gobierno obrero y socialista en las jornadas de 2018 y la victoria frente a la invasión imperialista fue que los sectores más avanzados de la clase obrera comenzaron a romper a tiempo con cada una de las direcciones de sus organizaciones políticas y sindicales cuando éstas fueron demostrando, desde la huelga docente de 2017 hasta los sucesos revolucionarios del jubiladazo y la lucha por el aborto, que se adaptaban a las reglas del juego constitucional que imponían la burguesía internacional y local. Lejos de quedarse en la queja, esxs cuadros organizadorxs y luchadorxs se fueron encontrando en los organismos de base de sus sindicatos y fueron construyendo una referencia política común: el rechazo a cualquier componenda con la burguesía. La disputa entre las Asambleas Obreras nacidas para voltear al gobierno de Macri y los gobiernos provisionales de Pichetto y Cristina fueron la escuela que soldó el nuevo Partido Obrero Comunista de la Cuenca del Río de la Plata y que permitió la toma del poder.
Los métodos de independencia política de la clase obrera, la solidaridad y sororidad de clase, y la mete fija del socialismo se mostraron eficaces para la lucha contra el imperialismo, la construcción de la mejor sociedad de la historia de nuestra especie en los últimos cinco mil años y también se demuestran eficaces ahora, para sobrevivir a las peores condiciones de vida que haya soportado una clase de explotades en la historia humana, en los Subsuelos.
Hacemos un llamado a lxs obrerxs de las Torres Inferiores de la Nueva Buenos Aires y Montevideo a romper con sus partidos obreros reformistas y reclamar el no pago de la deuda externa, la expropiación de los recursos tecnológicos a disposición de los Comités Empresarios para el inmediato saneamiento de la Estratósfera y la recreación de los ecosistemas naturales. La unidad de lxs obrerxs de las Torres Inferiores y los Ejércitos Comunistas de los Subsuelos permitirá esta vez la conquista de los recursos naturales en la Patagonia y la Dorsal Atlántica Emergida, para derribar los bastiones donde el Supremo Comité concentra el grueso de sus fuerzas armadas.
Sobre estas nuevas bases, tomaremos las Ciudades Estado Celestiales por asalto y erigiremos el Comunismo a escala planetaria. Ese es nuestro destino: crear una nueva humanidad y salvar nuestro malherido planeta.”
Releeo estas líneas del pasado y sigo teniendo la misma sensación que tuvimos cuando lo escribimos: forjábamos un arma valiosa. El olor penetrante y ácrido de la tinta, las cortaduras y lastimaduras del trabajo sobre esas hojas rebeldes de plástico, las horas entregadas al placer intelectual entremezclado con el placer sexual que acompañó la redacción, todo sigue vivo en mi memoria sensorial a pesar del paso de dos décadas.
Una puerta que hace todavía más placentero en estas horas de esperanza real que se abren frente a mí, con el sol trepando el cielo transparente frente a mis ojos, mi piel y mi nuevo cabello, todo floreciendo desde dentro de mi cuerpo como de la tierra profunda donde me reconstruí, aquellos breves días en que conocí la vida en las Cloacas, de la mano de Mariano, para llevar este primer boceto de manual y someterlo a la aprobación de les responsables políticxs del Partido Obrero Comunista del Subsuelo del Río de la Plata.
Xilografía sin título de la artista visual Daniela Di Bari, su obra puede admirarse en su página de facebook Realidad Estampada o en su blog danieladibari.worldpress.com
“La burguesía, ante todo, produce sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.”
Karl Marx y Friederich Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848
El refectorio de la morgue era deprimente, aunque prefería estar allí que sufrir el insomnio de los músculos agarrotados por horas de trabajo en la cápsula de cuatro por cuatro donde sobrevivía. Las paredes con una pintura blanca ya carcomida de grises y hongos, las mesas fijas en hileras, una luz barata que mataba los colores y esos malditos afiches con frases idílicas sobre la bendición de la resiliencia, lejos de festejar la vida parecían invitar a les renacides al suicidio.
Esa primera noche Mariano me contó su vida con el esfuerzo necesario para retener un sueño que contiene un mensaje secreto pero al mismo tiempo sin las reservas que se suelen indicar frente a extraños para mantener la privacidad. Era el quinto heredero de una línea de varones dedicadas al oficio de recolectar cadáveres en los barrios del Subsuelo de la vieja ciudad, conocidos como las Cloacas. En ausencia de cualquier forma de dinero, los deudos ofrecían las pertenencias circunstanciales del fallecido como paga por tan inestimable y temida labor. Su paga preferida eran las bibliotecas. Desde la época de la Gran Derrota de los años 80 del siglo 21 el papel se había extinguido igual que los árboles de donde las antiguas sociedades lo exprimían. Pero quienes habían tenido en sus familias a militantes obreros del antiguo Estado Socialista Pampeano copiaban sus libros preferidos en los materiales de descarte que la Ciudad Estado Celestial y las Comunas Obreras de las Torres Inferiores excretaban en las Cloacas.
Mariano creció leyendo todo tipo de sabiduría escrita a mano en innumerables envoltorios de plástico de diferente textura y forma, que su viejo padre había ido acumulando en los alrededores de su rancho. Paradoja del tiempo, el plástico había sobrevivido para contaminar a fondo el Subsuelo de nuestro mundo pero también preservaba la información necesaria para recuperarlo.
En esas crónicas de leyenda sobre los sesenta años de gobierno obrero y socialista de la cuenca del río Paraná y la Pampa, el viejo sepulturero había encontrado la esperanza encerrada en dos nombres masculinos, el de un rosarino que había recorrido toda la antigua América Latina para recalar en la conquista de la isla de Cuba, Ernesto Guevara, y el de un pibe de Sarandí que había entregado su vida en la lucha por el socialismo hasta un mediodía fatal en que las patotas de la Unión Ferroviaria amparada por el gobierno de Cristina Kirchner se la arrancaron. Solía mostrarle a su hijo las fotos de los cadáveres de estos dos héroes antiguos para explicarle por qué había decidido llamarle así. Lo que más me impactó siempre de Mariano fue su optimismo inquebrantable. No estaba fundamentado en esperanzas utópicas como las que propalaban las redes y medios de información del Consejo Empresarial sino en un profundo y sólido conocimiento de la realidad histórica y de las bases del presente. Cada elemento de nuestra realidad, mientras era evidentemente una prueba del infierno cotidiano que nos oprimía, para la mente de Mariano mostraba los caminos subterráneos que llevaban a su necesaria superación.
Esa primera noche, y todas las hermosas noches junto a él que continuaron, Mariano supo derribar todos mis prejuicios con la gente de las Cloacas. Llevaba cinco años viviendo en la Torre 133 de la Comuna Obrera de Flores, una de las tiras que quedaba cerca delas paredes exteriores de la ciudad, cerca del viejo cauce del Riachuelo, donde había nacido y donde se había criado. Se había ganado la ciudadanía provisional en el interior de Nueva Buenos Aires después de demostrar una condición genética aceptable y el conocimiento de ciertas tecnologías elementales de trabajo intelectual, como leer y escribir, lo que le permitía acceder a las pasantías del escalafón más precario, cuyo coeficiente de aumento y descuento de la cuotaparte de la deuda eran de las más leoninas.
El gobierno de las Comunas Obreras de las Torres Inferiores se mostraba magnánimo con estos proyectos de reinserción de la juventud desclasada de las Cloacas, justificando un esfuerzo noble donde sólo había un desesperado proceso de selección para diluir el peso insoportable de la deuda ampliando la masa de trabajadorxs dentro de la Ciudad. Él logró convencerme con su propio ejemplo de que les desclasadxs de las Cloacas no eran solamente las hordas inhumanas que asolaban las Torres Inferiores cada vez que se repetían los saqueos, verdaderas orgías salvajes de muerte y violaciones en una de las cuales perdí demasiado temprano mi pequeña hermana.
-Mi trabajo en estos malditos túneles es mil veces peor que el de sepulturero en el Subsuelo- me dijo- En mi barrio la vida depende de la capacidad de cada quien para defenderse matando, pero acá se carga el peso de la explotación sin ninguna posibilidad de defenderse ni zafar.
Qué podía refutarle a este hermoso joven lleno de optimismo vital. Balbucié argumentos que me daban pena no bien los escuchaba salir de mi propia boca. Sobre las seguridades de vivir dentro de las paredes de la ciudad, lejos de la barbarie y la lluvia radioactiva.
-En resúmen, lo que vos decís es que como pensás que en las Cloacas no te aguantarías un mano a mano con un traficante, preferís la seguridad de sobrevivir sin ningún tipo de alegría acá dentro. Qué triste, ¿no te parece?
Acababa de salir de un nicho de suspensión frigorífica pero ese pibe estaba más vivo que yo. Me enamoré desde el principio. Era la primera vez en mi vida adulta que escuchaba una esperanza hablar con los pies metidos en el barro y no con las falsas ilusiones que compraba mi familia, o las que inventaba yo mismo para sobrevivir. Esa misma sensación transmitía su cuerpo. Sus músculos estaban marcados por una vida de trabajo rudo, no por los ejercicios que dictamina el Ministerio de Salud para combatir las enfermedades del sedentarismo urbano. Tenía la piel cobriza y un cráneo perfecto, sostenido por un cuello sólido pero sujetando un rostro amable, con unos bellos ojos sabor a miel. Aunque le habían rapado para evitar enfermedades y parásitos muy comunes dentro de las cámaras de enfriamiento, después pude ver florecer una cabellera igual de rústica y optimista, de rulos firmes y copiosos que hicieron deliciosas las caricias y donde los dedos cabalgaban desbocados de alegría.
Tenía miles de hipótesis para explicarse la realidad. Una de ellas era que había consumido lo mejor de la carga genética del padre y todas las reservas de la madre, que donándoselas en el embarazo y el parto, se habían agotado para ella, causándole la muerte prematura. Eso explicaba -según él- que los varones de su familia pudieran dedicarse durante generaciones a un oficio tan suceptible de contagios peligrosos.
-Los muertitos molestan menos que los vivos –solía repetir como un mantra- y mi cuerpo ha sido diseñado por la biología para resistir cualquier muerte.
Luego me diría que mi afecto e ingenuidad lo habían seducido con la ternura de una mascota. Me decía que a pesar de todo mi pesimismo derrotado, en mi mirada había un brillo de dulzura que sólo se podía explicar porque todavía buscaba alguna razón para soñar. Discutimos muchas veces, porque yo me sentía culpable de estar robándole la energía vital cada vez que su carne me penetraba. Sentía lo que debería sentir la tierra hace siglos, recibiendo en mi interior toda la potencia de su sexo, la lluvia de su semen caliente sobre mi piel, dentro mío. No le gustaba mi culpa, ni ninguna culpa.
-Los únicos culpables viven en el Cielo, el resto de nosotros somos víctimas y sobrevivientes.
Cada encuentro de nuestros cuerpos y las charlas acariciando nuestra desnudez me fueron zambullendo en un amor dulce y cálido, reconfortante. Con Mariano –y luego con Julia- sentía la vida por primera vez. Un toro de bronce con la capacidad física para quebrarme en un solo abrazo que, sin embargo, me trataba con dulzura y respeto, haciéndome sentir protegido de todo daño. Él adoraba sentirse devorado por mi boca. Decía que mi lengua soldaba cada centímetro de su musculatura y su alma como un artesano metalúrgico. Que salía más fuerte de cada encuentro. Reconocía también, sin falsas modestias ni recatos moralistas, que la forma en que le comía su potente y enorme palo junto a la ternura de mi carne abriéndose a su paso, lo inflamaban de orgullo y poder, lo hacían sentirse verdaderamente indestructible.
Pero no fue hasta su segunda resurrección, en septiembre de ese mismo año, que terminó de confesarme quién era en realidad. Cuando recibí el mensaje automático del conmutador de la morgue en la pantalla de mi cápsula con la lista de nombres ingresados esa noche un abismo de angustia se abrió de repente bajo mis pies. Hacía muchas décadas que no sentía tanto dolor ante la posibilidad de perder alguien amado.
Descarté rápidamente la idea de subirme a los túneles de transporte colectivo, seguramente atascados y atiborrados, pero corrí a tal velocidad en la bicicleta que generé demasiado oxígeno en la máscara conectada a los pedales y pude haber colapsado por una hiperventilación. Entré a la morgue en medio de los vapores de un desmayo y me acurruqué al lado de su nicho abrazado a mis piernas hundido en un llanto abrumador, desconsolado. Llegué a pensar en quedarme así, ahí, incluso a riesgo de perder el trabajo y las garantías. Nada me importaba ya si Mariano no iba a estar allí. No tenía su templanza ni su voluntad, no iba a sobrevivirlo y aprender del nuevo golpe de la vida. Recuerdo que tuve una especie de alucinación y comencé a arrancar a los gritos los afiches moralizantes de las paredes vomitando entre gritos y mocos atragantados las mil maldiciones contra el sistema social de mierda, el gobierno de las Comunas Obreras y el Supremo Comité Empresario Mundial.
En ese estado me encontró Mariano cuando salió de la cámara de readaptación. Me abrazó fuerte y me devolvió la vida con un beso que logró contener en sí mismo al universo entero, el pasado y el futuro. Él, que renacía por segunda vez, me devolvía la vida a mí, que llevaba muerto cuarenta años.
En el mismo refrectorio de la primera vez me confesó su verdadera pasión, el eje de su vida. Mariano pertenecía a un partido obrero revolucionario que se organizaba en el barro del Subsuelo y que había votado salir y organizar a las clases obreras de las Torres Inferiores para iniciar una segunda fase de reclutamiento que les permitiera el Asalto del Cielo.
-¿Te acordás cuando te decía que tenías una visión muy reduccionista de lo que pasa en las Cloacas? Bueno, desde el mismo día en que el Supremo Comité Empresario Mundial comenzó con la reorganización de la Nueva Buenos Aires les militantes más comprometidos con la República de Asambleas Socialistas del Río de la Plata y la Pampa, les que se negaron a participar del Co-Gobierno de la Nueva Argentina, desaparecieron de la superficie y se fueron a vivir a las Cloacas. Sabían que el Comité Supremo los iba a eliminar a simple vista y que en los Subsuelos había un acuerdo para que gobernasen con sus métodos los Traficantes de Esclavas, con sus ejércitos que les rendían devoción personal y que dominaban las Cloacas. Por eso desde el primer momento se organizaron, armados con lo que había a mano y guapearon cada centímetro de territorio donde se asentaron. Fue una batalla dura que se mantiene hasta el día de hoy, aunque con los años el Poder Obrero Socialista fue consolidándose, la situación de barbarie es tan fuerte en los barrios del Subsuelo que la lucha se libra todos los días cambiando de intensidad.
El Comité Empresario local no difunde esta información, pero nuestras Asambleas Armadas ya controlan el 80% del territorio desde las cuencas vacías del viejo arroyo Salado en el sur hasta el antiguo Arroyo Las Piedras, debajo del Nuevo Montevideo y nuestros avances sobre los Subsuelos de los antiguo Paraná y Uruguay son constantes y sólidos. En pocos años vamos a tener armada y entrenada a la gran mayoría de les desclasadxs en todo el territorio subterráneo de la vieja República Obrera del Plata y la Pampa.
Nuestro Plenario de Delegados de Asambleas, el órgano ejecutivo de la Gran Asamblea de Asambleas, ha caracterizado que la novedad de lxs resurrectxs marca un punto de inflexión que conviene aprovechar para intentar el Asalto del Cielo. Suponemos que las muertes y resurrecciones se corresponden a los elevados niveles de explotación de las clases obreras de las Torres Inferiores es tan elevado que ha provocado mutaciones en la composición genética de sus herederxs y que demuestra que la burguesía imperial va a enfrentar una nueva crisis económica y social agravada esta vez por una crisis biológica de la especie. Creemos que no hay maquillaje comunicacional que pueda impedir una sublevación masiva, sobre todo en las poblaciones herederas de las grandes Republicas Socialistas del siglo pasado.
Por otro lado, nuestros cálculos dicen que el sostenimiento de la refinación de agua marina y de las fábricas recicladoras de tierra y detritos obligan al Supremo Comité Empresario Mundial a concentrar lo mejor de sus Fuerzas Militares en su defensa, lo que nos permitiría arrebatarles los principales recursos de sostenimiento del hábitat en las Ciudades Estado Celestiales con un solo movimiento coordinado de nuestros Ejércitos Obreros Asamblearios sobre las líneas de defensa de la Cordillera Sub Atlántica después de haber ganado para nuestras filas al grueso de les obrerxs de las Plataformas de Reciclado de Tierra del Antiguo Mar Argentino.
Pero son todas suposiciones que hacemos con la información retaceada que nos llega a partir de nuestro método de análisis. Por eso decidimos hacer una selección de cuadros combatientes entre la juventud nacida a partir del 2100 para que infiltre y comience un proceso de reclutamiento en las Torres Inferiores de la Megápolis y el Cielo, que nos permita constatar las hipótesis y mejorar la inteligencia sobre el territorio controlado por el Gobierno Obrero de la burocracia traidora y del mismísimo Comité Empresario. Fui seleccionado entre lxs primerxs para desarrollar esta tarea y estaba preparándome para comenzar el reclutamiento después del período de adaptación cuando tuve mi primer episodio.
Cada revelación de Mariano me dejaba pasmado. No era desconfianza ni incredulidad, sino un sincero asombro ante la descripción de un mundo tan irreal que ni lo hubiera podido imaginar. Pero yo estaba enamorado. Confiaba en cada palabra que decía porque reconocía el tono familiar de su verdad honesta y directa. Le creía. Aunque mi racionalidad, formateada por décadas de propaganda oficial, obligaba la duda, también honesta.
-Pero Mariano, si la mutación que mata transitoriamente a tu generación se da sólo por los niveles de explotación en la superficie ¿por qué morís y resucitás vos, que descendés de desclasades?
-Mi vieja era una obrera de las Torres, Leo. Evidentemente estos cinco años de vida alienada me despertaron una codificación genética latente. Ella perdió sus beneficios después de un aborto espontáneo y que los sensores del Ministerio donde trabajaba detectaron que la hacían inservible en el corto plazo para todo tipo de tareas en las Torres y la expulsaron de la Ciudad. Así conoció a mi viejo.
-¿Y cómo pensás cumplir tus tareas de reclutamiento en las Torres si te vas a cagar muriendo cada dos meses? Además ustedes están locos si creen que pueden organizar reuniones clandestinas acá. Los tipos dominan todo tipo de información y comunicación entre laburantes, saben hasta cuándo vamos a cagar y el tipo de mierda que cagamos porque los inodoros de las células de vivienda están interconectados con el Ministerio de Salud y el de Información. Es imposible.
-Parte de mis tareas tienen que ver con encontrarle la vuelta a ese problema. Pero cuando te conocí me diste la punta de la solución, creo que por eso te amo tanto, mi hermoso desmoralizado. Vamos a empezar el reclutamiento en las morgues transitorias. Dónde vamos a encontrar mejores militantes sino entre la juventud obrera que renace después de morir a causa de todo el régimen social que sostienen con su trabajo. Tus entrevistas demuestran que los niveles de seguridad en las morgues son mínimos. Si convencemos a les resurrectxs de transformarse también en entrevistadorxs, en poco tiempo podemos multiplicarnos por miles. Esta generación tiene que elegir entre morir cien veces para sostener un ritmo de explotación nunca alcanzado antes en la historia de la especie humana, el más bajo horizonte de humanidad nunca soñado, o ponerle fin de una vez y para siempre. Nosotres vamos a darles esa oportunidad.
Recuerdo que le dije que admiraba su optimismo pero que me seguía pareciendo una quimera utópica. Yo mismo conocía sólo aquello que el Ministerio de Instrucción había programado en mis años de educación oficial y que mi familia nunca se le hubiera ocurrido cuestionar. Es increíble, pero la lógica más racional, hoy, frente a este sol de mediodía, se me aparece como un ridículo testimonio de mi pequeñez mental.
Me convenció de la necesidad de hacer un curso de formación histórica para que pudiese comprender el alcance de las conclusiones que su Partido había acumulado y que para eso era urgente comenzar con los balances y perspectivas del proceso que llevó a la primera República de Asambleas Obreras y Socialistas de la Cuenca del Río de la Plata y la Pampa (RAOSCRPP). Lo que me capacitaría también para comenzar a reclutar por mi cuenta y organizar nuevos equipos y redes revolucionarias en paralelo.
Le redoblé la apuesta, ya dispuesto aunque sea a seguir por el camino de este delirio que le daba una profundidad inusitada a nuestro amor, y le propuse aprovechar mis conocimientos en antiguas tecnologías para escribir el curso de formación y entrenando a otres insurrectxs en el arte, copiar manuales que pudiesen replicar los resultados y potenciar la tarea de reclutamiento.
Ese día, sin saberlo, nacía yo a la vida por segunda vez, como escritor y reclutador del movimiento revolucionario más fabuloso que tuvo la humanidad hasta hoy, parido por el hermoso hijo, dos veces renacido, de un sepulturero.