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viernes, 24 de marzo de 2017

Carta de un docente al Gobierno Nacional

Acto escolar del Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia de 2017.

Compañeras y compañeros, estudiantes, docentes y auxiliares. Hoy recordamos el inicio de la última dictadura militar de la historia argentina, hace 41 años, el 24 de marzo de 1976. Hoy es un día especial para hacer memoria porque tenemos un gobierno que pretende borrarla, desdibujarla y anularla. Funcionarios del Estado andan diciendo, otra vez, que no fue un genocidio, que no fueron 30 mil, que por algo será y que tenemos que dejar el pasado atrás.

El ejercicio de la memoria es inútil si no cumple con dos condiciones también incluidas en el nombre oficial de este feriado, Verdad y Justicia. Porque si hacemos Memoria sin buscar la Verdad podemos caer en la estafa histórica y si hacemos Memoria buscando la Verdad necesariamente tenemos que exigir Justicia. Sólo así podremos construir un presente y un futuro dignos de ser vividos.

Hablemos de la Verdad entonces.

A pocas cuadras de nuestra escuela, en San Juan y Entre Ríos, el 25 de marzo de 1977, exactamente hace 40 años, una patota de militares emboscaba y asesinaba a uno de los más grandes periodistas y escritores de la historia cultural argentina, el rionegrino Rodolfo Walsh. El día anterior Walsh había escrito y publicado su último trabajo, un balance del primer año de gobierno de la dictadura de Videla, describiendo en detalle la catástrofe económica y social y el genocidio que ya había empezado.

Perseguido, buscado, Walsh no dejó de luchar y escribir, su Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar es una prueba que refutaba en la cara las mentiras del régimen militar hace 40 años y que las sigue desmintiendo hoy, cuarenta años después y que la seguirá desmintiendo cada vez que alguien vuelva a querer mentir sobre lo que pasó. Sería bueno que vayamos a la biblioteca y la volvamos a leer para refrescarles la memoria a los funcionarios.

Porque está largamente comprobado que lo que hizo especial a la dictadura de 1976 fue la construcción de un plan sistemático de secuestro, tortura y exterminio de la población que luchaba por transformar la vida social y económica y construir un país sin pobreza, sin explotación, donde se garanticen los Derechos Humanos para todos y todas, independiente del poder de las principales potencias industriales del mundo. Con diferencias estratégicas y tácticas, esa generación se inspiraba en el socialismo triunfante en 1917 en la Unión Soviética, en el de la República Popular China de 1949 y en el de la República de Cuba de 1959.

Por eso reclamamos que se trató de un genocidio, comparable con el exterminio de paraguayos y gauchos federales durante la Guerra de la Triple Alianza y el de los pueblos originarios de la Patagonia y el Chaco llevados a cabo 100 años antes con alevosía por los gobiernos de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca. Genocidios que el Estado ha querido ocultar, por caso llamando “Conquista del Desierto” a la masacre de aborígenes que el actual Ministro de Educación Nacional acaba de reivindicar hace pocos meses.

La comparación es pertinente porque la dictadura de Videla, Massera, Agosti y sus continuadores se llamó a sí misma Proceso de Reorganización Nacional precisamente porque se inspiraba en las acciones de esas presidencias liberales, que se conocen en los manuales de historia como el Proceso de Organización Nacional.

El uso de los mismos métodos sanguinarios para eliminar al pueblo que quería otro destino no fue lo único que imitaron los militares. El Proceso de Videla y compañía, como el de Mitre y compañía, organizó una economía agroexportadora y dependiente del capital y la industria extranjera, liquidando el escaso desarrollo industrial que existía, fundando el negocio de la soja que hoy es el principal y único sostén de la economía nacional; como en el siglo 19, se generó una deuda externa que las investigaciones del Congreso Nacional han demostrado fue fraudulenta, se vaciaron y destruyeron las empresas de comunicaciones y energía que eran del Estado y se pasaron al Estado las deudas de empresas privadas que antes de la dictadura estaban al borde de la quiebra y hoy son las empresas privadas más millonarias, el Grupo Clarín y Techint a la cabeza.

Podríamos decir que este 24 de marzo el famoso neo-liberalismo cumple 41 años en nuestro país.

Aproximadamente 30 mil personas fueron secuestradas, torturadas, asesinadas u obligadas a irse del país. Se censuraron canciones y artistas musicales, pinturas, fotografías y artistas visuales, libros y escritores, diarios y periodistas, sindicatos y sindicalistas, editores y editoriales, centros de estudiantes y delegaciones estudiantiles. Abogados, médicos, docentes, metalúrgicos… no hay oficio o profesión que no cuente con cientos y miles de desaparecidos, torturados, cesanteados, exiliados.

El proceso de destrucción de la educación y la salud gratuita, científica y laica alcanzó con la dictadura un salto de calidad, la verdadera “caída” detrás de las palabras del presidente.

La memoria es un ejercicio inútil sino sirve para entender el presente. El país que tenemos, la sociedad, la economía, la política que hoy vivimos es producto de la dictadura que comenzó hace 41 años. No se trata de recordar y poner en una foto lo que pasó, se trata de mirarnos en esa foto y ver qué nos pasa hoy.

En la actualidad existen casi 4500 leyes que organizan la vida en nuestro país. Un diez por ciento de ellas, 417, fueron dictadas sin ninguna legitimidad por una dictadura que clausuró el Congreso. El régimen de organización de la Policía, cómo juzgamos al delito juvenil, las entidades financieras, la venta de tierras públicas del Ejecutivo sin pasar por el Congreso, el pago de sueldos a la Iglesia Católica con dineros estatales, las leyes laborales y muchos otros aspectos fundamentales de la vida en sociedad todavía hoy se siguen rigiendo con las leyes de la dictadura genocida y no han sido derogadas por ningún gobierno. Al contrario, se aprovechan de ellas.

En 41 años todavía no hemos podido hacer justicia con los responsables del genocidio de los años 70. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales 2.800 sujetos fueron acusados de delitos de lesa humanidad, la mitad todavía está libre, uno de ellos, incluso, llegó a ser Jefe del Ejército hasta hace poco; de los que fueron juzgados y condenados sólo el 38% recibieron cadena perpetua; muchos de ellos tienen el privilegio de cumplir su condena en la comodidad de sus hogares y no en una cárcel común; hoy sólo hay 13 juicios en desarrollo; 50 genocidas condenados están prófugos de la ley; 426 se han muerto de muerte natural antes de ser juzgados.

En estos 41 años ningún gobierno fue capaz de promover y garantizar la investigación judicial y la condena de ninguno de los empresarios que se beneficiaron, promovieron y financiaron la dictadura militar. Tampoco fueron juzgados los políticos que avalaron estos crímenes manteniendo sus funciones en el aparato del estado nacional, provincial ni municipal; ni los jueces y religiosos de distinto rango que colaboraron con la dictadura.

¿Qué tipo de justicia puede tener una sociedad que tarda 41 años en condenar a personajes que diseñaron un gigantesco plan de exterminio como el que sufrimos?

En algo tiene razón el gobierno cuando dice que no fueron 30 mil. Como no hubo justicia, las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos siguen engrosando la cuenta incluso con más de treinta años de democracia.

La impunidad permitió que las fuerzas de seguridad continuaran con las viejas prácticas. En los barrios obreros más humildes de todo el país se siguen produciendo violaciones a los derechos jurídicos más elementales y tenemos documentados por CORREPI casi cinco mil casos de asesinatos en movilizaciones o protestas sociales, gatillo fácil, desaparición forzada, y asesinatos de personas detenidas en comisarías o cárceles.

Dos dolorosos ejemplos de los nuevos desaparecidos. En 2006 las fuerzas de seguridad sobrevivientes desaparecieron a Jorge Julio López, mientras era testigo en uno de los juicios contra quienes lo habían secuestrado y torturado en los setenta. En 2009 la policía bonaerense secuestró y asesinó a Luciano Arruga de 16 años porque se había negado a robar para ellos, fue enterrado en una tumba sin nombre en el Cementerio de Chacarita hasta que fue descubierto en 2014. Hay 200 tumbas sin nombre en el mismo Cementerio. 

¿Cuántas tumbas sin nombre existen en los cementerios del país? ¿Cuántos Luciano Arruga siguen sin ser descubiertos?

El Estado calcula que existen más de 6 mil personas desaparecidas, secuestradas por redes de trata para la esclavitud sexual o laboral, la gran mayoría mujeres, niñas y niños. El crecimiento del narcotráfico ha tenido un desarrollo impresionante en los últimos veinte años.

El secuestro de personas y la operatividad de las redes de narcotráfico a estos niveles es imposible de llevarse adelante sin la colaboración activa de las fuerzas de seguridad, las instancias judiciales y los aparatos políticos. El caso de México es, lamentablemente, el espejo donde nos miramos todos los países de América Latina.

Los niveles de violencia contra las mujeres que estamos viviendo son insoportables e inauditos. Todavía no se cumple el más mínimo derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Se calculan 3 mil mujeres muertas por abortos clandestinos en más de treinta años de democracia.

Si sacamos bien las cuentas fueron 30 mil y vienen siendo cuarenta y cinco mil.

¿Y qué pasó en estos 41 años con los otros derechos humanos, los económicos y sociales?

En marzo de 2012, en su presentación frente al Congreso Nacional, la presidenta de la Nación argumentó que el desfinanciamiento de los trenes que provocó la muerte de 52 trabajadores en el choque de una formación sin frenos del FFCC Sarmiento en Estación Once se debía a un hecho absolutamente cierto: la mayor parte del presupuesto nacional se destina al pago de la deuda externa, que en su mayoría contrató la dictadura.

El estado lamentable de las rutas argentinas, que promueve una de las principales causas de muerte en nuestro país, el estado de los trenes y colectivos, los cortes de luz, la falta de agua potable y cloacas en la mayor parte del país, el deterioro de los hospitales y las escuelas públicos se deben a lo mismo, amén de la corrupción: el presupuesto que se pone en el pago de la deuda externa de la dictadura.

Seguimos dependiendo de la importación de bienes industriales del exterior y del endeudamiento externo para vivir; dependemos de la exportación de soja que está generando un genocidio ecológico con los suelos y aguas potables, transformando tierras fértiles en desiertos y generando inundaciones mientras la calidad de los alimentos que consumimos se degrada sistemáticamente, colaborando en el aumento de los índices de mortalidad infantil y enfermedades crónicas.

Se vota el pago de la deuda externa a los buitres extranjeros mientras se agita desde el Estado el odio contra los extranjeros e inmigrantes como causa de todos los males, fogoneando la violencia en nuestros barrios.

Todo esto quiere decir que los derechos humanos elementales, a la salud, la educación, la vivienda, el alimento y el trabajo, que deberían ser garantizados por el Estado a todos los habitantes del país no se cumplen.

Tenemos 13 millones de personas bajo la línea de pobreza, un millón y medio no llegan a juntar ingresos suficientes para alimentarse mínimamente. La mitad de la población en condiciones de trabajar tiene trabajo en negro, sin ningún derecho, el promedio salarial está en los 6 mil u 8 mil pesos, las jubilaciones mínimas en 6 mil pesos cuando la canasta familiar está entre los 13 mil y los 19 mil pesos. Mientras se expulsan manteros y artesanos de las plazas y se pide represión a los piquetes de la pobreza, se cierran fábricas todos los días.

Para finalizar, ¿qué podemos aprender de este repaso por la memoria histórica de nuestro pueblo?

A los 30 mil compañeros y compañeras desaparecidos los secuestraron por luchar. Es decir, que todo ese plan tenía el objetivo de que nunca más la población volviera a luchar por los derechos humanos plenos. Querían meternos miedo para que no lo volvamos a hacer.

Sin embargo, hace unos años atrás, los delegados del Subte, que después de veinte años recuperaron su organización sindical y conquistas laborales arrancadas por la dictadura, obligaron al Estado a ponerle el nombre de Walsh a la estación de la línea E de San Juan y Entre Ríos. Todo un símbolo.



A pocas cuadras de aquí, en Chile y Virrey Cevallos, funciona un Centro Cultural en el edificio donde funcionaba un Centro Clandestino de Detención, Tortura y exterminio regentado por la Fuerza Aérea. Su historia también es un símbolo. Dos jóvenes que sobrevivieron al secuestro y la tortura en ese infierno, y veinte años después junto a otros sobrevivientes y familiares de nuestro barrio, dieron una lucha incansable para que el Estado expropie el inmueble y hoy ese edificio es la principal prueba en el juicio contra los genocidas que los secuestraron y torturaron.

Nadie les regaló nada. Volvieron de la muerte, lucharon contra todos los obstáculos y obligaron a todos los gobiernos.

Tres semanas atrás millones de mujeres se movilizaron el 8 de marzo en todo el país para denunciar la violencia machista y exigir sus derechos, las mujeres en Argentina son las orgullosas fundadoras de uno de los movimientos de lucha más importantes e imitados de todo el mundo, el niunamenos.

Ayer mismo, medio millón de docentes, estudiantes y familiares nos movilizamos para poner freno al saqueo de la educación pública, a pesar de las mentiras y las infamias que vende la prensa adicta al gobierno, a pesar que el presidente diga que estudiar en la escuela pública es “caerse” de algún lado importante acusando a la juventud y la docencia de vagos, faltadores y poco capacitados. A pesar que nos descuenten los días de huelga, violando el derecho a protestar y a pesar de que manden a la policía a tomar asistencia a las escuelas, como hace 41 años.

Quisieron exterminar una generación de jóvenes que querían un mundo sin miseria, donde se garantizaran todos los derechos humanos elementales y no pudieron.

El camino es, entonces, no bajar los brazos ante la adversidad, por más cruel que 
haya sido, por más dolorosa e injusta que sea nuestra vida todos los días. No nos dejemos vencer, encontremos en nuestras compañeras y compañeros, en nuestros vecinos y vecinas, la fuerza necesaria para encontrar el camino y la salida.

Organicémonos con ellos una y mil veces, insistamos todo lo que sea necesario hasta conquistar nuestros derechos no importa lo grande que sea el poder que nos enfrenta.

Tenemos que comprobar hoy, en esta escuela sin presupuesto suficiente, con docentes que laburamos con sueldos muy bajos, con estudiantes que hacen un esfuerzo cotidiano por asistir y estudiar, todes nosotres pertenecientes a esa sociedad castigada que describíamos antes, que a pesar de todo, la Dictadura no venció, que no han logrado, a pesar de todo, que nos adaptemos, que nos callemos ante la injusticia, que todavía luchamos.

Que en cada esfuerzo nuestro de cada día, la memoria y los sueños de la generación que fue asesinada siguen vivos.


Que en nuestra lucha cotidiana, los 30mil desaparecidos, están presentes. 

Entonces, el futuro es nuestro.

martes, 7 de marzo de 2017

Rohayhu che Revolución

Una opinión sobre El mosto y la queresa, de Mario Castells, premio provincial de literatura 2012, Editorial Municipal de Rosario.


Hace unos años nos sorprendía gratamente descubrir que un sindicato había recuperado una tradición histórica de los anarquistas fundadores del movimiento obrero en el Río de la Plata: el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Construcción (SITRAIC) editaba su boletín en castellano y guaraní. Lejos de una jactancia progresista, la conducción del sindicato enfrentado a la UOCRA monopolizada por el servicio Gerardo Martínez daba cuenta de una imposibilidad, organizar a los albañiles que en su inmensa mayoría hablan y leen la lengua madre de la selva y el río.

El impacto enorme de la inmigración guaraní hablante en la conformación de la clase obrera en el Río de la Plata y la cuenca del Paraná no ha tenido todavía su equivalente atención entre intelectuales y organizadores cuyo sujeto es la clase obrera, ya sea para domesticarla como para ayudar en su liberación definitiva. No al menos en la contundencia y simpleza del SITRAIC.

Sin embargo, rascando debajo de las costras de la cultura oficial, de derecha y de izquierda, se puede encontrar una novela –y por lo tanto un artista detrás de ella- que señala la punta de un inmenso iceberg que bien llevado por el azar de los vientos de la lucha de clases podría derribar a su momento varios Titánics.

Estamos intentando reseñar El mosto y la queresa, obra de Mario Castells, una de las ganadoras del Concurso Provincial de Literatura “Ciudad de Rosario” en 2012.

Por el camino del realismo barretiano


Se trata de una novela que retrata magistralmente las raíces que explican la vida cotidiana, la mentalidad, la sociabilidad de la clase obrera de origen paraguayo en nuestra región. Las diferentes capas de lectura de la novela son sólo posibles una vez que les lectores/as sensibles podemos hacer el esfuerzo de salirnos de la contradictoria empatía con la que su autor logra emboscarnos. 

Construida como la narración de un recuerdo biográfico épico, donde el hermano menor describe casi sin subjetividad la epopeya del primogénito paraguayo campesino, sin ahorrarnos los aspectos que una conciencia moral debería repudiar sin ambagues, sin embargo logra su cometido, llevar ese repudio hacia las raíces políticas y sociales que han obligado a esa biografía épica.

Quien mira de afuera, sin siquiera sospechar las leyes invisibles que conforman la sociabilidad de los individuos, rechaza instintivamente el machismo atávico, el alcoholismo endémico, la bizarra mezcla de símbolos, el sonido irreconocible de un idioma extraño. Castells trabaja en una tensión casi imposible de imaginar, una descripción objetiva, sin juicios morales, rayana en el costumbrismo, no para ennoblecer al emigrante paraguayo pero logrando conmovernos contra las presiones políticas y sociales que lo han engendrado.

Se trata de un relato que describe sin avisarnos una mutación particular, la del campesino semifeudal en su transición a la adultez en paralelo de su transformación en un obrero calificado, al mismo tiempo que es desarraigado y reimplantado como un gajito de tipa al otro lado de la frontera. Describe en la historia de su hermano mayor la historia de toda la clase obrera paraguaya que es explotada en Argentina, Uruguay y Brasil. Pero al mismo tiempo que sigue con dedicación y respeto la descripción de esa triple mutación, el narrador también va mutando, desde la mirada abrumada e idealizante del comienzo maravilloso de la novela donde la magnífica y abrumadora naturaleza de la selva y el río nos embriagan de fascinación y terror hasta las conclusiones, cuando el propio narrador ha madurado, producto de su propio desarraigo, de su propio paso a la vida adulta, de su propia proletarización en la emigración forzada.

Si Castells se hubiera limitado a dejar las cosas aquí ya habría alcanzado para aplaudirlo. Porque esta estructura imperceptible de la novela ya alcanza para que les lectores/as sensibles podamos descubrirnos llevados a ese camino de maduración consciente a través de la empatía con el camino de sus personajes centrales. 

No hay manera que nadie en su sano juicio pueda zafar del disfrute de una estructura narrativa donde cada aspecto de la vida del campesino paraguayo contemporáneo brota con naturalidad en los momentos justos: la íntima relación del bravo paisaje en la conformación de las conciencias individuales y colectivas, los íntimos detalles que describen con poder de aguafuerte las relaciones familiares desde la comida cotidiana hasta el lugar de la radiofonía y la música en el entramado de las comunidades. Todo Paraguay está vivo en la novela, las relaciones entre el campo y la ciudad, la descripción justa de los mecanismos de expropiación del campesino, la borrosa frontera de la legalidad política y económica y la presión clave del desborde natural –la inundación- en la configuración última de los procesos culturales.

Es una descripción impresionante del dolor de varias generaciones de explotados/as y oprimidos/as paraguayos/as, desde los violentos orígenes de la colonia hasta la actualidad. 
Un campesinado y un proletariado desvastados en todos los niveles de la vida material y cultural posibles. Sin embargo, Castells no ha escrito para conmover al llanto y la nostalgia, apelando al inmovilismo emotivo del llanto de la guarania o el purahéi jahe’o. En cualquier lectura de su novela uno puede comprender con absoluta franqueza los motivos genuinos de ese dolor que la cultura popular guaraní ha elevado a niveles de emotividad difíciles de superar y que la iguala con las mejores expresiones mundiales del desarraigo. Castells toma de la esencia propia de la cultura y la estirpe el dolor hecho bravura, la nostalgia hecha combustible y tozudez para enfrentar las causas del dolor y erradicarlas como a la hierba mala. Su novela no es triste lamento, sino doloroso y consciente grito de guerra, consigna y bandera.

La lengua madre


No obstante, Castells se anima a coronar su obra con un desafío todavía superior. Está escrita en un idioma propio, donde el castellano rioplatense y litoraleño se entretejen con el castellano paraguayo, el guaraní y el jopara, castellano guaranizado y guaraní castellanizado de habla popular en el Paraguay contemporáneo. No imagino el impacto de este desafío en una sensibilidad criada en guaraní y jopara pero ya es increíble el resultado en una conciencia nacida y formada culturalmente en el castellano. 

Porque la novela no se traba con la repetida aparición de diálogos y giros idiomáticos extraños, todo lo contrario. Mario va usando diferentes recursos técnicos en momentos diversos para precisamente no cortar el flujo de la historia sin abandonar su pretensión de ofrecerle a una conciencia castellana una mejor comprensión de lo que ocurre.

No se trata solamente de felicitar por un ejercicio artesanal que demuestra preocupación y elaboración consciente del escritor, sino de admirar la capacidad técnica de Castells para coronar su objetivo político y literario con el uso correcto del idioma. Es que no se puede comprender ni siquiera superficialmente la vida del campesino y proletario paraguayo abstrayéndose de la importancia que tiene en ella el guaraní. La mitología de las poblaciones que convivieron con los invasores españoles asigna a la palabra humana la misma importancia en la vida social que la Biblia le asignaba en la vida política de las tribus del desierto mesopotámico. Como Jhavé, el primer creador de la mitología guaraní, antes que la tierra, creó la palabra, el verbo.

El guaraní ha permitido mantener unido a su pueblo, como si fuese la forma más concreta de las relaciones de parentesco familiares, desde la era donde dominaban vastos espacios desde las selvas y costas del caribe hasta la llanura pampeana, sin contar con un Estado imperial centralizado, como sus vecinos hostiles, los Inkas, hasta el sostén de las familias dispersas en la diáspora.

El guaraní tiene la misma importancia explicativa que sus equivalentes culturales en las “nacionalidades” obligadas a una vida de éxodo permanente más conocidas y estudiadas en nuestra cultura oficial, el yiddishe entre los judíos, el romaní y el flamenco entre los “gitanos”, los ritmos y tradiciones religiosas entre les africanos/as arrancados de su continente desde el siglo 15.

Algo más todavía. Toda la narración sostiene una voz muy particular, uno que ha escuchado a esta estirpe contar anécdotas en fogones o jodas, puede detectar en el tono de todo el relato esa musicalidad propia del aedo guaraní, no en la frase en el idioma desconocido, aunque también, pero sobre todo en esa cadencia asincopada tan particular, amiga de la ironía y la guasada igual que de la conclusión corta y al pié.

Literatura y revolución en carne propia


Todo esto lo sabe, obviamente, Mario Castells. Entonces nos pasa otra cosa maravillosa, que en el afán de comprender las estrategias narrativas que nos han deslumbrado el goce hedonista de su obra, uno termina descubriendo –con el método de Colón- la envergadura impresionante de un intelectual de alto calibre.

Pues no se puede hacer una novela de estas características dejándose llevar por las musas y las emociones. Es obligatorio haber recorrido un camino de trabajo consciente y sistemático con la complejidad de fenómenos que se quieren enhebrar en el tejido del texto. Es prioritario tener una comprensión muy dialéctica del objeto que uno ha decidido narrar para ofrecer un producto final que, para colmo, no muestre la hilacha con la torpeza del narrador novato, que interrumpe el fluir de la historia con burdas llamadas al pie que explican al espectador el significado del chiste.

Entonces descubrimos que Mario Castells no ha nacido de un repollo, que ha decidido organizar toda su vida material de intelectual proletario –labura de albañil- en función de comprender y transformar el mundo donde ha nacido y vive, junto a las personas que comparten con él dolores y alegrías, su propia clase social, la obrera, y en particular aquélla de origen paraguayo.

Su camino se ha venido esclareciendo dialécticamente desde que enfrentó la realidad desde la experiencia de la lucha organizada desde temprano en la construcción de organizaciones sindicales y políticas en los secundarios de fines de los ochenta y principios de los 90 en su Rosario natal; que lo llevó a seguir el derrotero de un militante revolucionario pleno, organizador de un partido de izquierda, de inspiración trotskista, en todos los frentes de la lucha de clases, movimiento obrero, villero, desocupados, juventud, universitario, etc. Mario reivindica desde el sentimiento, la experiencia y un estudio profundo y objetivo la corriente política que lo ha formado, el morenismo, y su propia experiencia que lo ha llevado a conocer de primera mano las organizaciones derivadas del MAS que mayor relevancia tuvieron en la política nacional de los últimos veinte años.

Uno que viene desde un conjunto de veredas de enfrente (admiré la cultura guaraní desde la vereda de enfrente de un hijo de europeos de la clase media pacata posadeña y luego desde mi emigración a Buenos Aires; intento ayudar a la toma de conciencia de su identidad social y étnica a les estudiantes de familia guaraní de la escuela de Villa Soldati donde trabajo; me esfuerzo atropelladamente en seguir los pasos de les artistas revolucionarios que admiro escribiendo con las herraduras; me he formado en una confrontación equivalente con el estalinismo y el morenismo en todos los planos de interpelación de la realidad) no puede más que alegrarse ante el descubrimiento de la pólvora, ya que Mario Castells en su biografía personal y su obra literaria es una nueva demostración del poder creativo y revolucionario de la clase obrera hija del Argentinazo.

Castells nos demuestra palmariamente que no tenemos que seguir yendo a bucear entre los intelectuales proletarios de los 60-70, en la generación anarquista y socialista del centenario y Boedo para encontrar en nuestras propias filas ejemplos  para admirar e imitar.

Se trata de una de esas maravillosas gentes que escupe a la hipocresía de los intelectuales a la cara, haciendo carne las biografías y tradiciones que admira. Porque en El mosto y la queresa Castells construye una obra en la que se puede observar una forma genuina y contemporánea de resolver los mismos objetivos complejos que se propusieron los intelectuales proletarios de izquierda que tanto admiró en sus estudios juveniles, Augusto Roa Bastos y Rafael Barret.

En un ensayo de Mario y su hermano Carlos publicado en 2010 por el Centro de Estudios de América Latina Contemporánea de la Universidad Nacional de Rosario, Rafael Barrett: el humanismo libertario en el Paraguay de la era liberal, encontramos una caracterización de Rodó que bien vale para esta novela.

Castells, como Barrett, no cae en los límites del naturalismo libertario o socialista del 900 en adelante ni tropieza con la pura reivindicación nostálgica e idalizada del pobre y sufrido campesino. Su descripción tiene la crudeza necesaria para despegarnos de la empatía boba y permitirnos ver el entramado social y político que explica la desgracia. Nos lleva a empatizar con el desgraciado y no con las barbaridades que la vida le llevaron a cometer. Por eso nos permite buscar las razones, ponerle nombre a esta realidad desesperante y delirante del sufrimiento del Paraguay, intentar identificar un programa que le dé salida.

Siguiendo a Barrett, la obra de Castells le pone nombre a las causas, porque se ha esforzado en comprenderlas, en estudiarlas, en contrastarlas en la lucha de clases concreta. Y ese esfuerzo es invisible en la superficie de la novela, pero trabaja sin descanso para sostenerla desde lo esencial. Ahí si se quiere el éxito político y estético de la obra de Roa Bastos, quien reconoce haber encontrado en Barrett la clave para comprender la realidad tan compleja y dura que le tocó desnudar en su literatura.

Castells no se ha limitado a prologar y difundir la vida y obra de quienes fundaron lo mejor de la cultura paraguaya –que ya sería un trabajo digno de llenar el esfuerzo de un intelectual- sino que habiendo comprendido la médula de la estrategia vital y artística, ha intentado hacer lo propio teniendo en cuenta las nuevas herramientas aportadas por la experiencia crítica de las tradiciones admiradas y aquéllas que aporta la evolución técnica del capitalismo en los últimos años.

La obra de Castells nos justifica con pruebas concretas y renueva la confianza en la inagotable fuerza creativa de una clase social expropiada de todo, incluso de la fe en sus propias fuerzas para detener el enorme genocidio que el Estado capitalista nos labra en los huesos y las conciencias.

Paradójicamente, el principal opositor dentro de la izquierda trotskista de la tradición política de Castells nos imprimió a quienes lo seguimos una máxima que explica muy bien por qué creemos digna de admiración e imitación su trabajo. “Si la poesía se juntara con la clase obrera y la clase obrera se juntara con la poesía tendríamos una revolución social” o algo así dijo Altamira en medio de la campaña electoral del 2015 y muchos de los artistas que nos criamos en su tradición política hemos tomado esa idea como una especie de programa personal con esperanzas de que algún día sea todo lo orgánico que deseamos y necesitamos (http://www.revistaelotro.com/2015/02/17/entrevista-a-jorge-altamira-si-la-poesia-se-juntara-con-la-clase-obrera-y-la-clase-obrera-con-la-poesia-tendriamos-una-revolucion-social/).

La obra y la biografía de Castells nos vuelven a convencer que la clase obrera en la cuenca del Paraná ya está haciendo poesía, música, literatura y arte en el camino de la transformación revolucionaria de nuestra sociedad.

Como diría el Che, así las cosas, el futuro es nuestro, del mosto y la queresa de los humillados de esta tierra.

jueves, 2 de marzo de 2017

Prensa o Andamio: defecto de homografía

Las palabras homógrafas, dice el mataburros, son aquéllas que aunque se escriban de la misma manera, sin embargo, contienen significados diferentes.
Entre las tradiciones que se reivinidican herederas de una estrategia política marxista, leninista y trotskista, hace por lo menos 15 años que viene horadando una equivocación derivada de una homografía lamentable. Es que "prensa" y "prensa", aunque se escriban igual, por efecto de la política revolucionaria, no significan lo mismo.
Cuando surgieron los primeros partidos obreros socialistas, en la segunda mitad del siglo 19, el desarrollo tecnológico más avanzado seguía haciendo necesaria, para la transmisión, difusión y cohesión de ideas políticas, la impresión de letras escritas en papel, su organización en formato diario o revista, su tirada diaria, semanal o mensual y su distribución en mano.
Cuando Lenin basaba la organización de un partido político obrero y socialista en la construcción de una sólida "prensa" no había tanto espacio para la polémica. Puesto que un órgano de difusión de ideas y las tareas necesarias para la construcción de una empresa periodística cualquiera, eran casi idénticas.
Ahora que existe la difusión de ideas por internet, que existen redes mucho más eficaces para conectar individuos, como Facebook, tuiter, Instagram, etc., la situación del viejo mercado de publicaciones en papel y distribución física ha entrado en una crisis irreversible y son varias las empresas editoriales que han bajado los brazos, limitándose a la impresión de sus diarios los días domingos (en que la burguesía, la pequeñoburguesía y la clase obrera con acceso a la cultura leída ponen las patas en la palangana y disfrutan del viejo ritual de la lectura impresa) y revalorizando las revistas semanales o mensuales.
En el campo de la izquierda que reivindica las viejas tradiciones políticas se nota un abandono progresivo - aunque no necesariamente progresista- del periódico o semanario impreso. Organizaciones que imprimen su prensa regularmente y la regalan, organizaciones que han cambiado el formato físico por el electrónico -e incluso abandonaron el viejo nombre para no tener que sufrir por el recuerdo permanente de una otrora intención revolucionaria- y organizaciones que no terminan de decidir "qué hacer", con lo que sostienen el peor hibridismo, el que no se beneficia con ninguna de las dos opciones mientras recibe las peores consecuencias de ambas.
Cuando una organización leninista cede ante la presión del mercado editorial, regala sus producciones impresas o lisa y llanamente las abandona por un periódico digital, ha decidido que su "prensa" es la misma "prensa" de los medios de difusión tradicionales, su competencia es con el mercado de la información, han pasado a ser una empresa periodística, se plantean políticamente "influir en la opinión pública" pero no organizar un partido obrero.
Más aún si estas organizaciones han leído y estudiado a Gramsci con detenimiento y religiosidad, ya que es el gran comunista internacionalista italiano quien mejor ha dejado constancia de esta homografía.

Hay que volver al famoso texto fundador del bolchevismo en el congreso de 1902 para aclarar, una y otra vez, la confusión homográfica. Lenin compara la prensa de un partido obrero (vale para cualquier intento organizativo, sindical, cultural, etc.) con un "andamio" para explicar la diferencia con un medio de prensa con intenciones periodísticas.
¿Por qué un andamio? Porque Lenin no quiere “vender” un periódico para discutir cuántas ganancias dio el último número y decidir el contenido del próximo en un análisis de lo que “el lector” quiere leer y esas encuestas rápidas típicas de los comités editoriales de la prensa comercial; Lenin quiere tener una idea de cuántos –y cuántas- militantes están activos/as, acercándole sus ideas a cuántos y cuántas obreros y obreras. Cuántos/as de ellos/as se suscriben a las ideas políticas allí expresadas y cuántos/as las rechazan, y de ser posible por qué.
Esa es la medida de una prensa revolucionaria, cuyo simple y sencillo informe de ventas es una radiografía objetiva del tamaño e influencia real y físico de una organización política.
Esta radiografía es prácticamente imposible de conseguir en medios virtuales, aunque cada vez son más las herramientas que se diseñan para lograrlo. La cantidad de megustas y favoritos, sobre todo los compartidos y el retuiteo, son muestras de la adhesión a tal o cual contenido, pero no muestran con claridad si ese individuo tiene un nivel de compromiso con la idea compartida o megusteada que lo lleve a invertir parte de sus ingresos mensuales en sostener esas ideas, o en dejar parte de su tiempo libre para sostenerlas con el cuerpo, mucho menos si estaría dispuesto/a a comprometer su trabajo o su integridad física y/o moral en la conquista de las mismas metas políticas.
Es que todavía no se ha inventado un método de organización política, sindical o cultural de los cuerpos y las conciencias físicas que pueda basarse en algo más que una identificación virtual y efímera de los gustos y simpatías. La necesidad del andamio sigue vigente para toda organización que pretenda una construcción sólida para intervenir en la dura y áspera realidad callejera, en el combate de ideas fábrica por fábrica, escuela por escuela, hospital por hospital.
El andamio no se contrapone con las herramientas de difusión comercial innovadoras del mercado de ideas, siempre que éstas últimas estén al servicio de hacer más conocido al andamio. Pero lo que se observa entre las organizaciones de izquierda, políticas y sindicales, es un abandono del viejo andamio, por viejo y por andamio, y su reemplazo por un medio de prensa comercial a la altura de los nuevos desafíos “tecnológicos” del mercado.
Por el contrario, el abandono del andamio hace que las nuevas prensas digitales no hayan aprovechado la tecnología al servicio del andamio como pretendía Lenin, por ejemplo, contribuyendo a una formación cultural de obreros y obreras entrenados en la redacción de informes de la situación política, social y cultural de sus barrios y fábricas, en esa guerrilla de los procesos moleculares que permitiría al mismo tiempo un informe mucho más realista que el que pueden dar las impresiones de las empresas encuestadoras.
No se leen en estos portales publicaciones de trabajadores y trabajadoras que hayan pasado por un proceso de escritura/corrección político-gramatical/aprendizaje de lo que informan.
Como mucho, la nueva prensa electrónica permite dar la palabra a un conjunto enorme de periodistas desempleados que han sido expulsados de las redacciones físicas de los medios comerciales en retirada y plena campaña de reducción de personal y de salarios, como de flexibilización laboral del o la periodista contratado/a.
La crisis del mercado de la prensa comercial es de suma utilidad porque permite una clarificación política de esa confusión homográfica antigua. Cada organización tiene ahora entre sus manos una decisión clara que tomar: "prensa" o "andamio".
Por el bien de las posibilidades organizativas y políticas de una clase obrera que necesita crecer en poder físico antes que virtual, por el bien de las perspectivas de poder reales de la clase obrera y por lo tanto, por el bien de las metas de una sociedad sin explotación ni clases sociales ni opresión de minorías étnicas ni géneros, esperemos que triunfen quienes prefieren los andamios a las prensas.
A menos que la revolución sea, contra toda perspectiva, televisada en vivo por feisbuk.

martes, 28 de febrero de 2017

Madre hay una sola

Desde chiquito tiene la
obsesión,
la madre lo cagó,
a palos, de hambre, 
lo encerraba en el placar.

Aunque no esté más
en cada una la busca,
se enamora, la seduce.

En cada una la busca,
y como no la encuentra,
traga merca.

Falso yeso
que no tapa huecos,
te los abre en la cabeza.

Todo se hace confuso
algunas veces la ve
y se pone a llorar entre sus piernas,
pero también le pega,
se la viola.

Porque 
en cada una 
está
la que busca
castigar.

Parece mentira pero
la quiere matar
#niunamenos grita 
pero no es verdad.

La culpa a ella
y no al sistema.

Lo angustia la que se fue,
porque lo mataba de hambre y a palos
y al final lo abandonó.

"Se merecen eso y peor".

En cada una la busca
para devolverle 
todo su dolor.

Va matando a cada una
para dejar de tomar
pero ya no puede
ni metaforizar.

domingo, 26 de febrero de 2017

Me arrepiento de este amor


Apuntes sobre el amor de transferencia y los violadores  “consensuales”


En los últimos años, a partir de la visibilización de las problemáticas de género y de las expresiones microscópicas de la violencia machista y patriarcal en nuestras relaciones cotidianas, muchas mujeres de la clase obrera y la clase media con acceso a recursos materiales y culturales suficientes (salarios cercanos a la canasta familiar, ingresos provenientes otras fuentes no basadas en el trabajo explotado pero tampoco en la explotación de trabajo ajeno, educación secundaria, terciaria y/o universitaria, conocimientos o relaciones con abogados/as, asistentes sociales, activistas de la lucha de la mujer, etc.) han tomado conciencia de que fueron o son víctimas de violencia machista por parte de varones en quienes habían confiado afectivamente.

En la UBA se multiplican las denuncias contra profesores de diferentes ideologías políticas y diferentes lugares en el entramado político y económico de las academias. En la enseñanza secundaria el abuso de alumnas adolescentes está tan extendido como ocultado. En los niveles primarios e inicial de la educación suelen estallar públicamente, como repudio extendido y justificado de las familias en defensa de sus crías injuriadas y vejadas y como pasto de maléficas campañas en busca de rédito económico.

En el ámbito de la cultura popular, las denuncias contra Aldana sintetizan un cuadro de revisión consciente por parte de las fanáticas de bandas de rock de una idealización muy difundida sobre sus músicos preferidos.

Menos visibles, en las organizaciones de la clase obrera (reformistas, populistas o revolucionarias) se viene desplegando un silencioso pero poderoso proceso de visibilización de prácticas comunes de idealización de dirigentes de diferente rango que culminan en abuso y violencia machista en diferentes niveles.

En su defensa, abusadores y violadores alegan que todo fue consensuado. Si el planteo es inaceptable en el caso de niñas y niños (lo que no quita que haya una defensa “teórica” de la pederastía) cada vez que una adolescente o una joven denuncian a su pareja el cuestionamiento de la víctima parece contar con mayor consenso social.

Entendemos que esto puede deberse a la incomprensión de una forma de amor muy extendida y común, alentada por las industrias culturales que difunden ideología (cine, tele, radios), el amor idealizado o de transferencia. A pesar de ser considerado expresión de un mecanismo inconsciente, pr0vocado por carencias afectivas en la infancia, es una de las formas de amor más difundidas o toleradas en nuestra sociedad y es un campo propicio para un tipo específico de violadores, aquéllos que se encubren bajo un “consenso” falso, se aprovechan del amor de transferencia y del auto-flagelo de las víctimas.

Lo que sigue pretende ser simplemente un aporte para desmitificar esta práctica y ayudar a su erradicación.

Siempre me enamoro de los mismos tarados


Hace poco el Licenciado Hernán Scorofitz publicó en su página de Facebook uno de sus habituales comentarios que buscan esclarecer problemas de la vida cotidiana apelando a una difusión popular (género mal llamado vulgarización científica) de los basamentos de la teoría psicoanalítica. En este caso le apuntaba a un tweet del ilustre neurólogo Dr. Facundo Manes (Quilmes, 1969), académico de la Favaloro y universidades yankees, intelectual orgánico de una avanzada reaccionaria disfrazada de materialismo en el campo cultural macrista.

En el tweet se reduce a una reacción química en nuestro lóbulo frontal, la sensación habitual que sentimos muchos/as individuos cuando amamos, la de que se nos anula el costado racional de nuestra conciencia, operando en automático solamente con el emotivo. Scorofitz subraya con mucho sentido de la dialéctica –y de la polémica sutil- que Manes “olvida” también los factores extra-químicos que operan en dicho proceso y recupera para nosotres las opiniones de Freud sobre los procesos cognitivos y emocionales que sostienen esta sensación de enamoramiento “bobo”.

En “Sobre la dinámica de la transferencia”, de 1912, Sigmund Freud nos ofrece un resumido texto sobre la idealización o transferencia amorosa:

“todo ser humano, por efecto conjugado de sus disposiciones innatas y de los influjos que recibe en su infancia, adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse. Esto da por resultado, digamos así, un clisé (o también varios) que se repite –es reimpreso- de manera regular en la trayectoria de la vida, en la medida en que lo consientan las circunstancias exteriores y la naturaleza de los objetos de amor asequibles, aunque no se mantiene del todo inmutable frente a impresiones recientes. Ahora bien, según lo que hemos averiguado por nuestras experiencias, sólo un sector de esas mociones determinantes de la vida amorosa ha recorrido el pleno desarrollo psíquico; ese sector está vuelto hacia la realidad objetiva, disponible para la personalidad consciente, y constituye una pieza de esta última. Otra parte de esas mociones libidinosas ha sido demorada en el desarrollo, está apartada de la personalidad consciente así como de la realidad objetiva, y sólo tuvo permitido desplegarse en la fantasía o bien ha permanecido por entero en lo inconsciente, siendo entonces no consabida para la consciencia de la personalidad. Y si la necesidad de amor de alguien no está satisfecha de manera exhaustiva por la realidad, él se verá precisado a volcarse con nuevas representaciones-expectativas libidinosas hacia cada nueva persona que aparezca, y es muy probable que las dos porciones de su libido, la susceptible de consciencia y la inconsciente, participen de tal acomodamiento.”

Si no entendí mal explica el origen de esa sensación -tan conocida y angustiante- cuando uno/una se enamora recurrentemente de personas que le hacen daño o mantiene más allá del agotamiento relaciones afectivas negativas. La idealización consistiría en transferirle al otro –u otra- características y virtudes morales, éticas, intelectuales, físicas que la/el enamorada/o considera buenas y que desearía tener. Desearía tenerlas dentro suyo, desearía ser eso que ama en el otro u otra.

Por eso dice el Lic. Scorofitz que Freud considera el amor como un proceso de “engaño” y “autoengaño”. La relación con la histeria estaría dada, si yo no entiendo mal, por la etimología original de la palabra griega, que designaba al proceso de “engaño” operado en la representación teatral por actores y actrices que se disfrazan (originalmente era literal, ya que en el teatro griego y en casi todas las representaciones colectivas rituales de las antiguas sociedades pre estatales existen formas de teatralización basadas en el uso de vestimentas y máscaras) de personas o conceptos que no son.

El amor es ciego


El engaño del amor no necesariamente es a propósito. Todo lo contrario, por lo general es involuntario: lo hacemos sin tener plena conciencia que lo estamos haciendo, hasta que ya estamos enganchados en una relación, nos acercamos lo suficiente al otro, para contrastar nuestras fantasías con la realidad y nos damos cuenta que “no era quien creíamos que era”.

Hay una línea sutil y contradictoria, que sólo se puede determinar “caso por caso”, entre el “auto engaño” y la “estafa”. Por lo general, cuando nos damos cuenta que elegimos a alguien equivocado reaccionamos violentamente contra él o ella, protestando de la estafa como su hubiese sido hecha a propósito para manipularnos en nuestra buena fe. También puede ser que nos enojemos con nosotras/os mismos/as, castigándonos cada vez con mayor crueldad a medida que vamos creciendo y el daño se torna más grave e inexplicable.

Resulta que no tenemos en cuenta si fuimos nosotros/as quienes tomamos un rasgo simbólico de una virtud del otro y construimos rápidamente el personaje que queríamos. Del otro lado, hay que ser muy serios para determinar si la persona de la que nos enamoramos se aprovechó a consciencia de nuestro mecanismo inconsciente de idealización para disfrutar de un falso amor o si también él o ella inconscientemente disfrutaron del enorme placer de ser amado por buenas virtudes que en realidad no poseen del todo, que sólo manifiestan como deseo o proyección de lo que les gustaría ser.

Una reflexión de G. W. Hegel, el filósofo idealista dialéctico que acuñó un texto muy bueno sobre la dialéctica del amo y el esclavo, donde destaca que en las relaciones de opresión, manipulación y explotación las dos partes son co-dependientes entre sí, ya que como decía más modestamente mi mamá, “para un roto siempre hay un descosido”.

En resumen, se juntan dos necesidades: la de quienes deseamos encontrar una persona que nos “complete” en aquellas virtudes personales que deseamos tener y no nos animamos a desarrollar en soledad y la de quienes desean ser reconocidos y premiados con la ternura y el placer sexual por las virtudes que creen personificar.

Así, la persona que ama transfiere –por lo general sin saberlo- virtudes que tiene incompletas, no desarrolladas, o que desea ser, en el otro amado; mientras que el amado disfruta –consciente o inconscientemente- del afecto y placer sexual con el que son beneficiados por esa idealización.

Como vemos, todo depende del grado de madurez emocional y racional que cada individuo tenga en una relación afectiva. Quiero decir, hasta que no tenemos un trabajo serio y sistemático con nosotros/as mismos/as, estamos condenados/as a amar a ciegas, a amar gobernados por mecanismos sicológicos (que tienen una base química y fisiológica también, ojo, esto no es menos importante) que no conocemos ni gobernamos.

Tu amor es puro chamuyo


La Iglesia Católica romana ha sido desenmascarada en las últimas décadas  a medida que sus víctimas lograron encontrarse en los pasillos y rincones mediáticos, reconocerse entre millones de casos como parte de una inocencia y devoción supremas violadas. La fe religiosa es, si se piensa un poco, el caso más claro de idealización y transferencia amorosa sin ninguna prueba material que existe. Roto el encantamiento miles de adultos han comenzado una sistemática denuncia imposible de banalizar o cuestionar.

Pero cuando una mujer “mayor de edad” sale de un proceso de amor inconsciente y denuncia a su pareja -gracias a la proliferación de trabajos de organizaciones feministas desnudando y desnaturalizando prácticas y costumbres que siempre parecieron “naturales” o “normales”- por lo general es atacada y cuestionada. 

Entonces se da este debate terrible, por parte de quienes temen que se propaguen falsas acusaciones que arruinen a víctimas inocentes. El temor a la “caza de brujas” en referencia a los procesos judiciales legales que durante varios siglos promovía la Iglesia Católica y protestante en Occidente y que encubrían intereses materiales de desprestigio social y expropiación de los bienes de las denunciadas y sus familias por parte de los denunciantes.

El problema es mayor, obviamente, para las verdaderas víctimas, que además de haber sido vejadas física y psicológicamente, sus vidas emocionales y materiales seriamente dañadas, deben enfrentar una Justicia que tiende a pararse del lado de los victimarios en defensa del poder masculino y las relaciones de poder patriarcales, que son una de las bases más firmes donde se asienta el poder de explotación de las clases dominantes desde hace cinco mil años.

Nadie que no conozca íntimamente el calvario por el que debe atravesar una mujer que ha sido violada por su pareja constituida, su padre o familiar cercano, su profesor, su responsable político, su músico o artista preferido, sabe o puede deducir abstractamente la segunda violación que sufre ante cada instancia de denuncia y del proceso necesario para la lograr una sanción efectiva que le permita culminar el proceso inverso, el de reconstruir la auto-confianza necesaria para reconstruir la vida que le han dañado.

No se trata sólo de apelar a la conciencia moral de cada quien y llamar a una reflexión automática sobre el lugar de la trinchera donde uno o una debe pararse para analizar “cada caso”. Se trata de llamar a la reflexión sobre situaciones concretas y hechos puntuales donde la responsabilidad del victimario debe ser repudiada sin ningún tipo de ambigüedad.

“No” significa “no”, maldito violador


El Lic. Scorofitz me ha sugerido la lectura de un texto de Sigmund Freud muy esclarecedor “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia”, escrito en 1914 y publicado junto a otros textos en Nuevos conceptos sobre la técnica del psicoanálisis III en 1915 (http://bibliopsi.org/docs/materias/obligatorias/CFP/etica/farina/Freud%20-%20Puntualizaciones%20sobre%20el%20amor%20de%20transferencia.pdf).

Freud toma consciencia el proceso de transferencia e idealización que constató en sus propias experiencias de análisis y en la de otros colegas. Entiende que el “enamoramiento” de una paciente (siempre se refiere a pacientes femeninas y doctores masculinos, aunque confieso que también nos ocurre a pacientes masculinos con doctoras femeninas) debe ser considerado siempre como un producto del tratamiento terapéutico.

El enfoque de Freud me pareció muy acertado por tres razones de equivalente valor. Primero porque tiene la honestidad y el coraje intelectual de señalar y criticar los efectos no deseados que la práctica científica de la que vive generan en sus pacientes; segundo porque, a pesar de compartir un desprecio moral propio de una sociedad hipócrita como la de la aristocracia y burguesía europea victoriana, no ejerce una búsqueda de la verdad del problema basado en esa misma moralina; tercero y coherentemente con los dos anteriores, porque nos ofrece una respuesta ética y moral basada en un criterio científico, en defensa de los intereses de las pacientes y de los objetivos del psicoanálisis como ciencia curativa.

En 1912 Freud consideraba que era normal, común, esperable, que una persona acudiese a terapia buscando una solución al problema de la repetición de búsquedas amorosas sobre la base de construcción de fantasías en el objeto amado, reimprimiese, repitiese los mecanismos que la aquejaban en la relación con su terapeuta. Una transferencia positiva, que el profesional podía desnudar frente a su paciente para poner delante de su conciencia los mecanismos ocultos de su construcción amorosa y de esa forma poder gobernarse.

Pero en 1914 Freud reflexiona sobre otra posibilidad, la de una transferencia negativa. En este caso, la paciente utilizaría el falso enamoramiento y la transferencia sobre su doctor para complicar inconscientemente la relación terapéutica, habiendo llegado al punto donde el sistemático escarvar sobre sus angustias inconscientes genere un dolor insoportable y la necesidad, también lógica, de impedir que el proceso continúe.

Sospecho que Freud estaba preocupado por las denuncias de las familias de mujeres ante casos que terminaron con la consumación de relaciones sexuales con sus analistas. Pero a pesar que repudia moralmente esa consumación, Freud convoca a los terapeutas a rechazar el “regalo” afectivo y/o sexual ofrecido por sus pacientes, no sólo porque daña la moral y la ética de la profesión, mucho menos para satisfacer los intereses de familiares, que muchas veces se agarran de la transferencia para intentar impedir que la cura implique descubrir los mecanismos patológicos de funcionamiento de toda la familia.

En ambos casos, Freud explica con sumo criterio que la aceptación de esta relación afectiva complota contra el objetivo verdadero de la relación: el tratamiento y cura de las neurosis de la paciente. Ella no fue al consultorio buscando amor, sino un tratamiento para sanar o al menos el mejor intento posible. Que se acepte como voluntaria y consciente esta relación afectiva, incluso en el caso que ambos terminen haciendo pública y legal la relación (por medio del casamiento), no deja de complotar contra el tratamiento y la cura.

Después de un análisis técnico sobre las mejores estrategias que puede desarrollar el médico ante la circunstancia de que se produzca un enamoramiento por transferencia de su paciente, viendo las posibilidades y dificultades que tiene para la prosecución de la cura la alternativa de suspender la terapia o de sostener conscientemente ese enamoramiento pero impidiendo que se concrete, cosa de permitir a la paciente “sacar afuera”, “poner delante de sus ojos” lo que ella misma no comprende de su neurosis, Freud no esquiva el bulto ni se hace el sordo, coloca la responsabilidad donde corresponde:

“Para el obrar del médico es decisiva la primera de esas tres propiedades del amor de transferencia que hemos mencionado. Él tendió el señuelo a ese enamoramiento al introducir el tratamiento analítico para curar la neurosis; es, para él, el resultado inevitable de una situación médica, como lo sería el desnudamiento corporal de una enferma o la comunicación de un secreto de importancia vital. Esto le impone la prohibición firme de extraer de ahí una ventaja personal. La condescendencia de la paciente no modifica nada, no hace sino volcar toda la responsabilidad sobre su propia persona.”

Ningún sicólogo puede argumentar, después de 1915, que no abusó de su situación de poder relativo frente a su paciente para aprovecharse de la transferencia en terapia en beneficio de sus deseos emotivos o sexuales personales. En la facultad debe estudiar sobre eso y aún si no lo hiciese, no importa, el sólo hecho de que este texto exista sirve como argumento definitivo en su contra, aunque se entienda su actuación como negligente sigue siendo mala praxis.

¡Hey, teacher, deja de violar a tus alumnas!


¿Cabe alguna consideración empática para el padre que se aprovecha de su natural condición como representante de las ilusiones infantiles de amor incondicional y fraterno para satisfacer sus apetitos sexuales básicos con el cuerpo y la salud psicológica de sus hijas?

¿Alguien puede argumentar con seriedad a favor de los derechos de un adulto varón que se aprovecha de la necesidad de una niña o adolescente de figuras masculinas que le ofrezcan virtudes éticas, morales, afectivas o intelectuales contrapuestas a las de su padre, para satisfacer su propio deseo de afecto y placer sexual?

¿Queda alguna duda que un sacerdote no puede reclamar el derecho al amor sexual consensuado de uno de sus monaguillos cuando es él quien ha despertado y promovido un amor de transferencia guiado por la búsqueda consciente de un bálsamo de afecto al vacío existencial de todo niño o joven que busca en la religión una cura?

La máxima de Freud debería ser sacada de los anaqueles y el polvo de los apuntes en los terciarios y universidades para explicar a los futuros docentes que cuando un profe trabaja en la conciencia de sus alumnos y estudiantes para desbloquear los mecanismos represivos inducidos por la sociedad, desarrollando su confianza y autoestima en la consecución de metas físicas, prácticas e intelectuales propias y cada vez más complejas, también aprieta los botones de la transferencia y la idealización. 

Los alumnos y alumnas, les estudiantes incluso en edades biológicas avanzadas, como bien señala Freud, llevamos al aula los mismos clisés que reimprimimos constantemente en nuestra vida común  como estrategias de enamoramiento.

El docente que se aprovecha de esa transferencia es responsable de aprovecharse de un engaño para conseguir la tan deseada dádiva afectiva o sexual. La única diferencia que deberíamos establecer entre docentes que se aprovechan del amor de transferencia de sus alumnos -sean estos menores o mayores de edad-, es del grado de la infamia.

Porque los profesores secundarios, terciarios y/o universitarios que sostienen y alimentan relaciones afectivas y sexuales con sus estudiantes, de cualquier género, aún cuando sean mayores de 18 o 21, están incurriendo en la misma irresponsabilidad que señala Freud para los sicoanalistas: la moral, desde luego, porque aprovechan una situación de poder relativo (el control de la calificación, el dominio aparente de un saber deseado por el otro, etc.) y la técnica, porque con esa actitud frenan el verdadero objetivo de su trabajo, el de ayudar a que el o la estudiante desarrolle sus propias capacidades sin entender que sólo puede desarrollarlas en comunión íntima con el docente.

Los violines del rock


Cuando Gustavo Cordera defendió la pedofilia argumentando que era de “caretas” desconocer la capacidad racional y autonomía de pensamiento a mujeres de trece años, nunca señaló argumentos para defender su responsabilidad como adulto que es capaz de discernir procesos de transferencia comunes de un amor basado en un dominio racional de la libido.

Porque Cordera y cualquier músico que vende millones de copias de su trabajo y que llena estadios sabe muy bien que trabaja sobre las carencias emocionales que la sociedad burguesa reprime en la juventud. Sabe, o debería saberlo, porque de eso se trata la responsabilidad, que esas masas de jóvenes transfieren inconscientemente las virtudes que sus familias y el Estado les quitan (amor incondicional y generoso, honestidad, libertad y fraternidad) hacia los líderes de manifestaciones culturales que dicen defender esas banderas en público, contra la sanción hipócrita del propio Estado, incluso.

Cordera y los que como Aldana usufructúan las carencias emotivas e ideológicas de una juventud abusada y avasallada, se aprovechan en beneficio propio de banderas libertarias en la política y la sexualidad que fueron forjadas por artistas que comprometieron su cuerpo en una lucha con organizaciones políticas y sindicales en los 60 y 70. Estas basuras bastardean las banderas libertarias del rock. Los fundadores del rock n´roll combativo y contestatario de los 60 y 70 no eran el chamuyo de los farsas pederastas que vemos hoy.

Los pederastas del rock nacional viven de las rentas sexuales que cobran como testaferros de una herencia libertaria hoy desgajada de cualquier movimiento de lucha real de las masas. Del “flower power” que cobraba un significado revolucionario en manos de una juventud que ponía flores en la boca de fusiles; del poder de consigna política que tenía el “cinco a uno” (Five to one en la canción combativa de los Doors) demostrando la fuerza cuantitativa de la generación juvenil en los sesenta frente al raquitismo y anquilosamiento de la generación que controlaba los resortes del poder; nos hemos quedado con un sexo, drogas & rockanroll al servicio de las necesidades de reconocimiento sexual de una banda de músicos descompuestos moralmente, que sólo razonan con sus braguetas y bolsillos.

La justa bandera de libertad sexual que reivindicaron las juventudes revolucionadas en los años 60 y 70 fueron pisoteadas por quienes las privatizaron para uso exclusivo de los machitos del rock y de las organizaciones de izquierda de diferentes tradiciones.

Idealización y abuso en las orgas políticas y sindicales


En el ámbito político y sindical pasa otro tanto. El varón responsable de un equipo de militantes (ni que hablar de los dirigentes de mayores rangos) debería asumir plena conciencia que su actividad promueve y despierta en las compañeras y compañeros novatos/as la lógica admiración por alguien que encarna (al menos en teoría) los valores éticos y morales a los que esta persona ha decidido consagrarles la vida que le roba el trabajo o la crianza de sus hijos/as. No conozco ninguna organización política o sindical de derecha o izquierda que plantee este problema de manera franca, abierta y colectiva.

En el caso de las organizaciones que se plantean un programa opuesto al régimen social de dominación y explotación imperante, lejos de ser más sencillo, el problema toma mayor gravedad. Del mismo modo que entre los grupos que siguen a las bandas musicales más contestatarias, se desarrollan costumbres y formas de sociabilidad no regidas por la moral oficial de la sociedad, que por lo mismo no tienen una legislación o jurisprudencia aceptadas por sus miembros/as, lo que deja librada a una justicia consuetudinaria (basada en las tradiciones y costumbres y no en los libros de derecho) de tipo individual, donde personalidades neuróticas, manipuladores emocionales y violadores que apelan al “consenso” de sus víctimas se hacen un picnic ya que son ellos mismos los portadores de la última palabra ética o moral y por lo tanto quienes tienen la facultad y el poder de juzgar.

No se trata de decirle a sus hijas “no vayas a un recital de rock” o “no milites” “porque te van a abusar”, solución estúpida si se tiene en cuenta que toda la justicia y el derecho oficiales están basadas en el sostenimiento material y moral de los patriarcas manipuladores, acosadores, violadores y femicidas, lejos de ser salvaguarda de sus hijas son los peores encubridores de sus victimarios potenciales.

Se trata de intentar aprovechar el terremoto provocado por el niunamenos en todas las instituciones de la vida social. Con mucha más razón y necesidad entre las filas de aquellas organizaciones voluntarias que pretenden erradicar al machismo y mucho más en aquéllas que buscan erradicarlo por la vía de terminar con su base material, el Estado clasista y patriarcal.

Maquillaje feminista


No alcanza con declamar valores éticos y morales superiores a los de la burguesía en los programas. Como bien señalaba Marx en su crítica al Programa del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán en Gotha, se trata de señalar las iniciativas concretas para derrocar las bases materiales que soportan las actitudes que queremos desterrar.

Llama la atención que las organizaciones que luchan por los derechos de las mujeres en nuestro país, agrupadas en torno al Encuentro Nacional de Mujeres, no hayan todavía planteado una meta de “machismo cero” entre las filas de las propias organizaciones. La promoción de cupos femeninos en listas y cargos parlamentarios se ha demostrado igual de insuficiente que la existencia de cupos femeninos en las direcciones de las organizaciones o de las famosas “Secretarías de Mujer” en los sindicatos.

Dichas secretarías suelen contar con los mismos aportes presupuestarios que el Consejo Nacional de Mujeres del Estado argentino, incluso allí donde existen. Las políticas de protección de las afiliadas de las actitudes de machismo dentro del sindicato o en los lugares de trabajo son francamente irrisorias. En CTERA, para ofrecer un ejemplo del gremio al que pertenezco, no se promueve una sola iniciativa para frenar el enorme abuso sexual que existe en las escuelas y ministerios contra maestras, profes y preceptoras. Todo lo contrario, campean las secretarias de mujer que ofrecen salidas “decorosas” para situaciones “delicadas”, aconsejando a las denunciantes cambiar de escuela antes que la denuncia y el sumario.

Faccionalismo y burocratismo encubren al machismo


Se oye mucho hablar de “protocolos” pero lo que se necesitan son iniciativas concretas y no declamaciones formales. La mayoría de las denuncias por violencia machista son encapsuladas al interior de las organizaciones políticas y sindicales de todo tipo para proteger a la organización de los ataques desleales y facciosos de adversarios y enemigos.

Las campañas en las redes de parte de organizaciones de todo color político que buscan desprestigiar a todo un colectivo por situaciones individuales de sus miembros más o menos destacados, no contribuyen un ápice a que esos organismos atacados deslealmente desarrollen mecanismos para erradicar la violencia machista en sus filas. Todo lo contrario, generan una reacción natural de bloqueo y auto-negación.

A las compañeras que han decidido construir partidos, agrupamientos o sindicatos en función de tal o cual objetivo colectivo no les parece grato o atractivo que se destruya esa organización. En la mayoría de los casos que han tomado publicidad no se las escucha pedir la abolición del rock o de las organizaciones que construyen o construyeron.

Del otro lado, cuando estas organizaciones son atacadas con deslealtad egoísta por los intereses electorales mezquinos de las organizaciones atacantes, sus integrantes tienden rápidamente a minimizar la existencia de situaciones graves de violencia machista en su interior, anatemizando a les críticos/as honestos y lo que es supinamente peor, a sus propias compañeras denunciantes, con acusaciones de faccionalismo o de “feminismo falopa”.

Promueven de esa forma un aislamiento social que opera intensificando los desgarros de la violación original, frustrando la ilusión de las víctimas que descuentan la solidaridad incondicional y automática de la organización donde militan. Todavía más, bloquean la posibilidad de desarrollar el debate y las iniciativas necesarias para erradicar de una vez para siempre el machismo latente en mayor o menor medida en sus organizaciones.

Empieza por casa: tolerancia cero al machismo


El Estado es el principal promotor, garante, juez y gendarme que sostiene la violencia machista en nuestra sociedad. Por eso mismo todes nosotres estamos formateados muy profundo en nuestro inconsciente en la repetición de prácticas machistas. Pero una vez que las heridas del trauma han puesto lo oculto en evidencia, ya es responsabilidad consciente de nuestra parte hacer todo lo posible para corregir lo que esté en nuestras manos corregir.

Los teóricos de la dictadura del proletariado defendían la idea muy sugerente de que los partidos políticos de la clase obrera debían funcionar como escuelas donde la propia clase se entrenase en las funciones de todo tipo que debía asumir cuando, de concretarse exitosamente el deseo de la toma del poder, le tocase gobernar y dirigir una sociedad.

¿Sería demasiado osado y audaz que los partidos obreros socialistas se autoimpusieran puertas adentro lo que exigen del Estado?

Concretamente, organismos autónomos constituidos por mujeres elegidas por sus propias compañeras que cuenten con los recursos materiales necesarios (dentro de las posibilidades reales de cada organización) para recibir denuncias de violencia de género en sus propias filas, desplegar investigaciones que - orientadas por los intereses de las víctimas- discriminen entre reales y falsas, y propongan al resto de la organización las sanciones que correspondan y los recursos a su alcance para ayudar a las víctimas en su proceso de recuperación física y psicológica.

Este es mi aporte. Ustedes lo juzgarán como deseen.

El grito de las esclavas de la tierra ha retumbado otra vez.

Quien quiera oírlo, que actúe, sin miedo, sin falsas fantasías o temores, que elija de qué lado de la línea se va a poner, contra los violadores o contra las víctimas.

Y que cada quien asuma las consecuencias de su decisión consciente. En esta batalla no hay lugar para inconscientes.